En el Patio del Liceo está Dalia Fubini en Plaga Tattoo House en plena realización de un tatuaje que abarca todo el lateral de una espalda. En realidad, el diseño nació como una estrategia para cubrir otro; uno ya existente en la parte baja de la cadera.
Las paredes del lugar están cubiertas de imágenes acuareladas, animales de rostros geométricos y de colores, dibujos sin líneas de contorno demarcados por un minucioso puntillismo, lo que demuestra que los trabajos que se realizan allí no responden al clásico estereotipo de los estudios de tatuajes instalado en el imaginario popular.
De hecho, quien sostiene la máquina no es hombre, ni corpulenta, ni está vestida con ropa de cuero, ni tiene barba o una bandana con calaveras en la cabeza. Es una mujer delgada, con cara de muñeca, y dedicada al arte. Su socia, Ana Leiva, también es artista plástica. Y quien les presentó el mundo del tatuaje y les dijo donde estudiar, Axel Dinzelbacher, también. Todos salidos del semillero del Colón. Primero fueron diseñadores de vidrieras, maquilladores artísticos y sociales, escultores, muralistas. También expusieron en galerías, pero nunca dejaron de ser dibujantes. De hecho, en esta casa de tatuajes se pueden ver, además, esculturas y cuadros de gran tamaño. Estamos en un taller artístico, en lo más amplio del concepto.
Esta es una regla fundamental para esta nueva escuela: el tatuaje debe ser dibujado y diseñado por un artista y en Plaga, a diferencia de otros estudios, quien lleva la obra a la piel también es el mismo creador. Diseñador y ejecutor, dos en uno. Resultado: una obra de arte a cuestas. Única e irrepetible. Otra interesante manera de comprar arte.
No le resultó fácil a esta nueva escuela, conformada tanto por hombres como mujeres, encajar en un ambiente tan estereotipado. La vidriera, el boca en boca y las redes sociales son los grandes medios de difusión de los trabajos de estos artistas, que coinciden en una estética similar, pero cada uno con su toque particular, sin perder su esencia. Óleo sobre tela, acuarela sobre papel, tinta sobre piel... el arte siempre busca romper fronteras y conquistar espacios. Esta vez, el cuerpo humano es el mejor soporte.
Cuando se habla de tatuajes es fundamental mencionar al tradicional, al maorí y al lettering, entre varios otros. En Buenos Aires hay dos grandes estudios que se destacan en ese tipo de diseños y otras prácticas como el piercing: American Tattoo y La Lupita Studio.
El primero tiene dos locales y su dueño, Mariano Antonio, alma mater del estudio, es el tatuador de varias celebridades, entre ellas, Candelaria Tinelli, Diego Maradona, Celeste Cid, Alejandro Fantino y Oriana Sabatini.
La Lupita Studio, en Martínez, difunde sus trabajos en Instragram y Facebook. El Negro, fundador del negocio cuenta que lo que se pide este año son —en su mayoría— flechas, estrellas, plumas, puntos cardinales, mandalas, atrapasueños, e imágenes en puntillismo, más pequeñas y delicadas. Pero las modas cambian continuamente y los clásicos se mantienen.
Por ejemplo, el maorí o T? moko, refleja la whakapapa (ascendencia) de la persona y la historia personal. En épocas pasadas, era un indicador de nivel social, conocimiento, habilidad e idoneidad para el casamiento. Cada moko contiene mensajes ancestrales y/o tribales específicos para el usuario y cuenta la historia de su familia, sus afiliaciones tribales y su inclusión dentro de estas estructuras sociales. Por lo tanto, es mucho más que una forma de arte, es un registro histórico. Actualmente, estos tatuajes están experimentando un resurgimiento, tanto en sus formas tradicionales como modernas. Cuando los diseños maoríes se usan por motivos estéticos, sin su significado tradicional, reciben el nombre de kirituhi o arte sobre la piel. Parece que siempre volviéramos al inicio y a lo fundamental de todo lo que queremos transmitir. De alguna u otra forma, el arte siempre está.
TruTV, canal emitido por cable en Estados Unidos, cuenta con la exitosa serie Tattoo Nightmares que se hizo famosa por reparar y ocultar tatuajes horribles de los que sus portadores están arrepentidos. El equipo cuenta con tres protagonistas que vienen de distintas ramas. Una artista plástica y tatuadora, un artista local, y un ex participante de Ink Master. Este último es otro reality que se emite por la misma cadena. Se trata de una competencia de tatuadores y sus "lienzos" (así llaman a quienes ofrecen su piel), también votan por el mejor diseño. Hay, como en todo este tipo de programas, peleas, discusiones, llantos que pueden dejar consecuencias permanentes en la piel. Se destacan los conflictos entre los participantes tanto como el resultado de sus trabajos.
Pero además de todos los conflictos típicos del formato reality, en la selección del ganador se utilizan criterios estéticos y estilísticos, lo que demuestra que no puede separarse al arte del tatuaje, que una cosa no es sin la otra y que, más allá de la formación y estudios de la persona que le marca el rumbo a la máquina, son en esencia creadores y dibujantes.
Plaga Tattoo House: Santa Fe 2729 / plaga.tattoo@gmail.com /facebook.com/plagatattoo
Hunch art/tattoo studio: hunchtattoo@gmail.com /facebook.com/hunchartstudio
Antaño Casa de Tatuajes: Gral. Juan Domingo Perón 1249
Tatiana Sandberg: tsandberg.tattoo@gmail.com /facebook.com/buttercupinhell