Haití: desesperada entrega de agua y comida en medio del caos que dejó el terremoto

Mientras la ayuda internacional llega desde el aeropuerto a Puerto Príncipe, hay carencia de vehículos y personal para distribuirla en los barrios marginados. Allí los saqueos a los comercios y hasta a los cadáveres no cesan. Piden "mejor coordinación" a los países

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 AP 162
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Mientras la comida, el agua y otras formas de ayuda comenzaban a llegar a Haití en grandes cantidades, los esfuerzos internacionales de asistencia reñían entre sí mientras luchaban por llevar esas provisiones desde el atiborrado aeropuerto a los sobrevivientes hambrientos y demacrados.


El gobierno de Haití por sí solo ya ha recuperado

20.000 cuerpos, sin contar aquéllos recuperados por sus familiares o los organismos independientes, dijo el primer ministro haitiano Jean-Max Bellerive a The Associated Press. Dijo que un saldo final de 100.000 muertos "parecería ser lo mínimo

".



Había escasas señales de ayuda en la ciudad cuatro días después del sismo y muchas señales de que los desesperados ?y los delincuentes? estaban tomando la delantera.



Un conductor de un camión de agua dijo que fue atacado en uno de los barrios precarios de la ciudad. También había informes de saqueos aislados, con jóvenes que caminaban por el centro con machetes. Un grupo de ladrones presuntamente mató de un disparo a un hombre que quedó tirado en la calle.



"No sé cuánto tiempo más podemos aguantar", dijo Dee Leahy, un misionero laico de San Luis, Misurí, que repartía provisiones junto a un grupo de monjas. "Necesitamos comida, necesitamos insumos médicos, necesitamos medicamentos, necesitamos vitaminas y necesitamos analgésicos. Y los necesitamos urgente".


Las tareas de ayuda se topaban con caminos bloqueados, la congestión del único aeropuerto, falta de equipamiento y otros problemas. Los soldados de la fuerza de paz de la ONU que patrullan la capital dijeron que la gente se mostraba cada vez más enojada y advirtieron a las caravanas de ayuda que llevaran seguridad adicional ante el riesgo de saqueos.



"Por el momento no se puede llevar nada por aire a Puerto Príncipe. El aeropuerto está totalmente congestionado", dijo el portavoz de la Cruz Roja Internacional Paul Conneally a The Associated Press vía telefónica desde Santo Domingo.


Conneally dijo que la caravana llevaba un hospital de campaña de 50 camas, equipos quirúrgicos y una unidad de telecomunicaciones. En Ginebra, el vocero Matthew Cochrane dijo que dos hospitales de campaña más grandes llegarían en las próximas horas.



El ejército estadounidense, que se encuentra operando el dañado y saturado aeropuerto principal de Haití, dijo que actualmente puede manejar unos 90 vuelos por día, pero que resultaban insuficientes para cubrir con todos los aviones que están siendo enviados por donadores extranjeros y gobiernos, por lo que ha pedido que algunos envíen su ayuda por tierra desde la vecina República Dominicana o por mar.


El ministro de Cooperación de Francia, Alain Joyandet, dijo a The Associated Press que él había entregado una queja oficial al embajador de Estados Unidos después que oficiales norteamericanos a cargo del aeropuerto de la capital haitiana le negaron permiso a dos aviones franceses para aterrizar. Uno de los aviones estaba llevando un hospital de campaña y el otro debía evacuar a ciudadanos franceses.



Mientras aumentaban las señales de tensión y cuellos de botella en el aeropuerto internacional, el presidente de Haití, René Preval, imploró el sábado a los donadores internacionales que coordinen mejor sus esfuerzos de ayuda y los exhortó a que no riñan.


"Esta es una situación sumamente difícil, así que debemos mantenernos tranquilos para la coordinación y no acusarnos entre nosotros", dijo Preval a reporteros después de reunirse con el embajador estadounidense y otras autoridades.



El mandatario haitiano habló desde un cuartel de policía ruinoso que es utilizado como su oficina principal temporal debido a que el Palacio Nacional y muchos ministerios quedaron destruidos.



Respondiendo a las quejas sobre el papel estadounidense, el embajador norteamericano Kenneth Merten insistió en que su país estaba en Haití para ayudar. "Estamos aquí para ayudar... No estamos de ninguna manera tomando el control" del país, dijo Merten a la AP después de su reunión con Preval.

 

Una "carrera contra la muerte"

El Comando Sur de Estados Unidos dijo que tiene 24 helicópteros en misiones de ayuda ?muchos de los cuales parten de buques anclados frente a la costa_, con 4.200 efectivos en el terreno y 6.300 más que arribarían el lunes.


La vocera de la ONU, Elizabeth Byrs dijo a la BBC que el terremoto de Haití fue "uno de los desastres más grandes que hemos debido enfrentar".



La Cruz Roja calcula que entre 45.000 y 50.000 personas murieron por el terremoto de magnitud 7 del martes. Los trabajadores enterraban cuerpos en tumbas colectivas, pero numerosos cadáveres seguían en las calles y aún se veían extremidades que sobresalían entre los escombros de escuelas y hogares.


Otros cuerpos terminaron amontonados en camiones el viernes para luego ser quemados en las afueras de la ciudad. Los pobladores se ponen pasta de dientes en las fosas nasales y ruegan por mascarillas para no sentir el olor.



"Si el gobierno aún existe y Naciones Unidas anda por aquí, espero que nos puedan ayudar a sacar los cuerpos", dijo Sherine Pierre, una estudiante de comunicación de 21 años que perdió a su hermana al derrumbarse su casa.



Se estima que un tercio de los nueve millones de haitianos necesitarían ayuda. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que el Programa Mundial de Alimentos repartía galletas de alto contenido energético y comidas listas para consumir a unas 8.000 personas "varias veces por día".

"Obviamente, es sólo una gota en el mar ante la enorme necesidad, pero la agencia irá incrementando (la ayuda) para alimentar a alrededor de un millón de personas en 15 días y a dos millones de personas en un mes", dijo.



La Organización Mundial de la Salud dijo que el sismo destruyó ocho hospitales en Puerto Príncipe. Milero Cedamou, un haitiano de 33 años dueño de un pequeña compañía de reparto de agua, llevó dos veces su camión tanque a un campamento de gente sin hogar, donde cientos se arremolinaron a su alrededor con baldes de plástico.


"Esta es una crisis de una magnitud indescriptible, es normal que todos los haitianos ayuden", dijo. "Esto no es caridad". Equipos médicos extranjeros armaron hospitales improvisados para atender a los heridos más graves. Sin embargo, el tiempo se acababa para la gente que puede estar atrapada bajo los escombros.