Finalmente se reveló cuánto pagará YPF S. A. por los servicios prestados por Miguel "Mago" Galuccio como CEO de la compañía pública más importante y emblemática de la República Argentina.
La asamblea de accionistas de YPF S. A. aprobó pagar más de setenta millones de pesos al retirado Galuccio para cumplir así con el contrato oportunamente firmado para hacerse cargo de la nueva YPF S. A. estatizada. Esa cifra incluye una cláusula llamada "paracaídas de oro", que todos los altos ejecutivos firman a la hora de ser contratados y como fórmula de retención de talento.
Más allá de la cifra, que para cualquier mortal suena exorbitante, la verdad es que el caso Galuccio sirve como botón de muestra para evaluar si la compensación de un alto ejecutivo es razonable. Y este tema es ciertamente complejo, pues el punto de partida para medir la razonabilidad no es un punto fijo, sino todo lo contrario, suele ser movible, flexible, dinámico y, por sobre todo, subjetivo. ¿Qué es razonable y en función de qué? Es la pregunta del millón.
Hay dos elementos a tener muy en cuenta, por un lado, capacidad, habilidad, formación y antecedentes profesionales del CEO y, por el otro, qué sueldos está pagando el mercado en sociedades comparadas para puestos comparados. Y lo cierto es que ni uno ni otro son posibles en nuestro entorno. Nuestro mercado no tiene muchos Galuccio, y carecemos de muchas petroleras del tamaño de YPF S. A., o sea, comparar en este caso es como mirarnos el ombligo. No hay punto de referencia.
No perdamos de vista que la cifra pagada por YPF S. A. al Mago Galuccio incluye no sólo sus honorarios, sino, además, una indemnización por salida de la empresa y, muy probablemente, un acuerdo de no competencia. Si este es el caso, la suma pagada por YPF S. A. no sólo responde a lo pactado en el contrato de empleo, sino que responde a criterios de valuación del costo de oportunidad de un CEO por quedar desempleado o con pase libre para jugar en otro club.
Hace casi una década se debatió en los Estados Unidos de Norteamérica el caso Walt Disney. Esta compañía le había pagado al Michael Eisner la suma de 170 millones de dólares como resultado de un paracaídas de oro. Este caso llegó a los tribunales por la escandalosa suma pagada por Walt Disney a su ex CEO despedido, quien, además, duró en el cargo sólo seis meses. La Cámara de Apelaciones de Delaware dejó firme el pago.
A pesar de que en los 2000 y algo la suma pagada a Michael Eisner batió todos los récords (nunca antes un CEO de una empresa pública había recibido semejante compensación), el tribunal entendió que el pago era razonable, considerando los antecedentes del ejecutivo y el tamaño y la importancia de la empresa Walt Disney.
Entre nosotros, no tenemos semejante cobertura y nuestra ley deja a la deriva el criterio de razonabilidad, pues nadie podría, sensatamente, medirlo.
Pensemos que nuestro sistema jurídico impone un límite de honorarios para todo el directorio y por todo concepto (incluidos sueldos y otras retribuciones). Ese límite es igual al 25% de las ganancias. O sea, el directorio no podría llevarse como compensación más que eso. Ahora bien, si la sociedad decide no pagar dividendos, aquel límite se reduce al cinco por ciento. Nuestros directores corren con el riesgo del negocio. ¿Cómo funciona este esquema frente a una compensación de 73 millones de pesos?
En un intento por poner algún límite moral (moral hazard) al pago de sueldos excesivo, la Securities & Exchange Commission de los Estados Unidos acaba de sancionar una norma (que entrará en vigencia el próximo año) que obliga a todas las empresas cotizadas no sólo a publicar el sueldo y el paquete remuneratorio del CEO y los altos ejecutivos, sino, y quizás sea lo más novedoso, a publicar una relación entre el sueldo del CEO y el sueldo promedio de los empleados de la empresa gerenciada por ese CEO. O sea, un mecanismo que busca poner límites acudiendo a principios de ética y moral empresaria. No es un secreto que hoy, en los Estados Unidos de Norteamérica, un CEO gana entre doscientas y trescientas veces el sueldo promedio de un empleado de clase media. Hace 20 años esa relación era de apenas veinte veces.
¿Es razonable pagarle a Galuccio 73 millones de pesos? No lo sabemos. Pues de esto se trata en mercados que han quedado muy sensibles al pago de altos ejecutivos luego de la crisis del 2008, provocada, precisamente, por paquetes de compensación que pusieron los incentivos en el lugar equivocado.
iProfesor de Derecho empresario, Gobierno corporativo, Finanzas, Valuación de empresas, impuestos y estados contables, Profesor invitado extranjero del College of Law de la Florida International University, Director académico del Instituto CEDEF | law & finance/i