Todos tenemos un autoconcepto. ¿Qué es el autoconcepto? Es "cómo me veo a mí mismo". Si yo preguntara a diferentes personas cómo se ven físicamente, ellos responderían que se ven ágiles, torpes, atractivos, feos, etc. Todos tenemos un autoconcepto físico y un autoconcepto intelectual. A veces nos percibimos incapaces. Pero también tenemos un autoconcepto social que consiste en cómo nos llevamos con los demás. Nosotros mismos construimos ese autoconcepto desde que nacemos hasta que morimos (de ahí la importancia del trato de los padres hacia los hijos) y este nos lleva a sentirnos de una manera en particular. Esta sensación se llama autoestima.
La autoestima es cómo me siento de acuerdo a cómo me veo. La manera en que te ves determina cómo te sentís. Cuando una persona dice: "Tengo baja autoestima", quiere decir "siento que mi autoconcepto no es bueno". Entonces la cuestión no es sanar la autoestima sino el autoconcepto, porque la autoestima es cómo me siento y el autoconcepto es lo que pienso de mí. Por lo general, cuando una persona tiene un autoconcepto negativo es más proclive a la depresión, su sistema inmunológico se debilita, tiene menos motivación, le cuesta relacionarse con el otro, al mismo tiempo que se le dificulta reclamar sus derechos, entre otras muchas cosas.
Según nuestro autoconcepto, estaremos más o menos pendientes de la mirada de los demás por la simple razón de que esta nos brinda reconocimiento y nos gratifica. ¿A quién no le gusta ser aplaudido? Todo ser humano necesita pertenecer a un grupo, lo cual incluye la "mirada ajena". Ser consciente de eso y aceptarlo resulta liberador. Si sos de los que dicen: "Yo no preciso el reconocimiento de nadie", tal vez se deba a que lo considerás algo negativo. Podés aceptarlo porque es algo perfectamente normal.
Supongamos que existe un médico experto en un área determinada. Este profesional es un gran conocedor de "x" tema y espera con ansias que lo llamen de los medios de comunicación, cada vez que abordan dicho tema. Pero, como nadie lo conoce, no lo llaman. Así es como este médico presenta dos actitudes. Por un lado, desea aparecer en los medios para que el público lo reconozca, para que todo el mundo se entere de su conocimiento debido a las investigaciones que ha realizado. No obstante eso, esta persona no acciona para que eso se haga realidad. Así surge una lucha interna en su interior. ¿Cómo podría resolverla? A través de la aceptación. Él debería aceptar conscientemente que le gustaría ser convocado por los medios para exponer sobre su especialidad, lo cual le permitiría enviar su currículum a los distintos programas, llamar a los productores y ofrecerse para disertar al respecto.
Muchas personas intentan atraer la atención de los demás de manera vana porque sin saberlo están sedientas de reconocimiento y aprobación en sus vidas. Estas son algunas de las cosas que suelen llevar a cabo para lograr su cometido:
-Caminan de un lado al otro.
-Cuentan chistes o anécdotas personales una y otra vez.
-Hablan en voz muy alta.
-Compiten con los demás.
-Llaman la atención cuando hay que prestar atención.
Si en una banda musical con tres cantantes, uno de ellos cantara más fuerte que los demás, en un intento por sobresalir del resto, y los demás hicieran lo mismo para competir con él, ¿qué sucedería? La gente que los observa se daría cuenta de que estos músicos están compitiendo. Podemos comparar este ejemplo con las actuaciones inolvidables de los tres grandes tenores Pavarotti, Domingo y Carreras. Ellos se unieron y lograron trascender juntos porque no había competencia entre ellos. En cualquier ámbito, cuando no existe competencia, se produce sinergia y multiplicación de la fuerza del equipo.
Conociendo nuestra necesidad normal de reconocimiento, es posible utilizar la "no mirada" del otro para crecer de manera útil. Si yo ejecuto un instrumento musical y al concluir la pieza toda la audiencia en la sala aplaude, con excepción de cuatro personas, ¿cómo puedo reaccionar de manera sana?
-Puedo mirar a los que aplauden e ignorar a los que no aplauden.
-Puedo mirar a los que no aplauden e ignorar a los que aplauden.
-Puedo disfrutar a los que aplauden y "de reojo" mirar a los que no aplauden. A estos últimos los tomo como una motivación para seguir practicando hasta lograr que todo el público me aplauda.
Buscá conocerte y saber en qué sos bueno, en qué no lo sos tanto y en qué sos malo. Nadie es totalmente malo ni totalmente bueno. Tené una visión amplia, ensanchada de vos mismo, un autoconcepto sano. De esa manera, la mirada del otro dejará de ser una carga para convertirse en un estímulo para crecer y avanzar en la vida.
El tema no se agota aquí, ya que la información siempre es limitada y la conducta humana responde a múltiples factores imposibles de analizar en un único artículo.
¿Estás pendiente de la mirada de los demás? ¿Hasta qué punto sentís que esta influye en tu vida?