Un remisero se convirtió en testigo clave del cuádruple crimen en La Plata

El conductor había trasladado a una de las víctimas hasta la casa donde ocurrió la masacre. Tras conocerse los asesinatos, aseguró haber visto en el lugar al acusado

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El testigo clave en el cuádruple crimen de La Plata, el remisero Marcelo Tagliaferro, reveló nuevos detalles que apuntan directamente a Osvaldo Martínez, el único detenido por el hecho.

Tagliaferro recordó que la noche del sábado trasladó al lugar a una de las cuatro víctimas, Marisol Pereyra (35), y fue recibido por Martínez, quien le habría dicho: "Flaco andate que ella se va tomar otro remís y se va quedar con nosostros tomando mate".

El remisero indicó además que "está en un 90% convencido que fue el asesino" quien lo recibió en la puerta del domicilio ubicado sobre la calle 28, en La Plata.

En su defensa, el sospechoso había dicho que la noche del crimen se encontraba en su casa y no en el lugar donde se produjo la masacre.

Sin embargo, Tagliaferro afirmó que su auto tiene los rastros de las huellas digitales del único imputado en la causa.

"Yo sabía que el auto tiene una huella digital cuando tocó él auto, por eso le avisé a las autoridades", explicó el chofer del vehículo en declaraciones a la prensa.

En el marco de la investigación también se esperan los resultados de los análisis realizados sobre un palo de amasar ensangrentado y una cuchilla, para saber si son las armas homicidas.

También son peritadas muestras de sangre encontradas en las uñas del sospechoso y huellas de calzado en la escena del crimen, así como otras que aparecieron en el auto de Martínez.

Las últimas horas de Marisol Pereyra

El destino le jugó una mala pasada a Marisol Pereyra cuando el sábado último estuvo en el momento y en el lugar menos indicado, y se convirtió en la cuarta víctima de la masacre de La Plata.

El remisero Marcelo Tagliaferro explicó que esa noche Pereyra lo llamó para que la pasara a buscar por su trabajo y luego la trasladó por distintos lugares de la capital bonaerense antes de llevarla a la casa ubicada sobre la calle 28, donde hacia la medianoche se produjeron los asesinatos.

"Lo único que quiero es dormir hasta las nueve de la mañana (del domingo)", le dijo la víctima al conductor durante el viaje a su casa, ubicada en la intersección de la 143 y la 62.

Sin embargo, al llegar a su vivienda, Pereyra llamó a su ex marido para que cuide a sus hijas porque había decidido salir, pero ante la negativa de éste, la mujer optó por comunicarse con su madre para dejarle a las niñas.

Luego, volvió a comunicarse con Tagliaferro para que la pasara a buscar. "Vamos al teatro. Canta una amiga y la quiero escuchar", le dijo al remisero, quien la dejó en ese lugar y se fue a cargar combustible.

Minutos después, Pereyra volvió a comunicarse con el chofer y le explicó que no pudo ingresar al evento porque llegó tarde y se lamentó: "Esta no es mi noche".

En el viaje de regreso a su casa, al pasar por los Tribunales, la mujer recordó a su vieja amiga Susana Bárttole, a quien no veía desde hace tiempo cuando trabajaban juntas en la Cámara Penal y decidió visitarla.

"Vamos para allá", le indicó al remisero, luego de comunicarse desde su celular con Bárttole, madre de Bárbara Santos y abuela de Micaela, quienes fueron asesinadas esa noche.

Al llegar al lugar, Pereyra se bajó del auto y le dijo al chofer que la esperara, porque le mencionó que "Barbara sale con un tipo que es un poco violento". Cuando tocó timbre, la mujer fue recibida por Martínez, según el testimonio del remisero, quien agregó que esa fue la última vez que la vio con vida.

Al otro día, enterado de lo ocurrido el remisero revisó su vehículo y encontró rastros de sangre que le dejó el supuesto asesino al pedirle que se vaya del lugar donde había dejado a Marisol. "Quiero que ese hijo de p... esté en cana", manifestó con dolor.