
Las hembras dan de mamar a sus crías desde que el mundo es mundo. A ninguna madre de cualquiera de las especies mamíferas se le cuestiona que amamante a su hijo en público ni que lo haga hasta que el pequeño le plazca. Es que la lactancia materna es algo tan normal como caminar o respirar y sin embargo se siguen discutiendo sus beneficios o cuestionando cuánto tiempo debería prolongarse. Hasta se buscan argumentos que justifiquen sus beneficios para "protegerla" de las críticas maliciosas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la lactancia materna debe comenzar dentro de la primera hora de vida del niño y tiene que realizarse en forma exclusiva hasta los seis meses. Si bien una vez cumplido ese tiempo se deben introducir otros alimentos, resulta beneficioso complementarlos con el pecho hasta los dos años de edad, o más.
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Hoy se sabe, además, que por cada 597 mujeres que amamantan de manera óptima se podría evitar una muerte materna o infantil, dado que la lactancia puede proteger tanto a las madres (por ejemplo, del cáncer de mama o de ovario) como a sus hijos (por ejemplo, de infecciones graves). El dato proviene de unos cálculos publicados por la doctora Melissa Bartrick y sus colaboradores en enero del presente año en la revista científica Maternal & Child Nutrition.

Para el estudio, consideraron "amamantar de manera óptima" que los bebés fueran amamantados durante un mínimo de un año, y recibieran durante los seis primeros meses sólo lactancia materna de forma exclusiva.
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En la investigación también se concluyó que el costo de las bajas tasas de lactancia materna asciende a 3.000 millones de dólares en gastos médicos, a 1.300 millones en gastos no médicos y a 14.200 millones de dólares a causa de muertes prematuras, tan solo en los Estados Unidos. Quizá para evitar que alguien los acuse de sensacionalistas, estos investigadores subestimaron de forma deliberada el impacto de la lactancia materna sobre la salud, así que probablemente el impacto negativo de no amamantar a escala poblacional sea mayor. Tanto es así que bastantes investigadores prefieren no citar los beneficios de la lactancia materna, de igual manera que tiene más sentido enumerar los riesgos del sedentarismo que los beneficios del ejercicio físico.
Pese a que Unicef en su sitio oficial informa que en el segundo año de vida la leche materna contiene 95% de vitamina C, 45% de vitamina A, 38% de proteína y 31% del total de la energía que el niño necesita diariamente, para despejar dudas, la doctora Paola Harwicz (MN 84.182), médica especialista en cardiología y nutrición, aseguró a Infobae que "tal como indica la Asociación Española de Pediatría, la leche materna mantiene sus propiedades nutritivas con el paso del tiempo y el niño recibe los beneficios inmunológicos de la leche materna por más tiempo, con una menor frecuencia de infecciones".
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"Asimismo -insistió- se observan beneficios para el niño a largo plazo con menor riesgo de enfermedades autoinmunes, metabólicas, leucemia y linfoma. El hecho de amamantar de manera extendida, fomenta el desarrollo sensorial y cognitivo, protege al niño de las enfermedades infecciosas y crónicas. A su vez, ayuda a una recuperación más rápida de las enfermedades. Por estas razones, al contrario de lo que muchas veces se comenta, seguir amamantando después del año de edad sigue aportándole múltiples beneficios al niño".
Un mes después de la publicación del trabajo de la doctora Bartrick y su equipo, un estudio capitaneado por el doctor Bartłomiej Mateusz Zalewski y publicado en Critical reviews in food science and nutrition añadió que en menores de tres años el factor nutricional que más demostró influir sobre la salud a largo plazo es la lactancia materna. El estudio da la razón a lo constatado en una revisión sistemática de la literatura científica publicada en Acta Pediátrica en diciembre de 2015, que concluyó que el riesgo de mortalidad en niños no amamantados hasta los dos años se duplica al compararlos con los sí amamantados hasta dicha edad.
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Más recientemente (marzo de 2017), un estudio multicéntrico llevado a cabo en España y publicado en Pediatric research observa que una mayor duración de la lactancia materna se relaciona de forma independiente con un mejor desarrollo cognitivo, tras ajustar por potenciales factores de confusión (como el nivel socioeconómico). De nuevo, podría observarse a la lactancia no como un beneficio para la cognición sino el hecho de no amamantar como un riesgo para el óptimo desarrollo cerebral (a escala poblacional, nunca a título individual).
Así y todo, según un trabajo publicado en 2015 en la revista Public Health Nutrition, las tasas de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses son muy bajas: la media europea no alcanza el 25%. A partir de los seis meses, los bebés deberían seguir siendo amamantados, aunque no de forma exclusiva. Es decir, complementando (no "sustituyendo") la leche materna con alimentos saludables. Pues bien, al cumplir un año de edad, el 72% de los niños europeos no son amamantados.
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Si los beneficios están claros, ¿cuáles son las trabas?

Como en casi cualquier aspecto de la salud pública, existen diferentes fuerzas que conspiran para que esto ocurra. Así, un bajo nivel de escolarización o el tabaquismo son factores relacionados con una menor intención de amamantar por parte de las madres.
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Recientes estudios citan como las dos principales razones que llevan a las madres a escoger la mamadera como manera de alimentar a sus hijos son la incorporación inmediata al trabajo y la falta de recomendaciones y apoyo de los profesionales sanitarios. Así, los dos primeros motivos por los que las mujeres destetaron a bebés que estaban siendo amamantados fueron la percepción de no tener suficiente leche y el hecho de tener que volver a trabajar.
Solventar estas y otras dificultades que asedian a la lactancia materna pasa por una mayor formación de la población y de los profesionales sanitarios en lactancia materna, algo que está lejos de producirse. En ese sentido, a una mayor formación se de debe sumar la implementación de licencias maternales remuneradas y prolongadas, así como de políticas que apoyen la lactancia materna.
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