Las manifestaciones, en algunas de las cuales hubo violentos disturbios con la policía, constituyen una reacción frente a la conducta del socialista Ferenc Gyurcsany, quien admitió que ha mentido para ganar las elecciones de abril pasado.
La agencia italiana ANSA informó que esta noche se reunieron más de 15.000 personas en la protesta, bajo la vigilancia de unos 600 policías.
Anoche, cientos de manifestantes, en su mayoría pertenecientes a círculos de extrema derecha, intentaron asaltar la sede del Partido Socialista Húngaro (MSZP) pero la policía los dispersó con gases lacrimógenos, mientras recibía una lluvia de botellas y otros objetos contundentes.
La difusión de un video secreto en el que el premier reconoció haber mentido "mañana, tarde y noche" para ganar las elecciones de abril pasado desató los peores disturbios en Budapest desde la caída del comunismo, en 1989, con casi 200 heridos y 137 detenidos en dos días de crisis, según cifras oficiales.
En la primera jornada de violencia, manifestantes atacaron y tomaron el lunes durante algunas horas el edificio del canal de televisión estatal y protagonizaron choques con la policía.
Sin embargo, Gyurcsany, un millonario de 45 años, afirmó que no dejará su cargo y que seguirá adelante con sus resistidas medidas de austeridad económica.
La policía capitalina dijo que los desórdenes fueron causados por un grupo de entre 2.000 y 3.000 hinchas de fútbol violentos que se mezclaron entre los manifestantes pacíficos.
Pero Gyurcsany, cuya popularidad cayó del 40 al 25 por ciento tras implementar medidas de ajuste, responsabilizó ayer de los disturbios al principal partido opositor, Fidesz, cuyo líder, Viktor Orban, calificó ayer de "ilegítimo" al actual gobierno y de "mentiroso patológico" al premier.
"Me temo que esos partidos políticos que podrían haber detenido esto, no tomaron las medidas que habíamos discutido en el Parlamento", dijo el primer ministro.
Fidesz y sus aliados democratacristianos son los principales partidos opositores en el Parlamento.