Con 293 goles en su haber, el paraguayo Arsenio Erico, un histórico del Independiente de las décadas 30 y 40 sigue siendo el máximo artillero de la historia del fútbol argentino.
En la segunda temporada que más tantos marcó, la de 1938, ocurrió un hecho muy particular. En el primer tiempo del partido frente a Lanús convirtió dos goles y llegó a 43 en la tabla de posiciones del campeonato.
De esa manera se ganaba el premio de una compañía tabacalera, que producía el cigarrillo ?43?, la cual reconocía ?según publica el sitio ciengoles.com.ar- al jugador que llegara a esa marca. Ni un gol más, ni un gol menos.
Así fue que, en el complemento de dicho encuentro, Erico se dedicó a pasarle la pelota a sus compañeros, pero sin patear al arco. El encuentro terminó 8 a 2 a favor de Independiente, que se coronó campeón por primera vez en el profesionalismo.
En esa temporada el delantero paraguayo disputó 30 partidos y convirtió la ansiada marca de 43 tantos, lo que significa un promedio de más de un gol y medio por encuentro (1,56, más precisamente).
Así fue su carrera casi de punta a punta y eso también se refleja en los números. Erico -o ?Saltarín Rojo?, el ?Hombre de Goma?, el ?Paraguayo de Oro?, tal como se lo conocía en esos tiempos- anotó 293 goles en 332 encuentros y terminó como goleador de tres torneos consecutivos del fútbol argentino: 1937, 1938 y 1939.
Admirado por Alfredo Di Stéfano, Erico era un gran jugador pero no estaba solo en Independiente: formó una de las delanteras más potentes de la historia junto a José Vilarino, Vicente De La Mata, Antonio Sastre y Juan José Zorrilla.
Llegó a la Argentina después del estallido de la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia y en calidad de acompañante de una gira del equipo de la Cruz Roja. Se probó y enamoró a dirigentes de River e Independiente, sencillamente. Pero los de Avellaneda ganaron la pulseada y la nueva joya debutó, con 17 años, el 6 de mayo de 1934, ante Boca.
Allí jugó de corrido hasta 1946, salvo una breve interrupción en 1942. Se retiró del fútbol argentino en el 47 con la camiseta de Huracán, club en el que disputó apenas siete partidos sin poder convertir un gol.
Luego siguió dos años más en su tierra natal, alternando en sus funciones de jugador y entrenador. Murió en Buenos Aires el 23 de julio de 1977 a consecuencia de un paro cardíaco.