"El manejo del posconflicto será vital"

En diálogo con la revista DEF en Bogotá, Antonio Navarro, el dirigente colombiano ex comandante del grupo M-19 y artífice de la transición colombiana, se refiere a los avances en el proceso de paz con las FARC y a los desafíos que enfrenta Colombia en materia de seguridad pública

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La conversación con Antonio Navarro Wolff, ex dirigente del M-19, uno de los artífices de la Constitución de 1991, y ex gobernador del departamento de Nariño, se realizó un día después del anuncio, en La Habana, del acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, sobre el segundo punto de las negociaciones de paz, referido a la participación en política de los ex guerrilleros cuando dejen las armas, en unas negociaciones que se rigen por la norma según la cual "nada está acordado hasta que todo esté acordado".  Este hecho, definido por Navarro Wolff como "histórico", marca la nueva agenda política colombiana, de cara a las elecciones presidenciales de 2014, en la cual el presidente Santos se presentaría para la reelección, al tiempo que Oscar Iván Zuluaga, el candidato respaldado por el ex presidente Álvaro Uribe Rueda, representará a quienes se oponen rotundamente a las negociaciones de paz.

Cuando se empieza a vislumbrar una luz al final del túnel del largo conflicto armado colombiano, Navarro Wolff, una de las voces con más autoridad en la materia, habló sobre el futuro y sobre los principales temas de la agenda política que viene.

El tema de la seguridad ciudadana es el principal problema sentido por la población urbana. Ha desplazado al tema del conflicto armado, y está por encima de otras preocupaciones. En esto no hemos avanzado lo suficiente en las reflexiones sobre lo que hay que hacer.

Este es un país donde la extorsión es el delito. Medellín, por ejemplo, no logra resolver los problemas de extorsión que vienen de hace muchos años, no es el microtráfico, es la extorsión, el control territorial para conseguir dinero brindando seguridad ilegal, y eso pasa en muchas regiones de Colombia. El año pasado Los Urabeños, una banda criminal, decretó un paro armado que cerró todos los comercios de la ciudad de Santa Marta. Así está extorsionando también la guerrilla en algunas regiones. En Arauca, en la frontera con Venezuela, ni siquiera pintan los negocios, porque si los pintan, le suben la cuota, y la ciudad parece abandonada. Medellín no logra superar lo que fue el Cartel de Medellín, que jerarquizó y armó bandas de delincuentes comunes a quienes cohesionaba y les daba tareas. No se ha encontrado una fórmula eficaz para superar esto. Lo mismo pasa en donde operó el Cartel de Cali, y donde operaron los paramilitares. Para Colombia, este es un tema de mucha importancia.

¿El acuerdo con las FARC puede terminar agravando esta problemática de la seguridad ciudadana?

La experiencia de 25 años muestra que el manejo del posconflicto es vital. Si comparamos el posconflicto del M19 con el de los paramilitares, en el caso nuestro, 95% se incorporó a la vida civil y mantuvo su palabra de retirarse de toda actividad armada. Esto está ligado al éxito político que consiguió el M19, a la presencia de los mandos cerca de su gente. En el caso de los paramilitares, que eran estructuras organizadas con gente pagada, los jefes fueron puestos presos y extraditados, y más de la mitad de los excombatientes  se volvieron a movilizar en las bandas criminales conocidas como Bacrim.

Lo que puede suceder con las FARC y el ELN depende mucho del manejo del posconflicto. Hay que hacer tres cosas: primero, que no quede ninguna región sin presencia integral del Estado, que incluya a miembros de las guerrillas desmovilizadas que se incorporen a unas instituciones de fuerza pública especiales para esas regiones. Segundo, que no quede ninguno de los ocho o diez mis guerrilleros sueltos, todos deben quedar vinculados, contratados, pagados, en programas de diversa naturaleza, y tercero, que los acuerdos se sostengan en el tiempo, que no venga un gobierno que los desconozca  o que una autoridad judicial internacional intervenga para poner en entredicho los acuerdos. Si las tres cosas se cumplen, es el comienzo de una solución a la violencia en Colombia.

Colombia ha sufrido tanto porque la violencia política, que es más fuerte y organizada, fue generando un clima que permitió el surgimiento de otros tipos de violencia. La disminución de la violencia política bien manejada es el comienzo para empezar a desatar el ovillo de las otras violencias, sobre todo la rural.

Por eso, el acuerdo de paz, más que un riesgo, es una oportunidad, pero no veo suficiente preparación para ese posconflicto. Muy a la colombiana, estamos dejando todo para última hora, mucha preocupación por la negociación pero muy poca para el posconflicto. Esto tiene que ser desde el día uno, desde el momento en que se desmovilicen tiene que haber una acción de presencia estatal en el territorio, incorporación de los guerrilleros a programas de diversa naturaleza, porque si dejamos un lapso de tiempo, nos pasa lo del marido, que se fue de la casa, y cuando quiso volver, la señora le dijo que otro ocupaba su lugar.

