La UE relaja requisitos de emisiones a camiones y autobuses en 2030, pero mantiene los objetivos de 2040

Tras la aprobación oficial de estándares más flexibles, los fabricantes de vehículos pesados contarán con reglas menos exigentes para contabilizar créditos de reducción de contaminantes en la próxima década, aunque el objetivo del 90% para 2040 permanece intacto

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El Consejo de la Unión Europea subraya en un comunicado que la reciente reforma aprobada busca dar respuesta a los “desafíos estructurales” del sector de vehículos pesados, dos de los más relevantes son la falta de una red suficiente de puntos de recarga y la necesidad de adaptar la industria a los nuevos requisitos tecnológicos. A pesar de los cambios, sigue vigente el compromiso de lograr reducir en un 90% las emisiones de gases contaminantes procedentes de camiones y autobuses para el año 2040. Según informó el medio, el ajuste en la normativa responde tanto a la realidad actual del parque automotor como al objetivo de garantizar una transición ordenada hacia estándares más estrictos.

Tal como publicó la fuente original, la Unión Europea formalizó la incorporación de estándares más flexibles para los fabricantes de vehículos pesados de cara a 2030. Esta decisión, que entrará en vigor 20 días después de su publicación en el Diario Oficial de la UE, afecta directamente a fabricantes de camiones, autobuses y autocares. Esto supone que, en la siguiente década, las empresas del sector podrán beneficiarse de nuevas reglas para el cálculo y la acumulación de créditos de reducción de contaminantes. El objetivo intermedio de reducción del 43% para el año 2030 se mantiene, aunque con normas menos exigentes para el registro de avances en ese período.

La modificación propuesta por la Comisión Europea en diciembre del año pasado y ratificada por el Consejo y el Parlamento Europeo introduce un sistema que permite a los fabricantes acumular créditos de emisiones entre 2025 y 2029 si consiguen mantener las emisiones de sus flotas por debajo de sus respectivos objetivos anuales individuales, en vez de someterse a una trayectoria de reducción lineal fijada previamente. Así, las compañías podrán registrar mayores volúmenes de créditos en la primera mitad del próximo decenio, siempre y cuando mantengan su mejora relativa frente a los puntos de referencia particulares definidos por la normativa.

El medio informó que este esquema será de aplicación para todos los vehículos pesados nuevos, excluyendo de forma específica a los autobuses urbanos. La razón de esta excepción radica en que el despliegue de modelos de cero emisiones en el transporte público de ciudades ya se encuentra avanzado y depende en menor medida de la infraestructura de recarga en autopistas de larga distancia, al contrario de lo que ocurre con camiones y autocares de largo recorrido.

De acuerdo con la información publicada, el sector del transporte pesado representa más del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas del transporte por carretera en la Unión Europea. Por ello, cualquier cambio en las obligaciones ambientales para estos vehículos tiene un impacto medible en la estrategia climática del bloque. La reforma busca equilibrar la protección ambiental con la viabilidad industrial, al reconocer que la lenta implantación de infraestructuras de recarga pública limita la capacidad de renovación acelerada de las flotas. Para demostrar el cumplimiento de los objetivos, los fabricantes seguirán dependiendo de un sistema de créditos, que ahora contará con pautas más flexibles durante el primer tramo del periodo regulatorio.

El documento emitido por el Consejo de la Unión Europea sostiene que la enmienda no diluye la ambición climática establecida a largo plazo y pretende apoyar una migración ordenada y progresiva hacia la movilidad de cero emisiones. El texto recuerda que los objetivos generales de reducción de emisiones se mantienen, con una meta inicial del 15% a partir de 2025, el salto al 43% en el horizonte de 2030 y el objetivo final de 90% menos gases de efecto invernadero en 2040 en comparación con los niveles actuales.

Según consignó la fuente, la acción de la UE responde a la presión de los fabricantes y los gobiernos por adaptar las exigencias técnicas a la realidad de infraestructuras y mercados. La renuncia temporal a una senda estrictamente lineal en los recortes permitiría a las empresas europeas planificar inversiones y desarrollar nuevas tecnologías con mayor margen de maniobra antes del ejercicio 2030. Entre tanto, la Unión Europea se mantiene alerta ante el avance tecnológico y los cambios en la estructura del transporte, siempre con la meta de compatibilizar industria, transición energética y estándares de calidad del aire para la población.