Con el sueño 'cambiado' por una pesadilla sueca

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Un equipo que había sabido enamorar a la gente, pese a tener prácticamente a todas sus figuras jugando en el exterior, cargó con la enorme responsabilidad de apagar el incendio que se vivía en el país. El 20 de diciembre de 2001, al grito de "que se vayan todos", el pueblo argentino explotó y Fernando De La Rúa, que había sucedido a Menem hacía dos años, escapaba en su helicóptero de la Casa Rosada. Corralito, saqueos, muertes, desesperación y acefalía total en el mando político. Uno de los peores contextos políticos e históricos que tuvo la Selección, antes de afrontar una Copa del Mundo (quizás el más grave, junto con el de España 1982, en medio de la Guerra de Malvinas).


Marcelo Bielsa había sido el entrenador designado para reemplazar a Passarella, con pergaminos en Newell's y Vélez (donde había sido campeón), Atlas y América de México y el Espanyol de Barcelona, club al que abandonó por el llamado de Julio Grondona. El agotador y arduo trabajo que proponía el "Loco" fue siendo captado paulatinamente por un plantel que lo respaldó con resultados en la cancha durante toda la Eliminatoria.

A pesar de contar con la presencia de Brasil (verdugo en los cuartos de final de la Copa América del '99), la etapa de preclasificación fue "albiceleste" de principio a fin. Argentina arrasó: le sacó 12 puntos de diferencia al segundo, tuvo el ataque más goleador, una de las vallas menos vencidas y contó con el máximo artillero del certamen: Hernán Crespo. Sin embargo, "Valdanito" sufriría por la sombra de un histórico Gabriel Batistuta que terminaría relegándolo al banco de los suplentes.


Con una rigidez táctica implacable, la concentración como bandera y una capacidad impresionante de exprimir las condiciones físicas de cada uno de sus futbolistas (hasta Ortega y el "Piojo" López, extremos, tenían que retroceder marcando a los laterales rivales), la Selección parecía tener la fórmula para volver a tocar el cielo con las manos en Corea-Japón, el primer Mundial que se llevaría a cabo en Asia y en dos países a la vez. Y no sólo el favoritismo provenía de la efectividad sudamericana, ya que a la hora de realizar amistosos en Europa, el elenco rendía con creces, con empates frente a Holanda e Inglaterra y victorias ante España, Italia y Alemania (todas en condición de visitantes).

Pero los campeones siempre cuentan con esa pizca de suerte, algo que nunca estuvo del lado de los nuestros y se empezó a evidenciar desde el sorteo de las zonas. Argentina era una de las cabezas de serie, pero integraría el llamado "Grupo de la Muerte", junto a Inglaterra, Suecia y Nigeria. Todo torcido, hasta los horarios de los partidos, que obligaban a la gente a ponerse el despertador o seguir de largo para atender lo que pasaba en las canchas asiáticas cuando las agujas de los relojes marcaban la madrugada argentina.


¿Detalles que pudieron haberse previsto? La temporada en sus respectivos clubes hizo que varios llegaran con lo justo a la cita más importante. Y encima, el corto calendario (la Copa arrancó el 31 de mayo) atentó contra el físico de un equipo que de todas formas, fue exigido de sobremanera en los días previos al debut. Las malas vibras persistían: Roberto Ayala, titular indiscutido, referente y clave en la defensa para el andamiaje propuesto por Bielsa, se desgarraba en la entrada en calor y era excluido de la alineación inicial que se mediría en el estadio Kashima de Ibaraki contra Nigeria.

Pero cabe destacar que el ánimo del grupo era óptimo y la positividad reinaba. Así quedó reflejado en un video casero que los propios jugadores grabaron y cedieron a "Videomatch", el programa de Marcelo Tinelli, que se encargó transmitir las sonrisas en el búnker argentino y encender la ilusión de un pueblo que había sido golpeado hacía meses y no veía demasiado en un camino de desazón.


Las llamas de la esperanza ardieron con la presentación, que dejó a Argentina como líder del Grupo F, ya que Inglaterra y Suecia empatarían más tarde, resultado que servía a priori, pero sería contraproducente más tarde. El conjunto nacional hizo méritos como para sacar más de un tanto de diferencia, pero apenas terminó 1-0 arriba por el tanto de Batistuta, a la salida de un córner ejecutado por Verón, que complicó a través de esa vía durante toda la tarde japonesa.


Se venía el clásico con Inglaterra, en Sapporo, que podía clasificar a los "Albicelestes" a octavos de final. Cavallero; Pochettino, Samuel, Placente; Zanetti, Simeone (había arribado con lo justo, producto de una lesión ligamentaria en una de sus rodillas), Sorín; Verón; Ortega, Batistuta y el "Kily" González –reemplazando al "Piojo" López, en lo que sería la única modificación, respecto al debut- eran los once elegidos por el técnico para verle la cara al cuadro británico, que todavía tenía la sangre en el ojo por la eliminación en los Octavos de Francia '98, en la tanda de penales.


Inglaterra contaba en su columna vertebral con David Seaman en el arco, una dupla de zagueros conformada por Rio Ferdinand y Sol Campbell, el aguerrido Paul Scholes en el mediocampo junto a las pinceladas de David Beckham y el desequilibrio en ataque de Michael Owen. La Selección se afirmaba en cancha y tenía algunas buenas opciones con el "Kily" y "Bati", pero Owen causaba estragos en su defensa: advertía con un tiro en el palo y luego inventaba una falta de Pochettino dentro del área que el italiano Colina compraría y el "Spice Boy" cambiaría por gol. Su revancha.


