"Llevo cuarenta años viniendo: es un privilegio que todavía haya gente que no solamente me quiere sino que se acuerda de cosas que yo casi ni recuerdo", dice el actor Imanol Arias (61), quien conquistó a la Argentina con su Ladislao Gutiérrez, el sacerdote que enamoró a Camila O'Gorman en el film de María Luisa Bemberg.

Arias llegó al país para presentar su nueva película Retiro Voluntario y se siente como en casa: "Soy muy porteño, vengo y me pongo como tonto, todo me parece bonito. Me gusta la gente y encontrarme con los amigos. Me gusta ver cómo mi pareja disfruta de Buenos Aires". Se refiere a Irene Meritxell (40), con quien luego de algunas idas y vueltas viven un gran momento. Además de acompañarlo ella expone sus fotos en el Centro Cultural Borges.

En la comedia negra de Lucas Figueroa -que con humor apunta al salvajismo empresarial-, Arias interpreta a un ejecutivo de una empresa telefónica que quiere evitar los despidos de su equipo de trabajo y se enfrenta a situaciones desopilantes cuando el personaje interpretado por Dario Grandinetti le exige una indemnización por haberle dado una indicación incorrecta en la calle. "Es buena persona pero también es un poco tonto, no puede pretender ser el presidente de una compañía y manejarse como si fuera el padre de todo el mundo", dice en referencia su papel en la película que se estrena el próximo jueves 21 donde lo acompañan, además del ya mencionado Grandinetti (actualmente en pareja con su ex mujer y madre de sus dos hijos, Pastora Vega), Luis Luque y Miguel Angel Solá.

— Pensando en esta posibilidad o imposibilidad de ser un gerente bueno y paternal, ¿cuán buena persona es Imanol Arias?

No puedo ser ejemplo para nadie pero no soy agresivo, no soy acaparador, intento ser tranquilo . Tengo un ego gordo como muchos artistas y pelear con eso ya me parece bastante. Pero no soy una persona que haga tácticas de joder a nadie porque no me salen, no es mi numerito. Ya apaciguar el ego y no poner el yo por delante, y pensar que tus necesidades también hay que compartirlas con los demás es muy importante. Tengo gente a mi lado afortunadamente que me lo recuerda cada minuto del día. No me considero una mala persona.

— ¿Fue difícil en algún momento el vínculo con el ego?

— Sí pero lo que pasa es que me di cuenta tarde, porque al no ser agresivo el ego no parecía tanto problema, me tuve que dar un par de lecciones la vida para decir: "Cuidado que es un equipaje que no vale la pena llevar".

Incluso los que parece son éxitos mirados con el tiempo son pequeños fracasos que son la puerta de otra cosa que viene

— ¿Qué es lo mejor que te ha dado esta carrera?

— Hacer casi lo único que sé hacer bien y conocer mucha gente. Desarrollar mucho la empatía. Entender que hay muchas facetas del ser humano me ha hecho ser muy tolerante. Además como he tenido mucha suerte me ha hecho ser una persona que nunca soñé ser, vivo tranquilo, asumo mis errores porque sé que no pasa nada asumiéndolos, porque tengo capacidad de seguir trabajando, de seguir elaborando personajes. Y además tengo cariño de mucha gente. Me ha enseñado que uno no es nada sino es de fracaso en fracaso, incluso los que parece son éxitos mirados con el tiempo son pequeños fracasos que son la puerta de otra cosa que viene.

América ha marcado gran parte de mi vida profesional

— Si tuvieras que elegir tres momentos que marcaron tu vida ¿cuáles serían?

— Uno, la decisión que tomó alguien de que me iban a arruinar la vida si seguía estudiando la escuela profesional en un taller y me dieron una beca en la universidad sabiendo que iba a suspender para estudiar teatro, que me llevó a Madrid. Otro, mis dos primeros viajes a América, mi primera película la hice en Cuba en el ochenta y la segunda fue en Buenos Aires. América ha marcado gran parte de mi vida profesional. Y el tercero es mucho más reciente, que es el encuentro con esta etapa de mi vida que es la mejor de todas aunque no lo parezca.

