El estancamiento en las negociaciones de gobierno aboca a Países Bajos a su primera repetición electoral

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La formación de un nuevo Gobierno en Países Bajos parece profundamente estancada a medida que avanzan las conversaciones tras la retirada de Geert Wilders como candidato a primer ministro, una situación que se torna cada vez más alarmante en un país acostumbrado a negociar, ceder y pactar. La extrema derecha neerlandesa, que se hizo con 37 escaños en las elecciones generales celebradas en noviembre, no cesa en su empeño de lograr un acuerdo de mínimos con otros tres partidos de centroderecha: el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), Nuevo Contrato Social (NSC) y el Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB). Esta posible coalición sumaría 88 escaños, por encima de los 75 necesarios para gobernar, y se ha visto favorecida por la salida de Wilders, con quien el VVD había descartado negociar en un primer momento. Su retirada a mediados de marzo cogió a muchos por sorpresa y puso de manifiesto la compleja situación política que atraviesa el país. El líder ultraderechista, que aboga por unos Países Bajos "para los neerlandeses", admitió contar únicamente con el apoyo de la líder del BBB, Caroline van der Plas, y afirmó que para gobernar necesitaba contar con el respaldo de todos los partidos. Esto pone sobre la mesa dos escenarios: la formación de un Gabinete "extraparlamentario" que cuente con ministros tecnócratas ajenos a la política neerlandesa y la posibilidad de acudir nuevamente a las urnas sin haber formado previamente un gobierno, en lo que sería un caso único en la historia del país europeo. El influyente periodista y analista político Ron Fresen ha aventurado durante un encuentro en La Haya que la situación se resolverá antes de verano, presumiblemente antes de las elecciones al Parlamento Europeo, si bien ha calificado de "fracaso" la idea de que las conversaciones no lleguen a buen puerto. "Tradicionalmente, los partidos se dan cuenta de que no tienen más remedio que llegar a un acuerdo", ha explicado antes de enumerar la migración y el acceso a la vivienda como los principales problemas a los que se enfrenta la sociedad neerlandesa. Wilders, con su formación antiislamista Partido por la Libertad (PVV), se ha constituido como una figura polémica que busca restringir la migración, pone en duda el Estado de Derecho, arremete contra las instituciones neerlandesas y acusa a los medios de comunicación de engañar al ciudadano de a pie. Las conversaciones sobre la formación de un Gobierno desplazan los temas centrales de la política de Países Bajos y han propiciado un aumento de los apoyos para el PVV, especialmente al no contar con un cordón sanitario que los aísle del resto de formaciones, tal y como reflejan las últimas encuestas. El partido Demócratas 66 (D66) del vice primer ministro Rob Jetten también se encuentra inmerso en este baile de alianzas y ha pedido este lunes al NSC y a su líder, Pieter Omtzigt, evitar cooperar con la extrema derecha, que ahora "posee la llave del Gobierno". Para Jetten es "especialmente preocupante" el acercamiento y espacio dado al partido de Wilders en la política neerlandesa. No obstante, Omtzigt ha reivindicado sus "propias ideas" y ha pedido al D66 "no preocuparse" por la situación actual. "Defendemos nuestras posturas de forma contundente en la mesa de negociaciones", ha apuntado el político, al que algunos comparan incluso con el propio Wilders. SIN CORDÓN SANITARIO El partido del primer ministro en funciones, Mark Rutte, descartó en un inicio integrarse en un futuro gobierno de coalición con el PVV y abogó en cambio por dar apoyo de manera externa a la alianza conservadora. Sin embargo, la candidata electoral de la formación y ministra de Justicia en funciones, Dilan Yesilgoz, no descartaba la posibilidad de trabajar con el líder ultraderechista a pesar de las "enormes diferencias" que los separan. Entre las últimas peticiones de Wilders se encontraba precisamente la de lograr el compromiso del VVD para evitar un gobierno socialdemócrata de la mano de Frans Timmermans, que ha sufrido a su vez el enorme traspiés de un Parlamento fuertemente fragmentado y prácticamente dominado por partidos que van desde el centro a la derecha ideológica. Esta compleja aritmética parlamentaria ha dado lugar al nombramiento de un negociador, Kim Putters, que debe trabajar de forma ágil a medida que crece el temor a que Rutte se haga con el liderazgo de la OTAN y el país quede bajo la batuta de un vice primer ministro en funciones. Hasta el momento, tanto Yesilgoz como Omtzigt y Von der Plas han renunciado a la jefatura del Gobierno, por lo que el país carece de un candidato a ocupar el cargo más importante del Ejecutivo. Todos ellos, junto a Wilders, ejercerán como diputados. La figura de Rutte, considerado por sus seguidores como una especie de animal político incansable que nunca abandona la contienda electoral, ha dejado huella durante más de dos décadas en el poder. Así, es considerado por muchos como el primer ministro de la "estabilidad" a pesar de que su salida deja asuntos de gran importancia sin resolver. EL PROBLEMA MIGRATORIO El Gobierno de Rutte, del que formaban parte a su vez el D66, la Unión Cristiana y la Llamada Demócrata Cristiana, colapsó tras las diferencias entre los miembros de la coalición en torno a la política migratoria y de asilo. Las medidas planteadas sobre la limitación del flujo migratorio siguen levantando ampollas mientras el secretario de Estado de Asilo y Migración, Eric van der Burg, trata de consolidar la Ley de Distribución aprobada en enero y que obliga a los municipios a aceptar la acogida de solicitantes de asilo pese al rechazado a la extrema derecha. La postura del Gobierno sobre la limitación de la migración y el endurecimiento de las medidas de reunificación familiar para los refugiados de guerra hicieron saltar por los aires la coalición a pesar de las intensas negociaciones, especialmente ante la posibilidad de que los refugiados que se encuentren en el país ya no puedan reunirse con sus hijos una vez alcanzada la cuota mensual. El problema migratorio será ahora heredado por el futuro Gobierno neerlandés, que tendrá que buscar una solución para un país con una alta densidad de población y un grave problema de vivienda. Países Bajos, un país acostumbrado a las minorías, tendrá que poner a prueba su larga tradición de tender puentes en medio de una ola de polarización política que afecta a toda Europa.