¿Es Dios el resultado de la actividad cerebral?

La neuroteología es una disciplina que estudia la neurología del sentimiento religioso y la espiritualidad. Plantea el debate sobre la posibilidad de que Dios exista por fuera de la esencia humana o si sólo se trata del resultado de un mecanismo mental producto de la evolución del hombre

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Investigaciones científicas han comprobado que ciertas zonas del cerebro presentan una particular actividad cuando se experimenta una experiencia religiosa, lo cual abrió el debate sobre la existencia de Dios a nivel fisiológico.

Según afirma el Doctor en Ciencias Físicas Mario Toboso, de la Universidad de Salamanca, desde el punto de vista neurológico es en la corteza prefrontal del cerebro en donde actúa la ?conciencia cognitiva?, que se encarga del conocimiento intencional de los objetos.

Esta parte del cerebro se conecta, mediante fibras, con muchas otras áreas corticales y subcorticales. Por eso, debido a esta profusa y fluida comunicación, se cree que la función principal de la corteza prefrontal es la de integrar todos los mecanismos (emocionales, sensoriales, motores, etcétera) que intervienen en la separación sujeto-objeto que permite el conocimiento objetivo.

Sin embargo, la dualidad entre el objeto y el sujeto puede llegar a desaparecer en dos ocasiones: durante el sueño, cuando la actividad prefrontal cae por debajo del umbral mínimo, y durante las experiencias de conciencia pura, en las que el umbral se eleva en el estado de vigilia, y que están ligadas a la ?evidencia de lo Real? en Oriente. En estos casos, el ?yo? trasciende sus límites y se funde con el mundo que lo rodea.

Neuroteología: el cerebro durante la meditación

En los últimos años se han realizado estudios neurológicos en voluntarios durante momentos de meditación religiosa. Y se comprobó que, cada vez que se extingue ese ?yo? individual, distintas zonas del cerebro se ponen en funcionamiento. Así surgió la neuroteología, que tiene a James Austin como a uno de sus principales exponentes.

La neuroteología es la disciplina que estudia la neurología del sentimiento religioso y la espiritualidad, y que implica el incremento y el descenso de la actividad en diversas regiones cerebrales.

Mediante la tomografía computada, se conoció que durante los momentos de meditación se produce una actividad inusual en uno de los sectores de la corteza prefrontal, mientras que caen notablemente los movimientos en la zona del cerebro encargada de la ubicación espacio-temporal.

¿Dios existe en la mente?

Todo este tipo de investigaciones generó un fuerte debate, relacionado con la presencia de Dios a nivel físico. Algunos afirman que la neurobiología es la prueba fehaciente de que Él creó a los seres humanos, y que dejó en su cuerpo una huella de su presencia para que éste pueda conocerlo y alcanzarlo. Por ende, existiría más allá de los hombres y en cada uno de ellos.

No obstante, otros aseguran que, en realidad, estos estudios dan cuenta de la inexistencia de Dios, ya que sólo se trataría de una respuesta a una actividad cerebral que surge en determinadas condiciones. Así se confirmaría que el hombre es el resultado de un proceso evolutivo, y sus creencias derivarían de su propio desarrollo para superar las dificultades y lograr la supervivencia de la especie.

Para Toboso, ambas posturas caen en un error: el querer entender a Dios como un ?objeto? externo, que podría derivarse (o no) de la actividad cerebral. Por eso, para abordar este tema tan complejo, prefiere tomar a la investigadora Anne Runehov, de la Universidad de Upsala. Ella afirma que es un despropósito reducir las experiencias místicas a la neurociencia, ya que simplemente se trata de un enfoque del asunto como cualquier otro que podría provenir, por ejemplo, de la sociología, la ética o la psicología. Por eso, propone un análisis multidisciplinario, para no caer en un reduccionismo neurológico fácil y pobre.

Fuente: Tendencia21.net

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