— ¿Por qué?

— Porque me siento muy querido. Debe ser regalo y estoy tranquilo, soy feliz con mis hijos, los quiero mucho, han salido bien. Quiero cuidar eso, no maltratarme y vivir un poco al margen. Además es un momento de asumir responsabilidades y de pagar los errores. Y es el mejor momento, uno lo hace tranquilo.

Lleva dieciseis años como Antonio Alcantará, protagonista del exitoso Cuentame cómo pasó en España –la versión local acaba de estrenarse en la Televisión Pública y su personaje lo realiza Nicolás Cabré- y está a punto de debutar con Velvet Colección. Así enfrenta el "enorme problema fiscal" que tiene en su país resultado de errores de liquidación de impuestos por ganancias percibidas que terminaron en una demanda millonaria del fisco español y que lo llevó a vender todo para empezar de cero . "Mi problema no es de ocultación, fue un error en el sistema de pago. Nunca oculté mis ganancias ni mi patrimonio, pero ese error implica que debo saldar el 170 por ciento de todo lo que he ganado", explicó en reiteradas oportunidades el actor. Hoy no tiene vivienda propia pero no le importa y asegura estar pasando el mejor momento de su vida: "He reseteado, estoy empezando nuevamente y tengo más que nunca"

— ¿Fue difícil asumir las responsabilidades en estos últimos años? Si pensamos en lo que nosotros conocemos como Panamá Papers y los problemas con el fisco en España.

Yo no manejo dinero público . Cuando yo compré esa inversión invertí en algo y no podía ir a la empresa donde compré las acciones e invertí, lo invirtió una empresa, yo no sabía que tenía eso. No me afecta, no era ilegal y además era un dinero que luego volvió a España, que yo seguí pagando impuestos por él . Sí a su vez el tener que enfrentarte a eso y contarlo, asumir cómo se cuenta. Y sobre todo no defenderte porque yo no soy político ni manejo dinero público, es mi dinero. No es tanto eso como asumir que ya tienes una edad que eres un jarrón chino en un apartamento pequeño. La gente de la transición en España ahora frente a los milennials tenemos que tener un poco de cuidado, porque yo no tengo los mismos sueños ni los mismos anhelos, y por lo tanto no demos lecciones porque nos hemos equivocado mucho también. Hay que ser sincero y hay que asumir la responsabilidad.

— Volver a empezar.

— Eso es maravilloso. No quería terminar con eso porque suena como muy categórico pero ya he reseteado, estoy empezando y tengo más que nunca.

Animo a la gente a que a determinadas edades suelte el lastre y disfrute

—¿Se puede decir que este es el mejor momento de tu vida?

— Sí, aunque parezca pelotudo, aunque parezca ingenuo sí, es verdad, y animo a la gente a que a determinadas edades suelte el lastre y disfrute.

— ¿Cómo te llevas con vos mismo?

— Últimamente medito y me voy entendiendo mejor, y sobre todo me dejo tocar, estoy muy atento a las advertencias. Me tengo que atar en corto porque si no soy charlatán, el ego sale enseguida. Cuando uno ha perdido tanto anonimato, cuando estás en privado que te sientes seguro es cuando te sale todo lo que tenías que haber soltado durante todo el día que no lo soltaste.

— ¿Se extraña algo del anonimato?

— Sí, extraño mucho, la observación, el no interferir en los sitios, el no ser mucho el centro. Eso sí se extraña, y no te llegas a acostumbrar nunca. Aunque a veces de manera inconsciente vas y pones una cerilla sin querer para romper el anonimato.

— Sos embajador de buena voluntad de de UNICEF. ¿Cómo es eso?

— Esa es una experiencia que uno no puede terminar de agradecer porque primero es posible hacer cosas. He tenido un par de ocasiones mágicas en las que frente a una hambruna en el Níger fuimos como embajadores en un programa de televisión y recaudé 450 mil euros en 7 minutos. Luego te hace tomar un contacto con una realidad que nosotros vivimos las consecuencias aquí pero que no sabemos exactamente qué pasa allí. Finalmente los niños deben ser una de las piezas intocables de verdad. Estoy aterrado a medida que vas conociendo un poco la cantidad de utilización, malversación, ensuciamiento, utilización, explotación de los niños. Somos capaces de hacernos daño en la parte más íntima que tiene el ser humano que es la infancia.