Beckham había sido expulsado en el '98 luego de un cruce con Simeone, culpable directo de que dejara a los suyos con 10. Pero cuatro años más tarde, se desahogaba y le daba el triunfo a los ingleses, que tomaban el liderazgo en la zona. Bielsa intentó hallar respuestas para al menos rescatar un punto, pero en la única clara que tuvo Argentina con un cabezazo de Pochettino, se topó con la figura del experimentado Seaman. Lo cierto es que no estuvo con todas las luces y jamás tuvo la profundidad que sí había registrado en sus pergaminos. Una derrota dolorosa.


No había demasiado tiempo para lamentos, porque cinco días más tarde, en Miyagui, dirimiría un lugar en la siguiente instancia con Suecia, a la que estaba obligada a ganarle. La caída reciente caló hondo en el cuerpo técnico, que empezaba a mover fichas para darle vuelta al asunto. Salían de la formación titular el endeble Placente, un exhausto Simeone y el cansino Verón, que acusó al físico como gran responsable de su merma futbolística. Lo cierto es que a la "Brujita" le llovieron injustificadas críticas, ya que había sido de lo mejor del ciclo Bielsa y el mundo lo catalogaba como uno de los mejores. Hasta hoy, algunos recuerdan su desempeño y lo tildan de 'vendido', un disparate propio del energúmeno hincha argentino, siempre buscador de responsables en 'la mala'.

Adentro entonces Chamot, Almeyda y Aimar, además de Claudio López, que regresaba por Cristian González. Los azules (se jugó con la camiseta alternativa, como ante Nigeria), sin brillar, arrollaron a los amarillos escandinavos, que sufrieron y encontraron refugio en su arquero Hedman, quien respondió varias veces para que la pelota no entrara. Argentina lo buscó por todos lados, pero las ocasiones en la cabeza de Sorín –dos- y el "Piojo", entre las más nítidas. Caniggia se propasaba con el árbitro y era expulsado en el banco, síntoma del nerviosismo y ansiedad de los jugadores.


En el complemento, el punto de inflexión: a la cancha Crespo por Batistuta, ya que el "Loco" creía que juntos no podían convivir en el área y confiaba en sacarle jugo a los extremos, que venían funcionando. El destino quiso que el recién ingresado se ubicara en la barrera, en un tiro libre adversario que se incrustó en el ángulo de la valla de Cavallero, quien voló en vano. Sí, Anders Svensson es el hombre que escribió una de las páginas más oscuras de la historia de la Selección.

El reloj se hizo de arena, la vista se empezó a nublar y la desesperación se apoderó de las piernas de los jugadores argentinos, que veían cómo la pelota se negaba a entrar una y otra vez. Luego de que casi se liquidara la historia con un remate que dio en el palo del guardameta del Celta de Vigo, Ortega fabricó una infracción en el área y se encargó el mismo de ejecutar la pena máxima, con la poca fortuna de fallar. A falta de dos minutos del cierre, Crespo, en clara invasión de campo, metió el rebote y causó un electroshock, que serviría de poco y nada, ya que en los segundos finales, el equipo no lograba lastimar nuevamente y se despedía otra vez de su sueño mundialista.


Cuentan los presentes en ese vestuario, que jamás vivieron una situación así. La mayoría de los jugadores lloraban –algunos desconsoladamente- y evidenciaban la frustración por haber dicho 'adiós' en la primera fase, algo que no sucedía desde Chile '62. El periodismo que en general, había endiosado a Bielsa, le hacía el caldo gordo a las críticas de un público desalmado, que se desquitaba con once futbolistas por su triste realidad, y le apuntaba a la cabeza al rosarino, quien buscaba a los gritos, encontrar una respuesta para la prematura eliminación que ponía en jaque su cargo. Bilardo describió el 'panquequismo' de ese entonces a la perfección: "Si la pelota pega en el palo y se va afuera, el DT es una bestia; si pega en el palo y entra, el DT es bestial".


Los pocos bielsistas que quedaban en ese momento, respaldaron a muerte al "Loco" y, entre esa corriente, se destacaron las autoridades de la AFA, que tomaron la decisión de renovarle contrato a pesar del mal trago en Japón. El ciclo para una innumerable cantidad de hombres había llegado a su fin, sin haber colmado las expectativas propuestas en un comienzo, pero no para el entrenador, que tras refugiarse por varios meses en un campo del que es dueño en las afueras de Rosario, se puso manos a la obra para juntar cada carta y armar otra vez su castillo de naipes.


PLANTEL ARGENTINO EN COREA-JAPÓN 2002:

Arqueros
1. Germán Burgos (Atlético Madrid – España)
12. Pablo Cavallero (Celta – España)
23. Roberto Bonano (Barcelona – España)

Defensores
2. Roberto Ayala (Valencia)
3. Juan Pablo Sorín (Cruzeiro – Brasil)
4. Mauricio Pochettino (PSG – Francia)
6. Walter Samuel (Roma – Italia)
13. Diego Placente (Bayer Leverkusen – Alemania)
22. José Chamot (Milan – Italia)

Mediocampistas
5. Matías Almeyda (Parma – Italia)
8. Javier Zanetti (Inter – Italia)
11. Juan Sebastián Verón (Manchester United – Inglaterra)
14. Diego Simeone (Lazio – Italia)
15. Claudio Husain (River)
16. Pablo Aimar (Valencia – España)
18. Cristian González (Valencia – España)
20. Marcelo Gallardo (Mónaco – Francia)

Delanteros
7. Claudio López (Lazio – Italia)
9. Gabriel Batistuta (Roma – Italia)
10. Ariel Ortega (River)
17. Gustavo López (Celta – España)
19. Hernán Crespo (Lazio – Italia)
21. Claudio Caniggia (Rangers – Escocia)