Uno de los mayores desafíos que plantean las democracias del siglo XXI tiene que ver con lograr una mayor cercanía del Estado hacia la gente.
Los canales tradicionales establecidos para hacer eco de las demandas se encuentran al borde del colapso. Por otro lado, nuevas inquietudes y nuevos anhelos de participación a través de un mayor involucramiento llenan de complejidad el ejercicio de una gestión que sea acorde con las expectativas del ciudadano. Para hacer frente a este tipo de situaciones, los Gobiernos deben saber valerse de la tecnología existente y de la propia experiencia acumulada.
Lo que llamamos "iniciativas de gobierno abierto" tienen relación con los nuevos paradigmas de gobernanza a nivel mundial. Sobre la base de la difusión de internet y el resto de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), no se busca solamente abrir la administración pública al acceso de información, sino promover la participación activa de la ciudadanía. La comunidad podría reutilizar esa información para los fines que considere más beneficiosos. De esta manera, se entiende que los Gobiernos no siempre pueden abordar la totalidad de los problemas mediante estrategias arriba-abajo, sino que se requiere asimismo de la colaboración, la creatividad y el compromiso de sus habitantes.
En consecuencia, la comunidad, informada e integrada en canales de participación más inclusivos y flexibles, encuentra oportunidades para cocrear soluciones innovadoras. Son los ciudadanos que crean junto con el Estado.
Esta inquietud tiende a que los Gobiernos asuman una postura proactiva: ya no es necesario esperar a que los ciudadanos se acerquen a alguna dependencia oficial ante alguna eventualidad o necesidad, sino que es posible salir a su encuentro. Hay cuestiones que indefectiblemente están a cargo del Estado. Sin embargo, el verdadero desafío radica en la generación de espacios donde, a partir de la escucha y el diálogo, se puedan abordar las temáticas desde otros puntos de vista. Existe un potencial innovador latente y desde el Gobierno se puede contribuir a encender la chispa.
Para lograrlo, se requiere superar una primera instancia, relacionada con la construcción de la confianza. Quizás proponer un gobierno abierto en Argentina suene utópico. Por este motivo, estoy convencido de que los Gobiernos deben dar el primer paso, que consiste en fomentar y consolidar la transparencia: poder conocer cómo está conformado el Gobierno y contar con la posibilidad de contactarse con sus funcionarios, acceder a la normativa vigente, a las contrataciones y al seguimiento del presupuesto, poder encontrar fácilmente información de toda índole (social, económica, meteorológica, turística). Un servicio que se puede poner a disposición sin grandes esfuerzos y así colaborar en la construcción de una agenda de apertura gubernamental.
Las ciudades inteligentes se construyen con ciudadanos informados, empoderados cívicamente y creativos. El desafío es encontrar la manera de apelar a su compromiso, porque, sin lugar a dudas, las mejores iniciativas surgen en espacios colaborativos.
El norte estará marcado por la consolidación del activo esencial para el desarrollo de una ciudad inteligente: su capital social.