Polonia elige hoy un nuevo presidente

La diferencia porcentual entre el líder nacionalista conservador Lech Kaczynsky y el liberal Donald Tusk es mínima. Los medios polacos descuentan una segunda vuelta electoral

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(EFE)-

La carrera hacia la presidencia de Polonia se perfila como una intensa lucha entre el líder nacionalista conservador Lech Kaczynsky y el conservador liberal Donald Tusk.



La diferencia entre los dos es de unos pocos puntos porcentuales, según la agencia de noticias DPA. Con este panorama, los medios polacos aseguran que ningún candidato vencerá en el día de hoy y que todo se definirá en una segunda vuelta electoral.


Alrededor del 20 % del electorado había acudido a las urnas a mediodía de hoy para votar en las municipales portuguesas, según Nuno Godinho Matos, portavoz de la Comisión Nacional de Elecciones (CNE).



En Lisboa, la circunscripción con mayor número de electores (algo más de medio millón), a esa misma hora había votado únicamente el 15 % del censo, aunque en ciertos centros electorales comenzaban a formarse colas, según el portavoz.



La apatía de los ciudadanos, según las informaciones que llegan desde los diferentes distritos portugueses, parece ser la tónica de la primera parte de la jornada, que algunos comentaristas relacionan con la llegada de las lluvias a un país que sufre una severa sequía desde hace meses.



Más de 8,7 millones de portugueses tienen que elegir a 43.393 representantes del poder local, en los 303 municipios y 4.260 "freguesías" (circunscripción equivalente a la parroquía) de todo el país.



Las elecciones presidenciales que hoy se celebran en Polonia confirmarán, según todos los pronósticos, el giro a la derecha que dio el país con los comicios legislativos de hace dos semanas, de los que resultará un Gobierno de coalición liberal-conservador.



Se trata de una reacción lógica después de cuatro años de una gestión de la izquierda caracterizada por escándalos de corrupción e incumplimiento de muchas promesas, entre ellas, la de liquidar el paro que todavía afecta a casi el 18 % de la población, el más alto de la Unión Europea (UE).


 

Pero los polacos optarán, sin embargo, por un giro a la derecha moderado, pues tanto en las parlamentarias de hace quince días como en las presidenciales se intentó deliberadamente restar protagonismo a los radicales, nacionalistas, integristas católicos y xenófobos.



Esa voluntad de moderación limitó la convocatoria de hoy a la elección entre dos candidatos: el liberal Donald Tusk, líder de la Plataforma Cívica (PO) y el conservador Lech Kaczynski, del partido "Ley y Justicia" (PiS).



Aunque ambos comulgan con los valores de la derecha, los dos son moderados en sus apreciaciones de cómo deberá cambiar Polonia.



Tusk recalcó en varias ocasiones que el actual presidente, Aleksander Kwasniewski, hizo muchas cosas buenas y Kaczynski reconoció que en los tiempos del comunismo la cultura se desarrollaba muy bien y que él, personalmente, tenía amigos y colaboradores que habían sido comunistas.



Los polacos, que hacen apenas dos semanas eligieron el nuevo parlamento, tendrán hoy otra cita electoral para elegir el próximo presidente de la República.


 

La participación en las elecciones que se celebran hoy en Polonia, está siendo ligeramente superior que en las parlamentarias de hace dos semanas.



Según el presidente de la Comisión Electoral Nacional, Ferdynand Rymarz, cuatro horas y media después de la apertura de los colegios electorales habían votado 2,4 millones de polacos de los 30 millones que integran el censo electoral, lo que supone el 8,19 % del total, frente al 7 % en las parlamentarias.



La diferencia es, sin embargo, pequeña y hace temer que la participación no llegará al 50 % y será la más baja en la historia de las elecciones presidenciales en Polonia.



En los comicios legislativos del pasado día 25 la abstención llegó al 60 por ciento.



Los sociólogos pronosticaron que un día espléndido, como el que hoy se vive en Polonia, podría influir de manera negativa sobre la participación, ya que una gran parte de los polacos salió de fin de semana y no regresará a sus ciudades hasta después del cierre de los colegios electorales.



La participación no influye sobre la validez de las elecciones, aunque, como señaló el presidente de la Comisión Electoral Nacional, cuantos más ciudadanos emitan su voto más legitimidad tendrá el futuro presidente para adoptar decisiones.



Si en la primera vuelta que se celebra hoy ninguno de los doce candidatos que compiten consigue el 50 % de los votos más uno, se celebrará una segunda vuelta dentro de dos semanas, el 23 de octubre, en la que competirán los dos candidatos que logren el mayor respaldo.



Los polacos, que hacen apenas dos semanas eligieron el nuevo parlamento, tendrán hoy otra cita electoral para elegir el próximo presidente de la República.



Hace dos meses, cuando comenzó la campaña electoral presidencial, 26 personas anunciaron su candidatura, pero diez de ellas no lograron registrarse en la Comisión Electoral Nacional al carecer de las 100 mil firmas de apoyo que exige la ley.



