En 2013, la inversión fue menos productiva para generar empleo

En los primeros 9 meses generó 133.000 puestos, 10.000 menos que en 2012, todos en el sector público. Cifras de Economía indican que totalizó u$s109.000 millones; cayó 1,2% por cada nuevo empleo global

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 Télam 162
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Seguramente si el cálculo de la productividad de la inversión se hiciera al cambio libre, de paridad, turista, o promedio del régimen múltiple que hoy domina la vida de los agentes económicos de la Argentina, arrojaría resultados en valores absolutos muy inferiores, pero no alteraría las relaciones con el empleo y el PBI.

Sin embargo, de un modo u otro, de los datos de la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales que difundió el Indec al cierre de la última semana se desprenden las dificultades que enfrenta la economía para que la inversión productiva se traduzca en un salto de calidad en la generación de riqueza por empleado.

No sólo se manifestó en una reducción del efecto multiplicador: cada dólar o peso invertido se elevó en 4,57 veces en términos de producción agregada de bienes y servicios en los primeros nueve meses de 2013, en comparación con 4,64 veces en similar período del año año previo, sino que desde 2005, cuando claramente se comenzó a transitar el camino de salida de una de las peores crisis del sector real de la economía, nunca se pudo volver a una proporción mayor a cinco, como se observó en los años previos a la recesión que se inició a mediados de 1998 y derivó en depresión en los primeros meses de 2002.

Nunca pudo recuperar la productividad de fines de los noventa

Una serie de casi 20 años permite observar que, en general, en los tiempos recesivos el PBI crece más rápido que la inversión, porque acusa el efecto inercial de lo hecho en los períodos previos.

Pero una vez superada esa instancia, pareciera que las autoridades económicas se adormecen y apelan al piloto automático, tal vez con la intención de no perder el terreno recuperado, y no perciben que de ese modo, minan la posibilidad de un salto de calidad de la generación de riqueza y con ello del bienestar del conjunto de los habitantes.

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Coctail no deseado

Lamentablemente, las distorsiones que genera una economía con elevadas tasas de inflación, brechas cambiarias enormes y discrepancias aceptadas pero no reconocidas entre los propios números del Indec y de éstos con los que obtienen los varios estudios privados altamente calificados, no se pueden hacer referencias absolutas certeras. Sin embargo, aún posibilitan obtener comparaciones relativas.

No obstante, a la luz de los primeros indicadores oficiales y privados del desempeño de la actividad económica en su conjunto en la mayor parte de este último cuatrimestre, se advierte un nuevo deterioro de la productividad de la inversión, así como de la efectividad para dar lugar a oportunidad de más puestos de trabajos en la actividad privada.

Sólo la política oficial generó empleos públicos  

Sólo la acción de políticas oficiales asistenciales y discrecionales posibilitaron sostener la generación de empleos públicos, aunque cada vez con menor intensidad, por el agotamiento de la capacidad de obtener recursos genuinos de los agentes económicos, al haber abusado del aumento de los impuestos, tasas y contribuciones en todos los órdenes de gobierno: nacional, provincial y municipal.

De ahí que el consenso generalizado, fuera de las fuentes gubernamentales, es que sólo a través de políticas de acción coordinada de los tres grandes componentes de la demanda agregada: consumo, inversión y exportaciones, libre de cepos y amenazas de confiscaciones, con un set de precios de los bienes y servicios acordes con las características de la economía y no sostenidos por discrecionalidades que han mostrado ser claramente insustentables, se podrá aspirar a obtener saltos de calidad en la creación de riqueza y en su distribución.