Un enamorado comunista le rompió el corazón a la hija del Duce

Las cartas entre Edda, la hija mayor del dictador fascista italiano Benito Mussolini, y un activista comunista llamado Leonida Buongiorno fueron publicadas esta semana. El romance se mantuvo en secreto por años

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Todo empezó durante el exilio obligado de Edda en la isla mediterránea de Lípari cuando era ya la viuda del ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, el conde Galeazzo Ciano

.



Fue el pripio Duce quien ordenó el fusilamiento de su yerno Galeazzo Ciano, al no perdonarle que votase su destitución al frente del fascismo italiano el 19 de julio de 1943.



El libro donde se expone el "romance prohibido" se titula "Edda Ciano y el comunista. La inconfesable pasión de la hija del Duce" 

y cuenta cómo la hija del dictador conoció al activista comunista una vez que su padre ya había sido fusilado.



Así la terraza de la casa La Petite Malmaison se convirtió en el lugar del primer encuentro amoroso de la pareja, donde

él le recitó versos de La Odisea durante los nueve meses que Edda pasó confinada.

Entonces cuando se intensificó la relación epistolar entre ambos, con cartas que con el paso de los años se irían espaciando cada vez más.



"Querido amigo, si vuestros compromisos políticos y vuestras distracciones del domingo os lo permiten, ¿podríais ser tan cortés de venir a hacerme una visita?",

decía una de las cartas enviadas por la hija del Duce.


El autor del libro, el periodista italiano Marcello Sorgi, tuvo acceso a las cartas gracias a que fueron conservados en el armario de un hijo de Leonida Buongiorno.



"

Conocí a Ellenica (apodo de la hija de Mussolini) una tarde. Al final de una violenta manifestación por las calles del pueblo (...). Me pareció una golondrina herida con las alas quebradas", decía el comunista en uno de los textos.

Según relata el libro, una vez Edda abandonó la isla ambos tuvieron al menos dos encuentros más en Lípari y uno en el norte de Italia;

pero luego Buongiorno decidió casarse con otra mujer y ella quedó destrozada.


Pasado el tiempo,

cuando Buongiorno y la hija de Mussolini rondaban los 70 años se volvieron a encontrar en Lípari y él la llevó, según el libro, al mismo lugar en el que tuvieron ese primer encuentro de amor furtivo.