
La investigación efectuada por la Universidad de Arkansas determinó que, aunque las pautas de tratamiento habituales para la anorexia nerviosa priorizan la recuperación del peso, este criterio podría no reflejar el restablecimiento integral de la salud muscular. Tal como expuso el medio Journal of Nutritional Physiology, el estudio comprobó que la funcionalidad muscular puede seguir alterada aun cuando se alcance el índice de masa corporal considerado adecuado.
Según publicó Journal of Nutritional Physiology, el trabajo liderado por la profesora adjunta Megan Rosa-Caldwell abordó el efecto de la anorexia nerviosa sobre el deterioro muscular persistente, incluso en fases en las que los pacientes recuperan el peso perdido. La anorexia nerviosa, catalogada como un trastorno psiquiátrico, implica tanto miedo a aumentar de peso como limitación drástica de la ingesta calórica, situando a quienes la padecen en una situación de riesgo físico. Afecta aproximadamente entre el 1 y el 4 por ciento de las mujeres y, según datos consignados por la fuente, multiplica por tres el riesgo de muerte prematura respecto a personas que nunca la han presentado.
El análisis de los investigadores se centró en comprobar si el restablecimiento ponderal es una señal fiable de normalización de la salud muscular. De acuerdo con la publicación del Journal of Nutritional Physiology, el estudio realizó experimentos en ratas jóvenes para reflejar el inicio temprano de la enfermedad en humanos. Estos animales, con una edad comparable en desarrollo a la etapa adolescente, se sometieron a una dieta con restricción calórica durante 30 días. Tras este periodo, los investigadores dividieron los grupos para observar su evolución durante lapsos de recuperación de cinco, quince y treinta días, en los que los roedores pudieron alimentarse sin restricciones.
El período de recuperación de cinco y quince días sirvió como equivalente a unos cinco y quince meses en humanos, similar a la duración habitual de tratamientos hospitalarios y ambulatorios. El grupo de treinta días buscó simular hasta dos o tres años posteriores a la recuperación en personas, asumiendo la diferencia en esperanza de vida entre ratas y humanos. Los investigadores midieron variables como la masa muscular, la fuerza y la capacidad de síntesis de proteínas.
El medio Journal of Nutritional Physiology reportó que, tras el tratamiento inicial y en todos los periodos de seguimiento, las ratas presentaban una reducción de aproximadamente un 20 por ciento en el volumen de sus músculos y pérdida de fuerza asociada. Esta atrofia y debilidad no se alteraron de forma significativa durante los dos primeros periodos de recuperación. Incluso después de treinta días, cuando los animales ya habían alcanzado el peso de los ejemplares sanos del grupo control, la calidad muscular global seguía comprometida. En consecuencia, la fuerza relativa por cada unidad de masa muscular disminuyó de manera universal en los animales previamente sometidos a restricción.
Los investigadores también observaron alteraciones en las señales moleculares responsables de la síntesis proteica, lo que sugiere un funcionamiento atenuado de las rutas anabólicas incluso tras una larga recuperación. "Las cascadas de señalización anabólica parecen estar atenuadas tras la recuperación a largo plazo de la anorexia nerviosa", explicaron los autores, citados por el Journal of Nutritional Physiology.
Megan Rosa-Caldwell, en declaraciones recogidas por Journal of Nutritional Physiology, señaló que estos resultados llevan a reevaluar el criterio convencional de que la recuperación ponderal implica una restauración completa. "Las complicaciones musculoesqueléticas probablemente persisten durante más tiempo del que se suele pensar y deberían tenerse en cuenta a la hora de plantear el tratamiento de estas personas", afirmó la especialista, quien precisó que los modelos animales proporcionan información útil aunque limitada, ya que en los seres humanos el curso de la anorexia nerviosa puede presentar complicaciones adicionales, como la influencia de problemas de percepción corporal o recaídas recurrentes.
El medio Journal of Nutritional Physiology detalló que en los ensayos clínicos la recuperación suele definirse como la superación de un índice de masa corporal de 18,5, o el conseguir al menos el 95 por ciento del valor estándar esperado para la edad. En la práctica clínica, alcanzar un peso superior al umbral de bajo peso suele ser suficiente para suspender la atención médica intensiva. No obstante, los resultados de este estudio cuestionan si este parámetro, que tradicionalmente ha marcado el éxito terapéutico, refleja la recuperación del sistema musculoesquelético.
La dimensión física de la anorexia nerviosa no sólo implica una reducción en los porcentajes de grasa corporal, sino que también induce una disminución del veinte al treinta por ciento en tamaño y fuerza del músculo esquelético, factores clave para la calidad de vida y capacidades cotidianas como levantar objetos o cuidar de otras personas. De acuerdo con Rosa-Caldwell, citada por Journal of Nutritional Physiology, si bien las conclusiones directas en humanos requieren más investigación, estas alteraciones podrían ser incluso más severas en personas afectadas por anorexia nerviosa, ya que los animales no presentan los condicionantes psicológicos asociados al trastorno y sus recaídas.
En la población humana, la recuperación suele ser un proceso largo y complejo, marcado por episodios recurrentes y marcos terapéuticos de varios años. Solo la mitad de los pacientes logra una recuperación sostenida, reflejando la naturaleza persistente de este trastorno, que según lo publicado por el Journal of Nutritional Physiology, podría representar una de las causas más duraderas de atrofia muscular.
Las conclusiones del estudio abren un debate respecto a los protocolos actualmente empleados en el seguimiento terapéutico de las personas con anorexia nerviosa. Los resultados apuntan a que la recuperación de peso, aunque esencial, debe acompañarse de estrategias para abordar el daño muscular a largo plazo. Queda de manifiesto, según la investigación recogida por el Journal of Nutritional Physiology, la necesidad de integrar el seguimiento de la funcionalidad muscular en la definición de éxito terapéutico, y no limitar la evaluación del progreso exclusivamente a los parámetros de masa corporal.
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