La extravagante ceremonia, celebrada en Puttaparthi, en el sureste del país, comenzó con una salva de disparos. El oficio estuvo a cargo de 18 sacerdotes vestidos con túnicas color azafrán, quienes ungieron el cuerpo con aceite, flores, orina de vaca y agua de nueve ríos sagrados.
Una oleada de devotos se citó en las afueras del ashram -lugar de meditación hinduista- donde Sai Baba fue enterrado bajo el altar desde el cual oficiaba sus oraciones.
A pesar de que la incineración es el método funerario habitual en el hinduismo, el gurú fue enterrado de acuerdo con las prerrogativas que reciben los jefes espirituales. Su tumba se llenó, después, con tierra, sal, oro, plata y piedras preciosas, y junto a ella se instaló una imagen suya.
La ceremonia fue transmitida en directo por televisión y, en Puttaparthi, ciudad natal del guía espiritual, se instalaron pantallas gigantes para que sus devotos pudieran seguir el funeral. Luego, el lugar se abrió al público y se formaron largas colas de seguidores para ver la sepultura, que probablemente se convertirá en un importante lugar de peregrinación.
Sai Baba, de 85 años, falleció el domingo en un hospital, donde llevaba más de tres semanas hospitalizado en estado crítico por problemas cardíacos, pulmonares y renales.