Los bonos de deuda soberana han sido siempre un refugio natural de los inversores cuando las tormentas financieras golpean los mercados.
Así como en América, los bonos del tesoro americano son el refugio de los inversores cuando las bolsas caen, en Europa es Alemania el país que "da garantías" para preservar el dinero.
La crisis que afrontan España e Italia, donde la tasa de riesgo país (prima de riesgo, dicen los españoles) superó los 600 puntos, ha sido el disparador para que los inversores, ante el temor de una eventual cesación de pagos, opten por comprar bonos de la deuda alemana.
Como todo activo, cuanta más demanda tiene, su precio tiende a subir, por ende, el rendimiento o tasa de interés opera en sentido contrario.
Alemania ha obtenido un multimillonario ahorro desde que estalló la crisis de deuda en Europa, porque cada emisión de bonos tiene una sobredemanda en el mercado que lleva incluso a tener tasa negativa en el corto plazo.
Según el analista jefe de Bremer Landesbank, Folker Hellmeyer, Alemania se ahorró €60.000 millones en costos de financiación, porque la demanda de sus bonos es tan grande, que el Tesoro ofrece tasas cercanas a cero y aún así, los inversores quieren títulos alemanes en su cartera.
Quizá esto explique la fuerte oposición del gobierno de Angela Merkel a que el BCE intervenga en el mercado, porque esa solución que aliviaría la carga de España, Italia, Portugal o grecia, provocaría una subida de las tasas de interés de los bonos alemanes.
La deuda pública alemana supera el 80% del PBI, cifra muy superior al 68% que España tiene en endeudamiento del tesoro.
Mientras España pagaba un 3,6% anual por su deuda en 2010, hoy emite bonos a tasas próximas al 7%. Italia sufre las mismas condiciones, porque su deuda al 4% hoy no baja del 6%, explica el sitio especializado Finanzas.net.
Alemania, en cambio, está pagando una tasa de 1,16%, menos de la mitad de lo que pagaba hace dos años. Esto explica por qué hay tanta resistencia germana a flexibilizar el rol del Banco Central Europeo, que tendría un impacto en las finanzas públicas del país gobernado por Merkel.