Esa es la historia de 25 años en Colombia, donde ha habido desmovilizaciones sin una presencia estatal que llene los vacios y otros los han ocupado, así que es esencial la preparación del posconflicto.

El M19 fue una organización política e hizo un acuerdo político. En el caso de las FARC ¿hasta qué punto está el componente del narcotráfico?

Yo creo que las FARC siguen siendo una organización esencialmente política, aunque la  incidencia del narcotráfico es mayor. El diseño actual del proceso es inteligente, porque le da mucha importancia al tema rural,  que fue el primer punto de las negociaciones, y el establecimiento de circunscripciones especiales para la Cámara de Representantes. Es necesario sintetizar las experiencias de diversos programas de desarrollo rurales, sustitución de cultivos de coca, programas de desarrollo y paz, y vincular los ex guerrilleros a programas estatales.

Para ello, el papel de los líderes es muy importante. Separar los mandos medios de la base es un error.  Una guerrilla es una comunidad primitiva que tiene 995.000 años de existencia en el ser humano. Solo en los últimos 5000 años llegó la civilización, pero debajo de la piel está la comunidad primitiva. Lo más difícil para el M19 fue que la gente se volviera a sus casas, no se querían ir, querían seguir viviendo en comunidad primitiva. Esas estructuras hay que mantenerlas, cumpliendo funciones de una naturaleza distinta, es parte del diseño del posconflicto, para que esas estructuras no se dispersen o se vinculen a actividades criminales.

Como gobernador de Nariño, una de esas zonas complejas, aprendí más que en todos los años de conflicto armado de cómo es el conflicto hoy. Encontré que las Bacrim  son más fáciles de desarticular que la guerrilla, porque son bandas que tienen la lógica de la delincuencia común. En cambio la guerrilla no.

¿Cómo está la disciplina de las FARC?

Alta. Hay un antecedente: el año pasado decretaron una tregua unilateral por dos meses, y de acuerdo con un seguimiento de la tregua realizado por un instituto de la Universidad Javeriana, más del 80% cumplió. Hay que darle tiempo al proceso. Los líderes naturales de las FARC, los que tenían autoridad para dar pasos largos sin que hubiera mucha discusión interna, están muertos. Esta generación no tiene la misma autoridad histórica, entonces tienen que darles tiempo para que el cuerpo de las FARC vaya digiriendo despacio, somatizando, lo que significa un proceso de conseguir pocas concesiones, muy modestas. Que acepten esas concesiones modestas, toma un tiempo.

¿Ya estamos en una agenda posconflicto?

Sí. El acuerdo sobre el segundo punto de la agenda nos da una información muy valiosa sobre la voluntad de las FARC de aceptar una negociación. Tenemos la certeza de que las FARC sí quieren hacer concesiones que son posibles.

Estamos frente a unas elecciones, en el primer semestre de 2014, en las cuales el tema central y la tarea más importante del próximo gobierno, es el manejo del posconflicto. Eso es lo que se va a decidir en 2014, cómo y quién va a manejar el posconflicto. El presidente Santos va a decir que él es el más calificado, pero nosotros también podemos decir lo mismo.

Lo que las FARC están haciendo hoy, lo hicimos nosotros hace 25 años, les llevamos 25 años de ventaja, una generación entera, pero eso no es para molestar, sino para decir que está muy bien.

¿Qué temas cobran fuerza en esta nueva etapa?

El tema de seguridad ciudadana se está volviendo una prioridad. Queremos mirar experiencias, porque los temas de seguridad ciudadana en parte están relacionados con el conflicto y en parte no. Ahora pasamos a una etapa en que las cosas son de menos nivel y se necesita más proximidad entre la autoridad y el ciudadano, darles seguridad a los ciudadanos que cooperan.

¿Qué proyecto político tiene para las elecciones presidenciales de 2014?

Las elecciones van a tener cuatro opciones: el presidente Santos y su reelección, pero que tal vez no gane en primera vuelta; el segundo en polarización es el candidato Oscar Zuluaga, apoyado por Álvaro Uribe, que tiene el 17% en la última encuesta; está el Polo Democrático, con Clara López, y nosotros, la Alianza Verde, una fuerza nueva que es la fusión del Partido Verde y Progresistas, nuestro movimiento. Probablemente vamos a hacer una consulta presidencial, en la cual yo participaría como precandidato. Si el tema es el posconflicto, creo que estoy mucho más calificado que los demás para ganar. Si sale bien, existiría una posibilidad razonable de pasar a la segunda vuelta.