Colecciones y museos privados ofrecen una serie de alternativas insólitas y diferentes para sobrellevar el verano porteño que abarcan temas tan variadas como la caricatura política, el fileteado porteño o la historia del sifón.
Casi desconocidas, estas iniciativas fueron creadas y están sostenidas por el entusiasmo y esfuerzo de verdaderos eruditos en la materia.
La variante más curiosa es, sin duda, el Club del Sifón fundado en 2001 por un grupo de coleccionistas argentinos. Luis Taube, su director, se entusiama al narrar la historia de las aguas efervecentes y las técnicas de gasificación que se iniciaron alrededor de 1600: "Mucho antes de que se que se crearan las burbujas del champagne", según señaló a Télam.
El patrimonio del Club suma seis mil piezas. Maquinarias artesanales o industriales, 3600 sifones, centenares de porta y cubre sifones, y jarras que revelan el carácter "terapéutico "de las primeras aguas carbonatadas y saborizadas con gusto a frutilla o limón que preparaban los boticarios franceses.
El intercambio con coleccionistas internacionales dotó al Club de valiosos y exóticos ejemplares. Junto a estos objetos crece un panorama de la vida cotidiana de la que se desentiende la historia con letra mayúscula.
Taube cuenta que era habitual que el sodero tuviera la llave de las casas de sus clientes, una confianza hoy impensable.
Los miembros del Club recorren el país buscando nuevos ejemplares y recopilando anécdotas, documentos y fotos cuya variedad estima infinita.
El Club del Sifón tiene su sede en calle 60 y 128, Berisso: ofrecen visitas guiadas de casi dos horas de duración. Para visitarlo basta llamar al 0221-428449, consultar la página del club o info@clubdelsifon.com.ar.
Fileteado
El Museo Manoblanca tiene nombre, locación y destino tan porteño como el tango. Está dedicado al fileteado y a los fileteadores que crearon una ornamentación que reconoce estilos, técnicas y caligrafías que dieron lujo y primor a las carrocerías porteñas.
Y el fileteado dio ocasión tambien al humor y a la filosofía que Jorge Luis Borges llamó los "costados sentenciosos" de la ciudad.
El fileteado es una creación compleja y rica en invención, de la que se enorgullecen los argentinos: difiere del carretto siciliano o de las decoraciones de Costa Rica, México o Brasil.
Es un arte esencialmente proletario, pictórico, ilusionista, caligráfico ("esgrótico") fundado en la admiración popular ante los roleos art-nouveau de las cerámicas, vidrios esmerilados o hierros forjados de las casas patricias de fines del siglo XIX.
Estos modelos prestigiosos inspiraron el deseo de humildes comitentes (dueños de carretelas, jardineras, charrés, mateos, cabriolet, camiones, colectivos y la creatividad de los maestros fileteadores que trabajaban en las carrocerías de los hermanos Brunetti, Carassai, Erdocia, La Véneta, Pascarella y La Lucchese, entre otras.
Manoblanca se hace cargo de la historia entrañable del fileteado porteño. Sus colecciones recogen los primores de los maestros Carlos Carboni, León Untroib, Martiniano Arce, Roberto y Carlos Rigon, Alfredo Brunetti y tantos otros que desovillaron firuletes, ornatos, bandas,sentencias y decoraciones pródigas en naturalezas muertas, flores, paisajes, quimeras, dragones, perlas, retratos de Carlos Gardel.
El Museo Manoblanca está en Tabaré 1371, Pompeya (4918-9448) o en manoblanca@ciudad.com.ar.
La casa del Zorzal
A modo de cierre, la Casa de Carlos Gardel (Jean Jaurés 535) propone un recorrido a la casa que el Zorzal compró a doña Berta Gardés, su madre.
La casa-museo fue restaurada con respeto al trazado original: se exhiben alí documentos, objetos, fotografías, partituras y material discográfico que recrean la vida y mito de Gardel.
Una leyenda persistente señala que, en la próxima cuadra de Jean Jaurés, Gardel tuvo charla compartida -entre otras damas- por Azucena Maizani.
El frente del Museo Carlos Gardel está pintado sobriamente de ocre claro. Pero las casas lindantes y vecinas han sido invadidas felizmente por la gracia lineal de fileteadores contemporáneos.
Clubes, museos o colecciones privadas trazan un panorama de alternativas insólitas que deben aprovechar los locales o visitantes que aman a Bueos Aires a pesar de los rigores del verano porteño.