
La declaración conjunta de los cancilleres de Dinamarca y de otros siete países europeos recalcó que ninguno de ellos representa una amenaza para Estados Unidos ni pretende exacerbar la situación en torno a Groenlandia, en respuesta a la decisión estadounidense de aumentar aranceles a sus exportaciones. Según informó Europa Press, los ministros se pronunciaron tras conocer el anuncio de la Casa Blanca sobre la imposición, desde el 1 de febrero, de un gravamen adicional del 10% a productos importados desde ocho países europeos, como represalia a su implicación en ejercicios militares en territorio groenlandés.
La medida estadounidense, que permanecerá vigente mientras se desarrolla el proceso de posible "adquisición" de Groenlandia por Washington, generó una reacción inmediata en el ámbito diplomático europeo. El medio Europa Press detalló que los países afectados consideran que la escalada arancelaria podría desencadenar una serie de represalias mutuas sin ganadores claros, ante el riesgo de una disputa comercial de mayores proporciones. El anuncio tomó forma luego de unas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien enfatizó la intención de alejar la supuesta “amenaza rusa” de la isla ártica. Trump expresó que la OTAN lleva dos décadas solicitando a Dinamarca incrementar su respuesta ante la influencia de Moscú en Groenlandia y agregó: “Lamentablemente, Dinamarca no ha podido hacer nada al respecto. Ha llegado el momento y se hará”, publicó el mandatario en su cuenta de Truth Social, según recogió Europa Press.
En este contexto, la administración estadounidense vinculó de manera explícita la nueva política comercial con los intereses estratégicos sobre el territorio groenlandés. Europa Press reportó que la Casa Blanca justificó la imposición de las nuevas tasas como una reacción a la reciente participación de países europeos en maniobras militares realizadas en Groenlandia, acción interpretada por Washington como una intervención que contraviene sus objetivos respecto a la isla. Funcionarios estadounidenses señalaron que los aranceles buscan también presionar a los países europeos a alinearse con su visión de seguridad en el Ártico.
Al mismo tiempo, autoridades y diplomáticos europeos destacaron su preocupación por el deterioro del diálogo bilateral y advirtieron acerca de las consecuencias económicas sobre industrias clave del continente. Según consignó Europa Press, líderes de la Unión Europea mantienen consultas con el fin de elaborar una respuesta coordinada frente a las acciones de la administración Trump, anticipando que los nuevos aranceles podrían impactar a sectores estratégicos como la automoción, productos agrícolas y bienes manufacturados. Los representantes europeos instaron al gobierno estadounidense a revertir la medida y optar por la negociación, rechazando, además, cualquier noción de que la OTAN u otros foros multilaterales hayan solicitado operaciones ofensivas contra una hipotética influencia rusa en Groenlandia.
Dentro del calendario diplomático, Europa Press informó que, tras las reuniones de embajadores y ministros convocadas de urgencia, la Unión Europea programará en los próximos días una cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de gobierno de los 27 países miembro. El objetivo será analizar la crisis política y comercial provocada por la postura estadounidense sobre Groenlandia, así como diseñar estrategias para evitar una escalada mayor en la relación transatlántica. Europa Press agregó que las capitales europeas evalúan tanto medidas reactivas en el ámbito comercial como nuevos instrumentos diplomáticos para gestionar el conflicto.
En paralelo, desde Copenhague el gobierno danés reiteró la soberanía danesa sobre Groenlandia y rechazó la idea de que la isla pueda convertirse en objeto de una transacción internacional. El medio Europa Press subrayó que la defensa de la autonomía de Groenlandia y la integridad territorial figura en el centro de la postura europea, descartando cualquier cesión o venta del territorio a Estados Unidos. El episodio ha revitalizado el debate en Europa sobre la seguridad en el Ártico y la función futura de la OTAN, al tiempo que añade presión sobre el entramado diplomático, comercial y militar existente entre Washington y los países europeos.