En definitiva se registraron oficialmente 16 candidatos, tres de los cuales se retiraron, entre ellos el más importante dentro de la izquierda, el ex primer ministro Wlodzimierz Cimoszewicz que renunció porque él y su familia fueron blancos de ataques virulentos y de numerosas acusaciones difamatorias.



"No pienso caer tan bajo y responder a semejantes acusaciones. Me niego rotundamente a aceptar el fango que tratan de echarme encima a mí y a mi familia", afirmó Cimoszewicz al anunciar su abandono.



También desapareció de la competición por la Jefatura del Estado el candidato de la izquierda radical, Daniel Podrzycki, muerto en accidente de tráfico cuando regresaba de Sosnowiec a Varsovia.



De los 12 candidatos restantes, entre los que hay nacionalistas xenófobos, como el joyero antisemita Leszek Bubel, ultraliberales darvinianos, como el matemático Janusz Korwin Mikke y populistas como el empresario polaco-peruano Stanislaw Tyminski, sólo dos cuentan con posibilidades de convertirse en presidente de Polonia.



Esos dos políticos son el liberal Donald Tusk, a quien los sondeos dan un 40% de los votos y el conservador Lech Kaczynski con más del 30%.



A éstos siguen, muy a la zaga, el agrario Andrzej Lepper, de discurso populista, que cuenta con el respaldo del 14% de los encuestados y el socialdemócrata, Marek Borowski que podría conseguir entre el 7 y el 8% de los votos.



Pero junto al nombre del futuro presidente lo que despierta más interés en Polonia es el índice de participación que habrá mañana domingo, un día que se anuncia de radiante sol y en el que los colegios electorales estarán abiertos durante 14 horas.



Esta vez no compiten figuras de la derecha, como Lech Walesa y de la izquierda, como Aleksander Kwasniewski, que en su tiempo dividieron a la sociedad polaca en dos grandes bandos y arrastraron a las urnas a más del 60% de los votantes.



Los contrincantes ahora son dos hombres de la derecha y con raíces en el movimiento Solidaridad que puso fin al sistema comunista en Polonia, es decir, dos hombres no enfrentados de verdad, aunque en los debates de la campaña electoral trataron de atacarse para dar más interés a sus discursos.



Esa falta de antagonismo real hace que los analistas consideren que la participación en las elecciones presidenciales rondará el 50%, la más baja registrada hasta ahora.



Eso significaría que de los 30 millones de polacos con derecho al voto podrían ir a las urnas apenas 15 millones que en la primera vuelta no darían la mayoría absoluta a ninguno de los dos candidatos más fuertes.



Si se cumplen esos pronósticos tendrá que celebrarse una segunda vuelta, fijada ya para el 23 de octubre, con los dos candidatos que logren más respaldo y entonces si podrá registrarse un importante aumento de la participación.



Los primeros resultados parciales serán dados a conocer por la Comisión Electoral Nacional el mismo domingo alrededor de las 23.00 hora local (21.00 GMT), pero habrá que esperar hasta el lunes para los resultados oficiales definitivos.



Hace dos meses, cuando comenzó la campaña electoral presidencial, 26 personas anunciaron su candidatura, pero diez de ellas no lograron registrarse en la Comisión Electoral Nacional al carecer de las 100 mil firmas de apoyo que exige la ley.



En definitiva se registraron oficialmente 16 candidatos, tres de los cuales se retiraron, entre ellos el más importante dentro de la izquierda, el ex primer ministro Wlodzimierz Cimoszewicz que renunció porque él y su familia fueron blancos de ataques virulentos y de numerosas acusaciones difamatorias.



"No pienso caer tan bajo y responder a semejantes acusaciones. Me niego rotundamente a aceptar el fango que tratan de echarme encima a mí y a mi familia", afirmó Cimoszewicz al anunciar su abandono.



También desapareció de la competición por la Jefatura del Estado el candidato de la izquierda radical, Daniel Podrzycki, muerto en accidente de tráfico cuando regresaba de Sosnowiec a Varsovia.



De los 12 candidatos restantes, entre los que hay nacionalistas xenófobos, como el joyero antisemita Leszek Bubel, ultraliberales darvinianos, como el matemático Janusz Korwin Mikke y populistas como el empresario polaco-peruano Stanislaw Tyminski, sólo dos cuentan con posibilidades de convertirse en presidente de Polonia.



Esos dos políticos son el liberal Donald Tusk, a quien los sondeos dan un 40% de los votos y el conservador Lech Kaczynski con más del 30%.



A éstos siguen, muy a la zaga, el agrario Andrzej Lepper, de discurso populista, que cuenta con el respaldo del 14% de los encuestados y el socialdemócrata, Marek Borowski que podría conseguir entre el 7 y el 8% de los votos.



Esta vez no compiten figuras de la derecha, como Lech Walesa y de la izquierda, como Aleksander Kwasniewski, que en su tiempo dividieron a la sociedad polaca en dos grandes bandos y arrastraron a las urnas a más del 60% de los votantes.



Los contrincantes ahora son dos hombres de la derecha y con raíces en el movimiento Solidaridad que puso fin al sistema comunista en Polonia, es decir, dos hombres no enfrentados de verdad, aunque en los debates de la campaña electoral trataron de atacarse para dar más interés a sus discursos.



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