El 'proyecto del Nobel' Muhammad Yunus en Bangladés cierra con luces y sombras

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Moudud Ahmmed Sujan

Daca, 13 feb (EFE).- Muhammad Yunus, reconocido en 2006 con el premio Nobel de la Paz, llegó al fin de su "experimento Nobel" en Bangladés con unos resultados electorales que devuelven el país a la política civil, tras dirigir un Gobierno de transición dieciocho meses marcados por luces y sombras, el encarcelamiento de rivales políticos y una reforma del Estado que muchos consideran fallida.

El "economista de los pobres" logró evitar el colapso total del Estado tras la huida de la exmandataria Sheikh Hasina en agosto de 2024, y su prestigio internacional permitió que los donantes y organismos de crédito volvieran a confiar en la economía del país evitando una quiebra que parecía inevitable en el momento de su llegada.

Sin embargo, su gobierno ha sido criticado en ocasiones por recurrir a las mismas tácticas de mano dura que prometió erradicar, la ilegalización de la Liga Awami, el partido de la exmandataria, y la detención de miles de sus cuadros bajo acusaciones de crímenes contra la humanidad.

El caso de Yunus engrosa una lista de líderes que intentaron trasladar la autoridad moral de Oslo a la gestión directa de estados en descomposición.

La historia reciente confirma que el galardón de la paz suele naufragar ante el pragmatismo feroz y las demandas de mano dura en las crisis nacionales.

Figuras como la birmana Aung San Suu Kyi o el colombiano Juan Manuel Santos dejaron legados que muestran que el prestigio internacional no es un escudo contra la erosión política interna.

Incluso en el panorama actual el premio se ha convertido en un trofeo de validación para líderes como el presidente estadounidense, Donald Trump, quien busca en la medalla un sello de legitimidad para su diplomacia transaccional.

La analista política Dilara Choudhury señaló a EFE que las expectativas iniciales de Yunus se desvanecieron ante la resistencia del aparato estatal.

"Esperábamos un cambio estructural, particularmente para frenar el dominio de la burocracia. Pero el gobierno enfrentó una resistencia institucional profunda y contó con un tiempo limitado", explicó.

Para los críticos, el gobierno técnico de Yunus no eliminó el autoritarismo, sino que cambió su dirección. El vacío dejado por la proscripción de la Liga Awami llenado con un control estricto que, según denuncias de organismos locales, mantuvo las cárceles llenas de opositores sin garantías judiciales claras.

Uno de los puntos más álgidos de su legado es la condena a muerte dictada contra Sheikh Hasina por el Tribunal de Crímenes Internacionales, un órgano reactivado bajo su mandato para juzgar la represión del anterior régimen.

A pesar de que Yunus defendió el tribunal como una herramienta necesaria para la rendición de cuentas, el proceso ha estado rodeado de críticas por la falta de garantías procesales y su aparente politización, lo que para diversos observadores internacionales ha convertido esta sentencia en un acto de justicia sumaria bajo el sello de un Nobel de la Paz.

Otro de los hitos de su gestión fue la creación de comisiones para investigar las desapariciones forzosas del régimen anterior. Mubashar Hasan, académico que sufrió estas prácticas bajo Hasina, reconoció a EFE el valor de este paso.

"La comisión estableció que las desapariciones ocurrieron, algo crucial para cualquier proceso futuro de rendición de cuentas", afirmó.

Sin embargo, el propio Hasan matizó que el proceso debió ser más participativo. A esta crítica se suma el hecho de que, mientras se investigaban los abusos del pasado, el país vivía bajo el mando de Yunus episodios de violencia de turbas y una parálisis en la reforma policial que dejó amplias zonas del país en un limbo de seguridad.

La economía tampoco ofreció el alivio esperado, porque aunque se evitaron quiebras masivas, la inversión extranjera se mantuvo congelada y el desempleo juvenil, el detonante de la revolución que lo llevó al poder, siguió provocando protestas que el Nobel tuvo que gestionar mediante el despliegue del Ejército.

Yunus abandona el poder habiendo cumplido el encargo técnico de celebrar elecciones, pero su "proyecto Nobel" deja una democracia tutelada y una sociedad dividida.

Su salida marca el fin de un experimento intelectual que planteó que gobernar un país fracturado requiere algo más que prestigio internacional, y que dieciocho meses después, ha quedado a medio camino entre la reforma y la represión. EFE