El ajedrecista norteamericano Bobby Fischer abandonó ayer Japón rumbo a Islandia, después de estar ocho meses detenido y consiguió así eludir una vez más a la Justicia de los Estados Unidos.
La genialidad y la locura de Fischer lo llevó siempre a estar al límite entre el heroísmo y la deserción.
En 1948, Estados Unidos lo mostraba como el hombre que vencería al imperio soviético, ante el liderazgo vigente de los rusos en el ajedrez.
Fisher comenzó a mostrar su grandeza torneo tras torneo donde la prensa lo mostraban como el arma contra los soviéticos.
En 1969 el ruso Boris Spassky conquistó el título mundial, la presión creció y un nuevo desafío no tardaría en llegar.
Fisher ya se había enfrentado al nuevo monarca en cuatro ocasiones, con un saldo nada favorable: dos tablas y dos triunfos soviéticos
El desafío llegó el 11 de julio de 1972, un año después de la visita de Fisher a la ciudad de Buenos Aires.
Fisher estuvo a punto de ser descalificado por llegar diez días tarde.
Para convencer a Fisher se necesitaron miles de cartas de sus admiradores y una conversación personal con el entonces Secretario de Estado, Henry Kissinger.
Ganaría el mejor de 24 partidas.
En la primera partida Spassky, con las blancas, aprovechó un error de Fisher y se impuso en 56 movimientos; para la segunda, el norteamericano no se presentó.
Así los rusos ganaban dos por cero.
En la tercera Fisher se impuso en 41 jugadas y a partir de entonces la su talento le bastó para que en sólo 21 partidas ganara el trono y se convirtiera en el primer, y hasta ahora único, norteamericano campeón mundial de ajedrez.
Pero Robert James Fisher no quiso defender el título y desapareció.
Desde ese día, sólo se lo pudo ver en competencias donde, según se dijo, participaba porque no tenía dinero para vivir.
En septiembre de 1992, aceptó participar en un encuentro de Exhibición conmemorando su memorable enfrentamiento con Spassky que había de tener lugar en la antigua Yugoslavia.
Volvió a vencer a su antiguo rival. Pero este encuentro habría de tener otras repercusiones, esta vez políticas.
En 1992, Belgrado estaba bajo el bloqueo del gobierno de los EE.UU. y la acción de Fisher fue considerada en su propio país como un acto de traición y fue puesto en la lista de fugitivos del FBI y de la CIA.
Entonces, desapareció de nuevo hasta el 2004, donde reapareció en público cuando, mientras pretendía ir a Filipinas desde Japón, fue detenido en el aeropuerto Internacional de Narita por usar un pasaporte que el gobierno de los EEUU había cancelado.
Esta semana, el ajedrecista de 62 años fue puesto en libertad y deportado a Islandia.
El tiempo sólo determinará que será del futuro de este ?genio-loco? quien calificó a George W. Bush de "criminal" y al primer ministro japonés Junichiro Koizumi como "títere de Bush".
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