Sangriento ataque yihadista en Níger pone en tela de juicio estrategia franco-africana

El sangriento ataque contra un cuartel en Níger que dejó esta semana 71 muertos y desaparecidos puso en tela de juicio la estrategia regional contra el yihadismo y la colaboración con Francia.

Toda la región del Sahel, pero particularmente Malí, Níger y Burkina Faso, son blanco de ataques cada vez más audaces y a pesar de la presencia de 4.500 militares franceses de la fuerzas Barkhane y de militares estadounidenses.

El martes cientos de yihadistas, en una operación luego reivindicada por Estado Islámico, atacaron durante varias horas con artillería y vehículos el campamento militar en Inates, en el oeste de Níger y cerca de la frontera con Malí.

El presidente Mahamadou Issoufou tuvo que regresar de urgencia desde Egipto --donde asistía a una conferencia internacional sobre "paz sostenible, seguridad y desarrollo"-- y dirigió el jueves una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, cuyo contenido permanece secreto.

El ataque en Inates --el más mortífero desde el inicio de la ofensiva yihadista en Níger en 2015-- puso en relieve las dificultades de los militares para luchar contra los grupos islamistas en este país pobre, pero con vastas reservas de uranio.

Pero no solamente Níger es blanco de ataques. Malí fue escenario de una serie de asaltos sangrientos, durante los cuales murieron más de 140 soldados, causando un verdadero trauma.

Y Burkina había perdido 24 soldados en agosto, en un asalto a la base de Koutougou, también cerca de la frontera con Malí.

- "Golpea y corre" -

Los insurgentes, que venían aplicando la táctica  "golpea y corre" --como por ejemplo emboscadas  con minas colocadas en las carreteras utilizadas por los convoyes militares-- ahora ya no dudan en atacar los cuarteles militares.

Desde este punto de vista, el ataque del martes es significativo: fue obra de "varios cientos" de combatientes "fuertemente armados" según el ministerio de Defensa de Níger y la lucha fue de una ferocidad inusual.

Los yihadistas parecen cada vez más determinados, a pesar de los medios sustanciales que se despliegan para tratar de contenerlos. Los franceses, por ejemplo, han prometido armar sus drones y probablemente multiplicar su número.

Después del ataque, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció el aplazamiento hasta enero de una cumbre prevista la semana próxima con los líderes de los cinco países del G5 Sahel (Malí, Burkina Faso, Níger, Chad y Mauritania) en la que debía analizarse la presencia militar francesa.

Macron quería que la sede del encuentro fuera la ciudad francesa de Pau (suroeste) donde estaban basados la mayoría de los 13 militares franceses muertos a fines de noviembre en una colisión de helicópteros en Mali.

El mandatario recibió críticas por esta iniciativa que, a juicio de muchos observadores, tenía un aire neocolonialista.

La cumbre se pospuso para permitir los homenajes a los militares fallecidos en Níger, dijo el jueves el ministro francés de Relaciones Exteriores, Jean-Yves Le Drian.

- Llamados a la movilización internacional -

"Es urgente que nuestros aliados se involucren más", dijo Le Drian, refiriéndose no solo a los países del Sahel sino también a la OTAN y la Unión Europea, "porque es la frontera segura de Europa de lo que estamos hablando".

El jefe de la diplomacia francesa también anunció que el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Chadian Moussa Faki Mahamat, y el responsable de asuntos exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell, serán invitados a la cumbre en Pau.

Moussa Faki Mahamat, por su parte, "condenó enérgicamente" el ataque contra Níger, mientras que Borrell pidió "una respuesta más fuerte, colectiva y duradera (...) para erradicar las causas profundas del terrorismo y la inestabilidad".

El presidente de Chad, Idriss Deby, por su parte, enfatizó la necesidad de "federar (esfuerzos) y perseguir sin descanso la lucha contra el terrorismo y el oscurantismo".

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