Hace tres meses Oscar Ramón Beavais (50) entregó a la Editorial Dunken un diskette cargado de información que consideraba clave para los policías de la provincia de Buenos Aires.
En su monitor, Guillermo Dunken leyó: ?Los Patanegras, el principio del fin de la Policía Bonaerense? y sintió un escozor en la piel.
- Pongo este título porque la institución se está muriendo ? dijo el autor.
Beavis estaba tenso, pagó un adelanto de $500 y le prometió al director de la editorial que en el transcurso de los días siguientes haría las entregas que faltaban, tanto del libro como del dinero, un total de $2000 por una edición de 300 ejemplares. No pudo cumplir.
La obra póstuma del comisario mayor Beavais terminó siendo un mapa de su mente que mantiene encriptada la clave de su crimen.
Opacado
La foja de servicio de Beavais brilló hasta su pase a retiro. Algunos dicen que pasó a la inactividad porque ya tenía la edad necesaria, otros que una charla off de record a dos estudiantes de periodismo, que luego lo traicionaron publicando el artículo, fue el cierre negro de su carrera.
Quienes lo conocieron coinciden en que al fallecido comisario las jóvenes bellas podían sacarle lo que quisieran. En el caso de las aprendices de periodistas fueron declaraciones impactantes contra varios actores principales de la escena política actual.
Antes de eso, el hombre que en 1955 fue dado a luz en el Chaco, había pasado por varias regiones ?calientes? de la provincia de Buenos Aires e incluso agarrado la punta del ovillo en la investigación que terminó con la impactante y mediática Operación Strawberry, en la que se incautaron 2.181 kilos de cocaína camufladas en latas de pulpa de frutilla.
Era querido en los escalafones más bajos de la fuerza. Amaba y pregonaba la disciplina, los beneficios sociales y los estatutos que protegen a los ?patanegras?, el apodo con el que se conocen a los policías bonaerenses y el nombre con el que bautizó el portal que lo llenaba de orgullo: www.lospatanegras.com.ar.
Editoriales que criticaban la falta de voluntad política, consejos para hacer un buen sumario y cómo reclamar las horas extras, eran las publicaciones que llevaban su firma y que habían hecho de Beauvais un hombre de peso y con proyección dentro de la Policía. Además era uno de los pocos que no tenía antecedentes judiciales.
Corazón inestables
Los problemas del comisario retirado eran de índole afectivo. Había pasado por tres convivencias de las que le quedó el amor de dos hijos y en sólo unas semanas iba a ver la cara del tercero.
Su última concubina, una paraguaya de 19 años, lo esperó en vano en el departamento que compartían en Ramos Mejía, al que Oscar no había faltado una sola noche desde que ella quedó embarazada, ocho meses atrás.
Cuando el viernes último Beauvais se retrasó, la joven llamó a la empresa localizadora de vehículos que tenían contratada, para que ubicaran a su pareja. El automóvil estaba en la comisaría de Lomas de Zamora sin su dueño.
El comisario mayor había logrado su última conquista con esa labia que lo hizo popular desde sus épocas de cadete. Era un buen lector y le gustaba pasar horas hablando del tema que su abnegado escucha propusiera. De hecho, gente de su entorno afirma que estaba a punto de lanzarse a la carrera política en el sur del Gran Buenos Aires.
La propuesta no era descabellada. Beauvais se había desempeñado en las brigas de San Martín, Dolores, Tigre, Lomas de Zamora, Almirante Bown y La Matanza de manera ?muy operativa?, según afirman sus superiores.
En el 2000 fue designado como director de Control y Gestión de la Departamental de La Plata y un año después ascendido a subjefe Departamental. Su buen desempeño le valió el nombramiento al frente de la Departamental Dolores hasta el año pasado, que fue trasladado a La Matanza, donde logró bajar los índices delictivos de las jurisdicciones y aumentar el nivel de detenidos. Una estadística interesantes en el marco de la inseguridad del Gran Buenos Aires, que hacía relamer a políticos, dirigentes y funcionarios que lo conocían.
Llamada clave
Como en todo caso policial que merezca ser contado, existen cabos sueltos que estimulan al investigador y al lector.
El viernes en el que fue secuestrado, Beauvais hizo una llamada telefónica desde su celular a un oficial bonaerense de la ciudad de La Plata. Eran las 21 y acababa de salir de la Universidad de Lomas de Zamora, donde cursaba la Licenciatura en Seguridad.
Subió a un automóvil moderno, un modelo peligroso para pasearse de noche por el conurbano bonaerense. Pero él era comisario y no temía a los secuestros. Sin embargo ocurrió.
A las 22 fue capturado y bajado del vehículo que más tarde encontró abandonado personal de la policía de Lomas de Zamora. El auto ?hasta ese momento de dueño desconocido- fue localizado por la empresa de que mujer de Beauvais llamó cuando presintió que su hombre estaba en problemas. Los policías palpitaron un problema.
El comisario mayor apareció asesinado en un descampado de Lomas de Zamora, uno de sus bastiones. Tenía dos disparos en la cabeza y una suerte de gorra similar a la de la ilustración que había elegido para su libro.
El propio Beauvais hubiera investigado la pista que insinúa que un convicto de peso pesado en la zona sur le decretó una fatwa por meterse con su joven novia. También las vinculaciones políticas, el libro con criticas a León Arslanián y loas a Pedro Klodzyk, el misterio del narcotráfico en el Gran Bueno Aires y un marcha al palacio de Justicia platense para reclamar mejoras en la Policía que estaban impulsando desde su portal.
Lo que nadie puede explicarse hasta ahora es por qué si el móvil del crimen fue un ajuste de cuentas lo mantuvieron cautivo cinco días o si fue un secuestro no hubo pedido de rescate.