¿Quién no recuerda la célebre novela del Checo M. Kundera, La insoportable levedad del ser, cuyo protagonista Tomás, ha perdido las esperanzas de mejorar, lo invade la fatiga y el tedio y su autoestima se ve en jaque?
El síndrome de burnout, es también llamado Síndrome de Tomás en referencia a este personaje y a las viscitudes por las que atraviesa en su coyuntura vital.
El burnout se traduce como "estar quemado". Es un síndrome descrito inicialmente por Herbert Freudenberger en 1974, quien observó en la mayoría de los voluntarios que trabajan en su clínica de Nueva York, luego de algunos años, "una sensación de fracaso y una experiencia agotada que resulta de una sobrecarga por exigencias de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador.
Las causas que llevarían a una persona a este estado serían las situaciones estresantes en el contacto directo con el sufrimiento humano, la enfermedad, el dolor o la muerte.
El concepto, que en un principio se pensaba como una patología que experimentan profesionales del campo asistencial (médicos, enfermeros, psicólogos, entre otros) luego de varias investigaciones se ha extendido a profesiones y actividades laborales diversas (empresarios, profesores y más), incluso se ha observado frecuentemente en estudiantes cuyo nivel de exigencia es elevado.
Este cuadro se da generalmente en personas "adictas al trabajo", altamente calificadas, comprometidas e implicadas en sus tareas, cuyos intereses profesionales suelen estar por encima de relaciones familiares, amistades, y del ocio. Como consecuencia de ese ciclo, se ve altamente afectado el rendimiento laboral.
Algunos de los síntomas más frecuentes son: desánimo, agotamiento y hastío, baja autoestima, desesperanza, pesimismo, sensación de fracaso, falta de motivación. Asimismo, se experimenta un cansancio físico, fatiga, dolores de espalda y una tendencia a frecuentes procesos gripales, cefalea, trastornos gastrointestinales y del sueño.
¿Cómo tratarlo? El primer paso es detectarlo en base a los síntomas más frecuentes. Luego, requiere de un tratamiento específico que apunte a un mejoramiento de la autoestima y las relaciones interpersonales. Hay que poder tomar los momentos de crisis como tiempos de caos, pero es de este que debemos darnos la oportunidad para el cambio.
Licenciada Laura Squillario. MN 37.642. Teléfono: 15.6125.4261. E-mail: lsquillario@psi.uba.ar
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