
Tomás Alía detalló que el impacto de los atentados obligó a modificar completamente la propuesta original para la decoración de la Gran Vía madrileña durante la boda de los entonces príncipes Felipe y Letizia. En diálogo exclusivo con Europa Press, el diseñador explicó que este cambio supuso un desafío de gran magnitud para todo el equipo encargado de transformar uno de los puntos más emblemáticos de Madrid en el escenario de la ruta nupcial hacia la Catedral de la Almudena el 22 de mayo de 2004, jornada recordada por la persistente lluvia.
Europa Press recogió el testimonio de Alía sobre el proceso de gestión del diseño del que llama “el Madrid contemporáneo de la Gran Vía”, espacio por donde circuló la comitiva oficial internacional que acudió a la ceremonia. El profesional señaló que, en un inicio, el planteamiento era “mucho más potente”, pero los atentados obligaron a revisar totalmente la estrategia diseñada. La respuesta implicó reunir a un equipo numeroso y afrontar la coordinación bajo nuevas premisas de seguridad y simbolismo.
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Entre las modificaciones implementadas, según relató el propio Alía a Europa Press, estuvo la reconformación del llamado “bosque de los ausentes”, un enclave simbólico destinado a honrar a quienes faltaban en aquel momento. La coordinación de este complejo proceso recayó en Pascua Ortega, cuyo liderazgo permitió reorganizar eficazmente el trabajo colectivo y responder a las circunstancias excepcionales generadas por la situación del país en ese periodo.
El diseñador enfatizó que se trató de un encargo “muy difícil”, ya que la ocasión exigía por igual un tono de celebración y un tributo respetuoso a las víctimas. Definió el resultado final como una propuesta “contenida”, manteniendo la solemnidad y el decoro propios de la ocasión sin perder de vista la función de homenaje. El acto se desarrolló bajo una atmósfera de recogimiento, al tiempo que buscaba celebrar un acontecimiento de relevancia institucional.
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Por otra parte, Tomás Alía compartió que tanto Felipe VI como Letizia, entonces príncipes de Asturias, transmitieron su gratitud hacia el equipo de diseño. A pesar de la persistente lluvia durante buena parte del evento —un hecho que determinó la percepción y el ambiente de la jornada—, la reacción de los honorados fue de agradecimiento y satisfacción con el resultado de la transformación urbana.
El mismo medio recogió la reflexión final del diseñador sobre el sentido del trabajo realizado, al considerar la exigencia de compatibilizar los requerimientos protocolarios con el homenaje a los afectados por los recientes acontecimientos trágicos, una circunstancia que, a su juicio, ha quedado marcada en su memoria profesional y personal.
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