Nieto de Tito elogia su figura y recuerda el "error" que lamentó hasta su muerte

Su nieto está por completo convencido: 40 años después de su muerte, la popularidad de Josip Broz Tito sigue intacta pese a un "error" del carismático y controvertido líder de la ex Yugoslavia, que sembró la semilla de la sangrienta desintegración de su país.

En una entrevista que tuvo que realizarse por teléfono debido a la pandemia del nuevo coronavirus, Josip Broz, conocido como Joska, de 72 años, explica a la AFP su orgullo de llamarse como su ilustre antepasado.

El mariscal gobernó de manera autoritaria en la Yugoslavia comunista desde 1945 hasta su muerte, el 4 de mayo de 1980.

Su magnetismo, pero también su represión, consiguió mantener unido el mosaico de pueblos y religiones que componían la Federación.

Tito fue elogiado por haber dado prosperidad a Yugoslavia y haberla convertido en un actor importante en el ámbito internacional, pero fue criticado por sus contemporáneos por haber encarcelado a sus opositores.

Pero Joska ve a su abuelo de otra manera y cuenta cómo se convirtió en un "padre" para él y su hermana, cuando sus padres se divorciaron.

"Nos enseñó que teníamos que vivir de nuestro trabajo sin aprovecharnos del apellido familiar. Nos ayudó mucho en la vida", afirma su nieto, quien fuera policía y actualmente es diputado del pequeño partido neocomunista que él mismo fundó.

Joska tenía cuatro años y su hermana Zlatica, tres cuando fueron confiados al cuidado de su abuelo. Vivieron junto a él en su residencia en Dedinje, lujoso barrio de Belgrado, hasta su adolescencia.

- Pollo y pescado -

Tito disfrutaba ocupándose de sus dos nietos, "en cuanto disponía de un poco de tiempo".

Al dirigente "le gustaban las cosas simples", recuerda su nieto. "En familia se sentía relajado, le gustaban sobre todo el pescado y el pollo, dos platos que no podía degustar en las comidas oficiales" porque "se comen con los dedos".

Cuando fue mayor de edad, Joska se incorporó a la policía federal para velar por la seguridad de su abuelo. En su calidad de policía, le tocó encargarse de la logística del funeral de Tito, una ceremonia impresionante en la que participaron 170 delegaciones extranjeras.

Joska vio a su abuelo por última vez agonizando, el domingo en que murió en Liubliana, en Eslovenia.

"Después me fui a Belgrado y cuando llegué me enteré de la noticia" de su muerte, recuerda.

En el ocaso de su vida, Tito confió a su nieto que sólo se "arrepentía" de una cosa: haber permitido la adopción de la Constitución de 1974.

Ésta otorgaba a las seis repúblicas federadas (Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia) y a sus dos provincias autónomas (Voivodina y Kosovo) el derecho a la autodeterminación y a la secesión.

Joska dice, citando a su abuelo: "'A partir de un Estado creamos ocho pequeños e hicimos lo mismo con el Partido (Comunista). Hemos reducido todo a migajas. Ese ha sido mi mayor error'".

- "Verdadero Estado" -

La Ley fundamental revisada, en principio destinada a silenciar las veleidades nacionalistas soltando algo de lastre, llevaba consigo la semilla del futuro desmembramiento de Yugoslavia en la década de 1990.

Pese a todo, Joska considera que la herencia de su abuelo es irreprochable.

"Teníamos un verdadero Estado, escuela y sistema sanitario gratuitos. Éstos (gobernantes) de la actualidad no son capaces de darnos ni la décima parte de lo que teníamos, ni siquiera pasar una capa de pintura sobre lo que Tito construyó", asevera.

"Sus detractores intentan en vano destruir su imagen", pero Tito "continúa siendo el nombre más popular del planeta", insiste Joska. La prueba, según él, es el "flujo ininterrumpido" de visitantes extranjeros ante su tumba en Belgrado.

Cedomir Antic, historiador en Belgrado, relativiza estas afirmaciones y subraya que los tres grandes pilares de la era Tito, la "fraternidad" entre los pueblos yugoslavos, el modelo económico de autogestión obrera y la no alineación pertenecen al pasado.

"La autogestión se desmoronó estando Tito aún vivo, el mundo bipolar ha desaparecido, la fraternidad se evaporó en las guerras sangrientas que marcaron el fin de Yugoslavia", afirmó a la AFP.

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