Según Vanitatis, la duquesa ya no dispone del cuantioso efectivo que hace años la acompañaba en cada una de sus salidas. Ahora lo hace únicamente una tarjeta de crédito con la que, por primera vez, paga todas sus compras.
Pero la presunta ausencia de liquidez no es la única razón por la que la aristócrata ha decidido borrar la sonrisa que siempre la acompaña. Ahora también debe enfrentar la vergüenza de que sus hijos alquilen salones del Palacio de Liria para hacer fiestas privadas.
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