Nicolás sobrevivió al incendio de la discoteca "República Cromagnon" de Buenos Aires pero nadie sabe dónde está.
La familia está convencida de que se lo ha quedado un matrimonio BUENOS AIRES.
Edad: 4 años. Pelo corto, morocho (castaño) y una mancha de piel más clara en la mejilla, cuello y oreja izquierdos.
Tiene los dientes picados. Vestimenta con la que fue visto la última vez: jean azul, zapatillas negras y una remera (camiseta) con la leyenda "California".
El cartel con la foto de Nicolás Flores empapela buena parte de Buenos Aires.
Es el niño «perdido» de la tragedia en "República Cromagnon".
La noche del 30 de diciembre fue a la discoteca con su madre. Ella murió en el incendio pero él sobrevivió. Al menos, eso se desprende del recuento de muertos, pues su cuerpo no está entre los 191 oficialmente reconocidos.
Tampoco en los hospitales, donde todavía medio centenar de heridos respira con máquinas que reemplazan a pulmones taladrados por la desgracia.
"¡Que hagan algo!" "Me corto la mano a que lo tiene un matrimonio (...) ¡Que hagan algo!.. el presidente Kirchner, la jueza Crotto M(María Angélica)... ¡Que alguien haga algo!".
La súplica de Stella Maris, la abuela de Nicolás, se repite en emisoras de radio y en televisión. Como alma en pena busca a su nieto desde aquella terrible madrugada, hace casi veinte días, pero no le encuentra.
El chico vivía con la única familia conocida, Romina Flores, su madre. Compartían una casita lindera a la de su abuela y sus nueve tíos, en el barrio de Bosques, en la localidad periférica de Florencio Varela, una zona humilde con viviendas, como la de los Flores, de ladrillos al aire y cemento sin recubrir.
"Alguien se lo ha llevado o, quizás, lo han enterrado con el nombre de otro...
Hay que tener en cuenta todas las posibilidades".
Marta Canilla, de Missing Children, forma parte de la Red Solidaria (agrupación de ONGs), impulsora de una campaña para localizar a Nicolás, con la colaboración de la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
"De 4 años murieron otros tantos pero queda pendiente de identificar en la morgue un cuerpo de un nene algo mayor, de unos seis años, que no ha sido identifcado por nadie. De todas formas, se han realizado los estudios de ADN".
La familia de Nico, como llaman al niño, está cansada, «nos lo han mostrado (ese cadáver) cuatro veces pero no sabemos quién es».
La idea de que algún desalmado se haya aprovechado de la tragedia ajena para apropiarse de un menor, no es descabellada en Argentina por los antecedentes de la Dictadura (1976-83).
Se estima que en esa etapa, unos quinientos niños, fueron a parar a manos de los torturadores o asesinos de sus madres. Tampoco ahora, en el siglo XXI, es insólita la posibilidad de "robarse" un crío para Missing Children.
«Perdidos o en búsqueda» Los datos que maneja la organización, que acostumbra a hablar de «niños perdidos o en búsqueda» y no «desaparecidos» por las connotaciones políticas, resultan escalofriantes: «Cada 24 horas se pierde uno, cada 36 se encuentra otro y cada 70 días un chico es asesinado.
De 10 que se pierden, 9 son encontrados. Un 50 por ciento son adolescentes que se escapan y un 10 por ciento discapacitados que (literalmente) se pierden». Marta Canilla recuerda que en los últimos seis años, sólo según los informes de esta ONG, se «extraviaron 1.550 niños y permanecen en paradero desconocido 127.
El más pequeño tiene, como Nicolás, 4 años». Dice su familia que Romina fue a «República Cromagnon» esa noche porque quería «conocer el centro» y ganar «unos mangos (pesos) atendiendo los baños». Embarazada a los 19 años, cobraba un subsidio con el que no llegaba a fin de mes.
Cosía y fabricaba jarrones para lograr un sobresueldo y mantener a Nicolás que, como ella, se sabía de memoria temas de Los Callejeros, la banda de rock que actuaba la fatídica noche. La enterraron el 2 de enero. De su hijo, todavía hoy, sólo se sabe que no está.