La negativa de Serbia de reconocer a Kosovo es el principal obstáculo para normalizar las relaciones entre ambos, más de dos décadas después de la guerra, pero no es el único.
Los dirigentes serbios y kosovares reanudan este martes en Bruselas su difícil diálogo bajo la égida de la Unión Europea, tras una pausa de casi un año.
- Reconocimiento -
Serbia inscribió en su constitución la tutela sobre su antigua provincia de Kosovo, predominantemente albanesa.
El presidente serbio, Aleksandar Vucic, tiene teóricamente una mayoría parlamentaria suficiente para cambiarla.
Pero la cuestión es explosiva: muchos serbios consideran Kosovo como su cuna nacional y religiosa.
Para Albin Kurti, el nuevo primer ministro de Kosovo que llegó al poder en febrero por amplia mayoría, la soberanía es intangible. No se puede discutir nada sin el reconocimiento previo de "la realidad de la independencia" declarada en 2008.
Kosovo está reconocido por un centenar de países, incluida la mayor parte de Occidente, y recientemente por Israel.
El joven Estado también ha sido admitido en el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Comité Olímpico Internacional (COI), la FIFA (Federación Internacional de Fútbol) y la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol).
Sin embargo no en la Unesco (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) ni en Interpol. Su independencia tampoco está reconocida por Rusia ni China, lo que priva a Kosovo de un lugar en la ONU. Cinco miembros de la UE también están en esta línea.
- Monasterios ortodoxos -
Nueva fuente de tensión, Albin Kurti exige que Kosovo asuma plenamente la protección de los principales lugares religiosos ortodoxos, entre ellos el monasterio de Visoki Decani, custodiado desde hace dos décadas por la OTAN.
A mediados de la década de 2000, Decani y otros tres importantes lugares ortodoxos fueron clasificados como "monumentos en peligro" por la UNESCO debido a la "inestabilidad política" tras los disturbios antiserbios.
Estos lugares, que reflejan "el apogeo de la cultura eclesiástica bizantina y románica" en los Balcanes medievales, tienen un estatus extraterritorial.
Las autoridades kosovares no pueden entrar en ellos sin el permiso de las autoridades eclesiásticas ortodoxas, que acaban de rechazar una visita de Albin Kurti.
Kosovo pide que se le reconozca como "Estado responsable" de esos lugares y la iglesia ortodoxa Serbia le acusa de querer "invadir nuestro nombre, nuestra identidad y nuestros lugares sagrados".
- Serbios de Kosovo -
Aunque no existe un censo, se calcula que hay 120.000 serbios en Kosovo, un tercio de ellos cerca de la dividida ciudad de Mitrovica (norte) y el resto en enclaves.
Un acuerdo de 2013 para crear diez "municipios" en esos enclaves no prosperó por el desacuerdo de Belgrado y Pristina sobre sus competencias.
- Desplazados y desaparecidos -
Entre 70.000 (según Pristina) y 200.000 serbios (según Belgrado) huyeron de Kosovo tras la guerra de 1998-1999, que dejó 13.000 muertos, principalmente albaneses.
Belgrado quiere que puedan volver a sus casas, ser indemnizados o disfrutar de sus propiedades abandonadas.
Kosovo está estudiando por su parte la posibilidad de presentar una denuncia por genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia y exigir reparaciones por los daños causados por las fuerzas serbias.
La Comisión Internacional sobre Personas Desaparecidas calcula que hay unos 1.700 kosovares concernidos.
- Activos yugoslavos -
Serbia reclama la propiedad del complejo industrial y minero de Trepca, cerca de Mitrovica, y del lago artificial de Gazivode (Ujman para los albanokosovares), crucial para el suministro de agua y la independencia energética de Kosovo.
Pristina reclama su parte de los bienes públicos de la época yugoslava, como el oro depositado en bancos en el extranjero o bienes inmuebles como las embajadas.
- Funcionarios -
Los jueces y la policía serbia están integrados en el sistema kosovar, pero muchos empleados del sector público en zonas serbias, sobre todo en educación y sanidad, son pagados por Belgrado. Kosovo denuncia "un sistema paralelo".
Muchos ven en ello una forma para Belgrado de asegurarse lealtad política. Los serbios de Kosovo participan en las elecciones en Serbia.
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