Ahmad Awad y Patricia Martínez
Mawasi (Gaza)/Jerusalén, 11 feb (EFE).- Palestinos que retornan estos días a Gaza tras la reapertura del cruce de Rafah con Egipto denuncian vejaciones, interrogatorios y presiones por parte de Israel para que no regresen; así como la requisa de todas sus posesiones -móviles, juguetes y medicamentos- en una inspección con apoyo de la Unión Europea.
El pasado 2 de febrero, tras la toma militar del sur de Gaza en mayo de 2024, Israel permitió de nuevo el tránsito de personas a través de Rafah: la única salida o entrada al enclave desde otro país que no sea Israel, en este caso Egipto.
Desde entonces, y pese a la estimación de la Organización Mundial de la Salud de que más de 18.000 gazatíes requieren una evacuación médica, tan solo unos 280 -entre enfermos y acompañantes- han podido salir el enclave, mientras que alrededor de 230 han regresado, según cifras de la Media Luna Roja y fuentes locales a EFE.
La gazatí Sabah Ismail, hoy rodeada de tiendas para personas desplazados en Al Mawasi (sur de Gaza) fue de las primeras en volver. Lo hizo el 2 de febrero, junto a otros once palestinos. Su microbús fue el único que logró acceder a Gaza.
La joven relata a EFE un proceso largo y humillante, que puede extenderse durante un día entero pese a tratarse de una distancia de 15km: desde el cruce de Rafah hasta el Hospital gazatí Naser, en Jan Yunis.
Como el resto, Ismail recibió un aviso de la Embajada palestina en El Cairo para que se presentara sobre las 3.00 de la madrugada en la ciudad costera egipcia de El Arish. Una vez allí, y tras más de tres horas de espera, un autobús les condujo al cruce de Rafah.
"Llegamos alrededor de las 7:45. Nos recibió la delegación egipcia junto con (personal de) la Cruz Roja", detalla Ismail. Los primeros, les inspeccionaron. Los segundos, dice, les regalaron dulces y flores.
"El lado egipcio estaba bien organizado y todo se resolvió en menos de dos horas. El problema fue del lado palestino (ya dentro de Gaza). Cuando abrieron la puerta, seguimos allí hasta el atardecer" explica.
Tras cruzar la frontera, los retornados llegan a un puesto de control gestionado por la Autoridad Palestina junto a la EUBAM (la Misión de Asistencia Fronteriza de la Unión Europea). Allí, son sometidos a un control biométrico y obligados a deshacerse de casi todas sus posesiones.
Después, son transportados en autobús a una tercera inspección a manos de los milicianos de Abu Shabab, un grupo palestino respaldado por Israel que mantiene un punto de control en Rafah. Allí, los retornados y la ONU han denunciado interrogatorios y amenazas.
Estos milicianos son quienes escoltan a los gazatíes hasta otro puesto militar del Ejército israelí -conocido como Regavim-, donde son interrogados, en ocasiones durante horas, de forma individual.
Para Ismail, aquí empezó el horror. Las fuerzas israelíes le vendaron los ojos y la esposaron, además de quitarle el chal que llevaba pese al frío. "Me rociaron con agua y luego comenzaron a interrogarme", detalla.
Le preguntaron para qué quería volver a una Gaza en ruinas, por qué no emigraba con sus hijas, e incluso le ofrecieron "casa y dinero" si lo hacía.
"¿Qué te parece si te sacamos ahora mismo, gratis?", le dijeron los israelíes. Les repitió que no, y entonces la amenazaron: "Bien, te arrestamos y nadie sabrá nada de ti".
Preguntado por EFE, el Ejército israelí negó en un comunicado "incidentes de conducta inapropiada, malos tratos, detenciones o confiscación de bienes", y aseguró que el "control exhaustivo del equipaje" está sujeto a "una política de seguridad previamente coordinada con Egipto y la EUBAM, y de conformidad con el derecho internacional".
El pasado 5 de febrero, la Oficina de la ONU en los Territorios Palestinos Ocupados denunció, citando testimonios, "un patrón persistente de malos tratos, abusos y humillaciones por parte de las fuerzas militares israelíes" y de las milicias que las apoyan.
Gazatíes dijeron haber sido escoltados por palestinos armados -presumiblemente de Abu Shabab- que, en ocasiones, les esposaron, vendaron los ojos, intimidaron y les robaron pertenencias y dinero, detalla el informe.
Además, otros testimonios corroboraron "interrogatorios degradantes" a manos de soldados israelíes, la prohibición de usar los baños y el verse forzados a orinar en público, o el ofrecimiento de dinero para que abandonen Gaza.
La palestina Rotana Atiya Mohamed al Rigueb recuerda con nitidez las cámaras y el alambre de púas que coronan el puesto de control militar israelí. Esa sensación, narra a EFE, de cruzar a un lugar "ocupado, controlado" tras meses recibiendo tratamiento en Egipto, alejada de sus cuatro hijos.
El personal de la UE le requisó casi todo lo que llevaba: desde medicamentos que sabe no quedan en Gaza, hasta juguetes para sus hijos o móviles nuevos. "No nos permitieron llevar nada de eso; solo una bolsa de ropa", describe Rigueb, de 31 años.
En el puesto israelí, los militares llamaron a su madre y se la llevaron. Más tarde, en habitaciones separadas, la interrogaron a ella con manos atadas y ojos vendados. Dice que los soldados la amenazaron con la cárcel y con quitarle a sus hijos para siempre.
Pese al miedo, esta madre insiste en que cualquiera que quiera regresar a Gaza, debe hacerlo. "Nosotros, como ciudadanos palestinos, queremos regresar a nuestra tierra. Queremos abrazar nuestra patria, queremos abrazar a nuestros hijos", asegura.
"Nadie puede detenernos". EFE
(vídeo)(foto)
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