Irene Rosales, más fría que nunca, se mantiene en silencio ante su distanciamiento de Kiko Rivera

Mientras crecen las especulaciones en torno a la tensión entre ambos, la exmujer del dj rehúye cualquier declaración sobre las recientes disputas, desmarcándose de la controversia y el revuelo generado por la irrupción de una nueva figura en la familia

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Durante una reciente transmisión en directo en la plataforma TikTok, un usuario le sugirió a Kiko Rivera que había cambiado “un Ferrari por un Twingo”, refiriéndose a la comparación popularizada por Shakira en relación con su expareja Gerard Piqué y la actual pareja de este, haciendo alusión directa a Irene Rosales y Lola García. A pesar de la repercusión alcanzada por este comentario y de la expectación que ha generado entre los seguidores de ambos protagonistas, la reacción de Irene Rosales ha sido una de absoluto silencio. La influencer decidió no responder ni hacer alusión alguna al tema, evitando así prolongar el enfrentamiento público con su exmarido.

Según reportó la revista Lecturas, la aparente cordialidad que había caracterizado la relación entre Irene Rosales y Kiko Rivera tras su separación en agosto de 2021—tras once años juntos y dos hijas en común—ha desaparecido con la llegada de Lola García a la vida del DJ. La mencionada publicación detalló que, en enero, ambos mantuvieron una discusión telefónica originada por la petición de Rivera de que la bailaora pudiera recoger a sus hijas en el colegio. Rosales se habría negado tajantemente y tras la conversación, según Lecturas, habría colgado el teléfono tras advertir posibles acciones legales.

El medio Semana informó sobre un episodio posterior ocurrido durante el cumpleaños de la hija menor de la expareja, Carlota. Ambos padres coincidieron a las puertas del centro escolar pero, según consignó la revista, no hubo intercambio de palabra alguno entre ellos, confirmando la tensión en la relación. Este hecho evidenció la distancia que mantienen actualmente, pese a que el bienestar de sus hijas las obliga a mantener cierto contacto.

El distanciamiento resulta notorio si se compara con épocas anteriores, según publicó el medio citado, en las que Irene Rosales no ocultaba la felicidad y tranquilidad encontradas junto a su actual pareja, Guillermo. Tras la mediática separación con Rivera, la influencer mostró un estado de ánimo renovado y compartía regularmente ante las cámaras la etapa personal que atravesaba. El medio Lecturas resaltó que el empresario, dedicado al negocio del césped artificial, fue crucial en su recuperación emocional luego del divorcio.

La irrupción de Lola García en el círculo familiar ha significado un cambio en el trato entre los miembros de la expareja. Tal como enfatizó Lecturas, la petición de Rivera para que García recogiera a las niñas marcó un antes y un después en la relación. Rosales se habría mostrado firme en proteger a sus hijas y mantener la privacidad familiar, postura que se tradujo en la negativa rotunda a la solicitud del DJ.

Diversos seguimientos mediáticos, según Semana y Lecturas, han mostrado las consecuencias públicas de estos desencuentros. La decisión de Rosales de optar por el silencio ante comentarios y especulaciones, como el realizado en TikTok, forma parte de una estrategia de autoprotección—consignó Lecturas—, evitando así contribuir al aumento de la controversia mediática en la que se ha visto envuelta la familia desde la separación.

Las informaciones apuntan también a que la relación entre Irene y Kiko, que durante un tiempo se mantuvo en parámetros de cordialidad por el bienestar de las hijas que comparten, enfrenta actualmente un periodo de enfriamiento marcado por desacuerdos y disputas en torno a la custodia y las dinámicas familiares. La ausencia de declaraciones públicas por parte de Rosales refuerza, según Semana, la percepción de un distanciamiento definitivo y la prioridad que la influencer otorga a la discreción y la tranquilidad de su entorno más cercano.

El seguimiento mediático de la situación se ha visto alimentado por la persistencia de rumores y la atención que suscita cada movimiento en las redes sociales de ambos protagonistas, detalló Lecturas. Por el momento, la expareja mantiene sus posiciones: Rivera se muestra receptivo a la participación de su nueva pareja en la vida cotidiana de sus hijas, mientras Rosales promueve una separación más estricta de los entornos más próximos a sus hijas.