Redacción Ciencia, 21 ene (EFE).- La depresión de Afar, en Etiopía, ha proporcionado algunos de los fósiles más importantes de la evolución humana, como el Homo más antiguo encontrado hasta la fecha -una mandíbula de 2,8 millones de años- o Lucy, una Australopithecus afarensis, de hace unos 3,5 millones de años.
En la región vivieron más de una docena de especies: Ardipithecus (hace más de 4 millones de años), Homo y dos tipos de Australopithecus (Au.arhi y Au.deyiremeda) pero nunca se habían encontrado restos del género Paranthropus, un hominino muy singular del que se han descubierto fósiles desde el sur de Etiopía hasta Sudáfrica pero no en Afar ni en el noreste del continente africano.
Ahora, un estudio dirigido por Zeresenay Alemseged, de la Universidad de Chicago, y publicado este miércoles en Nature, anuncia el hallazgo de los restos de una mandíbula de Parántropo de 2,6 millones de años en la zona de Mille-Logya, en Afar, que es además uno de los más antiguos descubiertos hasta la fecha.
El hallazgo, que añade una nueva especie al ingente registro fósil de Afar, no solo confirma la riqueza ecológica de la región durante el Plioceno sino que ofrece nueva información sobre cuándo y dónde existieron los Paranthropus, unos homininos bípedos con grandes molares de hasta dos centímetros de diámetro y distintivas crestas óseas en sus cráneos que anclaban unos poderosos músculos masticatorios.
En Afar se han encontrado fósiles de más de una docena de especies "por lo que la ausencia de Paranthropus era desconcertante para los paleontólogos, muchos de los cuales habían llegado a la conclusión de que simplemente nunca llegaron tan al norte", explica Alemseged.
Como explicación, basándose en la anatomía de la boca de los Paranthropus, "algunos expertos sugerían que la especialización alimentaria restringía al Paranthropus a las regiones meridionales, y otros planteaban la hipótesis de que esto podría haber sido el resultado de la incapacidad del Paranthropus para competir con el Homo, más versátil", añade.
Pero ninguna de las dos cosas era cierta: "el Paranthropus estaba tan extendido y era tan versátil como el Homo, y no fue necesariamente superado por este", sino que "era capaz de romper algo más que nueces", subraya el investigador.
Para Alemseged, "este descubrimiento es mucho más que una simple instantánea de la presencia del Paranthropus: arroja nueva luz sobre las fuerzas impulsoras detrás de la evolución del género".
"Si queremos comprender nuestra propia trayectoria evolutiva como género y especie, necesitamos comprender los factores ambientales, ecológicos y competitivos que moldearon nuestra evolución", concluye.
"Afar es probablemente el lugar del planeta con más documentación de la evolución humana porque aunque hoy es un lugar desértico, en el pasado fue rico en fauna y homininos", comenta a EFE el paleontólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC de Madrid, Antonio Rosas.
"En Afar, donde se han encontrado Ardipithecus, varias especies de Australopithecus y lo que algunos consideran que son los primeros representantes del género Homo y formas posteriores, era un enigma que no hubiera Parántropos".
Algunos justificaban esta ausencia con el argumento de que "la especialización de los parántropos no encajaba con el ecosistema de la región" pero el hallazgo de este fósil demuestra que esta interpretación era errónea, destaca Rosas.
Para defender este punto de vista -añade Rosas- se basaba en la anatomía de los parántropos porque estos homínidos llamados "cascanueces" tenían una anatomía craneofacial muy singular, con grandes molares y mandíbulas muy desarrolladas, unas características que les llevaron a pensar que esta especie tenía un nicho alimentario muy especializado y reducido.
"A mí esta explicación siempre me ha parecido un poco pobre. El hecho de que aparezca ahora en ecosistemas más lluviosos y húmedos abre la posibilidad de que su nicho ecológico y su alimentación no fueran tan restrictivos", subraya Rosas.
El descubrimiento de la mandíbula mucho más al norte de la distribución de los parántropos, no solo expande su rango geográfico y ecológico, sino que, como refleja el registro fósil, coexistieron con al menos dos especies de Australophitecus y con los primeros representantes del género Homo, es decir, hubo "cuatro especies en una misma región geográfica", destaca Rosas a EFE.
Además, el hallazgo revela que los parántropos podían vivir en ecosistemas más lluviosos y húmedos y que, por tanto, su alimentación no era tan restrictiva como se había pensado.
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