Los chicos crecen. Y aquel padre que crea que lo peor de la crianza quedó atrás junto con las noches en vela para alimentar al niño en plena lactancia, los caprichos de los dos años y los miedos y las pesadillas de los seis, está (muy) lejos de la realidad.
Es que el ingreso a la vida adulta, y el paso previo obligado por la adolescencia, viene de la mano con la revolución de las hormonas y la necesidad de independencia.
En las niñas adolescentes, además, esta etapa es el momento de diferenciarse de su mamá; de dejar de querer parecerse a esa mujer tan admirada durante tantos años para buscar convertirse en una mujer con sello propio. Aunque años más tarde se descubran mucho más parecidas a esa madre de lo que hubieran imaginado, esa es la causa por la que la adolescencia es, particularmente, una época de "choque" entre madres e hijas.
Pero, ¿es posible atravesarla y que el vínculo resulte airoso? ¿Cómo hacer frente a semejante torbellino de carácter sin dejar de acompañarlas?
Diana Guelar es psicóloga y codirectora de la Fundación La Casita, un centro de atención y prevención para adolescentes, y destacó que "en esta etapa, la hija adolescente está buscando su propio yo, su identidad, y necesita diferenciarse de la madre". Para eso, según la especialista, busca "destruir" a esa madre idealizada, por lo cual puede tener conductas desvalorizantes.
A eso se suma que es una etapa de explosión hormonal con muchos cambios de ánimo, tanto para la adolescente como para la madre, que suele estar en la pre-menopausia.
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