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El mal de chagas es una enfermedad que para millones de argentinos forman parte de su paisaje y de su entorno. Forma parte de un triste y célebre grupo de las llamadas "enfermedades olvidadas", aquellas asociadas con la pobreza y poco estratégicas y rentables para la inversión en investigación por parte de la industria de la salud, por lo que el destino de los enfermos y de la población de riesgo queda librado únicamente a la atención del Estado.

En 2012 se formó una especie de "escuadrón internacional" para darles batalla final a estas enfermedades comandado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) e integrado por entidades no gubernamentales, gobiernos de diferentes países y un grupo de laboratorios farmacéuticos.

En una primera etapa, las enfermedades que se buscan erradicar son la dracunculiasis, la filariasis linfática, el tracoma, la enfermedad del sueño y la lepra, y controlar las geohelmintiasis, la esquistosomiasis, la oncocercosis, la enfermedad de Chagas y la leishmaniasis visceral.

El Chagas es una enfermedad causada por un parásito llamado trypanosoma cruzi, que puede vivir en la sangre y en los tejidos de personas y animales y en el tubo digestivo de unos insectos conocidos en Argentina como vinchucas o chinches.

Puede afectar el corazón o el sistema digestivo de las personas que la padecen, produciendo diferentes grados de invalidez o inclusive la muerte.

Es una de las endemias más expandidas en América Latina.

Cristian von Shulz, director médico de Sanofi Argentina, explica a Infobae: "Hay personas con Chagas en todo el país debido a que, además de la transmisión vectorial, las migraciones humanas y la existencia de otras vías de transmisión distribuyen la enfermedad a lo largo de todo el territorio".

Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud señalan que en todo el mundo, pero principalmente en América Latina, unos 10 millones de personas se encuentran infectadas.

En Argentina se calcula que un millón y medio de personas tienen Chagas, o sea un 4% de la población del país. Esto lo constituye como uno de los principales problemas de salud pública.

Transmisión y síntomas

La forma más frecuente de contagio es por la picadura de la vinchuca o chinche infectada con los parásitos del Chagas. Esta forma de transmisión se denomina vectorial.

La vinchuca, cuando pica a una persona para alimentarse de su sangre, defeca y deposita dichos parásitos en la piel. Al rascarse la picadura, la persona los introduce en su cuerpo. Si la picadura fue cerca del ojo y la persona se lo frota, puede aparecer el síntoma del "ojo en compota". Pero no siempre se manifiestan síntomas.

También existen otras dos vías de transmisión, aunque menos frecuentes en nuestro país gracias a los controles que se implementan en los establecimientos de salud:

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    Vía congénita, por transmisión de madre a hijo durante el embarazo.

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    Vía transfusional, a través de la transfusión de sangre donada por una persona con Chagas, o a través de un trasplante de órgano.

Durante la primera fase, que comienza luego de haber contraído el parásito y dura entre 15 y 60 días, la enfermedad puede presentar los siguientes síntomas: fiebre, diarrea, dolor de cabeza, cansancio, irritabilidad, vómitos, falta de apetito y malestar general.

Luego, en una segunda etapa al cabo de 20 o 30 años, puede afectar al corazón y en menor medida a los sistemas digestivo y nervioso, provocando distintos grados de invalidez e inclusive la muerte si no es tratada a tiempo con la medicación adecuada.

Agrega Von Shulz: "Respecto a la transmisión vectorial, las provincias argentinas se clasifican en alto, mediano y bajo riesgo de transmisión del parásito. También hay algunas zonas denominadas sin riesgo debido a la magnitud del número de vectores existentes".

El Chagas no se transmite a través de relaciones sexuales. El diagnóstico y el tratamiento temprano aumentan las posibilidades de cura.

Esta enfermedad puede llegar a ser mortal cuando el paciente desarrolla lesiones cardíacas graves, afectando en especial a los niños pequeños. Sin embargo, actualmente existen tratamientos médicos eficientes que disminuyen la mortalidad en un alto porcentaje.

Cooperación científica

Cuando la ciencia reúne esfuerzos conjuntos obtiene logros trascendentes. El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, a través del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la compañía farmacéutica francesa Sanofi lograron emprender un trabajo conjunto en investigación y desarrollo con la enfermedad de Chagas.

Así, la francesa Sanofi brindó recientemente 2.000 moléculas adicionales de su genoteca de compuestos químicos, para la realización de nuevos ensayos y monitoreos de toxicidad en cultivos de Trypanozoma cruzi. Además se estipuló un plazo de consecución de 12 meses y una contribución económica por una suma total de $225.000 por parte de la compañía dentro de un plan de cooperación conjunta entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva y el Conicet para el mal de Chagas.

Roberto Salvarezza, presidente del Conicet, subraya: "Seguimos potenciando la relación con Sanofi hacia un punto clave como es la transferencia de conocimiento hacia la sociedad. En este tipo de enfermedades, en las cuales el punto central no es el valor económico sino la salud pública, es donde tenemos que hacer una apuesta muy importante".

"Queremos estimular que los investigadores argentinos tengan más herramientas disponibles para seguir produciendo investigaciones originales e innovadoras que gocen del reconocimiento internacional", refuerza Cristian von Shulz.

La enfermedad de Chagas-Mazza, causada por el parásito Trypanosoma cruzi, es una de las patologías menos atendidas del mundo pese a ser la mayor causa de miocarditis infecciosa. Los tratamientos empleados hasta la actualidad presentan resultados variables –según la fase de la enfermedad, dosis, duración del tratamiento, edad del paciente, lugar de residencia– y efectos secundarios no deseados.

Según lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el método más eficaz para prevenir el mal de Chagas en América Latina es el control vectorial. Las pruebas de la sangre donada son necesarias para prevenir la infección por transfusiones sanguíneas y donación de órganos.

También la OMS recomienda:

  • La fumigación de las casas y sus alrededores con insecticidas
  • La mejora de las viviendas para prevenir la infestación por el vector
  • El empleo de mosquiteros; higiene en la preparación, el transporte, el almacenamiento y el consumo de los alimentos
  • Las pruebas de sangre en órganos, tejidos o células donados y en los receptores de éstos
  • Las análisis de sangre de los recién nacidos y otros niños de las madres infectadas, para diagnosticar y tratar tempranamente el problema

Dice Shulz a Infobae: "En base a estos datos, se estima que cada año nacen 1.300 niños infectados por transmisión congénita. Cabe consignar que 9 de10 niños tratados en fase aguda y 7 de 10 tratados en fase crónica se curan. La prevalencia media de infección por T. cruzi en niños menores de 14 años fue de 1,5% en 2009".

Población argentina hoy

Hoy el escenario nacional de la enfermedad de Chagas no es alentador:

Situación de alto riesgo para la transmisión vectorial

Las provincias de Chaco, Formosa, Salta, Santiago del Estero, San Juan y Mendoza presentan una re-emergencia de la transmisión vectorial de Chagas debido a un aumento de la infestación domiciliaria y a una alta seroprevalencia en grupos vulnerables.

Situación de riesgo moderado para la transmisión vectorial

Las provincias de Catamarca, Córdoba, Corrientes, La Rioja, San Luis y Tucumán muestran una situación de riesgo intermedio con un índice de reinfestación mayor del 5% en algunos departamentos, e insuficiente cobertura de vigilancia en algunos casos.

Situación de bajo riesgo para la transmisión vectorial

En el 2012 las provincias de Misiones y Santa Fe lograron certificar la interrupción de la transmisión vectorial del T. cruzi por T. infestans. Las provincias de Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, Neuquén y Río Negro lograron recertificar la interrupción de la transmisión vectorial.