"Vi a alguien derramar su caro jugo por toda la acera y ahora sé que Dios está de mi lado". El mensaje de Olga Lexell, una escritora freelance de los EEUU, sentó un precedente en Twitter: fue el que permitió iniciar la caza de los usuarios que copian mensajes sin adjudicárselo al autor.
Lexell posteó ese mensaje en la red social y una búsqueda le demostró que decenas de usuarios habían copiado su mensaje, pero sin adjudicárselo a ella como la autora.
Inició una denuncia en Twitter y la historia terminó con la difusión de un mecanismo para reclamar la autoría de los tuits.
El mensaje replicado por las cuentas fue eliminado y en su lugar puede leerse: "Este tuit fue retirado en respuesta a un reporte de copyright".
El caso fue reportado por la cuenta @PlagiarismBad, dedicada a cazar a los usuarios que roban mensajes o se hacen pasar por otras personas.
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