Los problemas en Oriente Medio nos llegan como problemas que nos afectan, pero nosotros estamos ahí interviniendo

— ¿Cómo te impactan los atentados terroristas, que se volvieron casi cotidianos en Europa?

— Creo que hay algo que se va ejecutando de una manera diabólica. Los problemas en Oriente Medio nos llegan como problemas que nos afectan, pero nosotros estamos ahí interviniendo. Creo que el petróleo… Hay un manejo ahí que es muy complicado. Nos hemos mostrado frágiles, en nuestra comodidad somos frágiles. Si se imitara lo que hacemos allí aquí nos aterraríamos. La sociedad va a tener que necesitar mucha cabeza para que eso no genere tanta intolerancia. El tema de los refugiados, la avalancha de gente que no va a dejar de venir. Recuerdo unas palabras de Pepe Mujica que decía que una de las grandes virtudes de Argentina y de Uruguay que no teníamos los europeos es que dejaron venir a mucha gente, y esa es la grandeza de estos países.

— Si bien los argentinos somos una sociedad que se formó con la inmigración hoy volvemos a discutirla.

— Porque es una tendencia mundial. Mi personaje en la película también tiene miedo a Darío, pero porque viene de fuera. Ya no solamente son de fuera de las fronteras, de fuera de mi ámbito, de fuera de mi lado. Ya ni siquiera con fuera de las fronteras sino con el barrio de al lado.

España tiene una relación con Argentina muy poco crítica afortunadamente

— ¿Cómo se la ve a Argentina desde España con esta lejana cercanía que tenés con el país?

España tiene una relación con Argentina muy poco crítica afortunadamente. Incluso hay una especie de mitificación de que es un país indestructible. Entendemos que hoy Buenos Aires puede ser la ciudad más cara de América Latina y que dentro de tres años puede ser la más barata. Hay unos ciclos y hay una forma de sobrevivir que los que conocemos el país lo intentamos justificar con que es una gente igual que otros países pero que se psicoanaliza, se sacrifica, se mira. Hay siempre mucho cariño. Recuerdo un momento en que no sé por qué historia se les pedía visa a los argentinos y organizamos una movilización los que supuestamente éramos amigos del país, la sorpresa era que había muchísima gente que esa propuesta duró muy poco porque nos parecía vergonzoso.

— Si te pongo en el brete de elegir tu actor argentino preferido, ¿quién es?

— He recorrido muchas épocas y tengo varios. Nunca puedo olvidar la impresión que siempre me ha producido Héctor Alterio. A Miguel Ángel Solá por amistad y por cercanía durante mucho tiempo lo conocí, era el mejor en lengua castellana que había de su edad. Aunque no le veo continuamente soy un admirador de Ricardo Darín. He descubierto a Leonardo Sbaraglia, que es un personaje increíble para trabajar con él, desde el primer día rodando me pareció tenía algo que no tenían los demás. He visto a Pepe Soriano hacer cosas increíbles, y he visto a Sacristán, que es el actor argentino más español que hay, hacer cosas increíbles también y reconocer esto mismo.

— ¿Políticamente qué mirada tenés de Argentina a la distancia?

— Yo llegué a Argentina en el '83, antes de que asumiera Alfonsín. Recuerdo que los primeros años de mis visitas era considerado un actor amigo que había llegado y se me llevaba a debates políticos para hablar de la transición a la democracia. Me entrevistaba Neustadt más que alguien de espectáculos. Desde ese momento entendí que un país en el que no vives hay que tener mucho respeto. De Argentina no tengo la información suficiente ni tengo la necesidad de tener la razón. Tengo siempre ideas muy confusas y procuro mantenerme un poco al margen.

Venezuela es un país que no se parece en nada a lo que pensamos que tenía que ser

— ¿Si pensamos en un país como Venezuela? ¿Qué sentís?

Creo que ahí las cosas se han desbocado mucho. Hay proyectos que nacen de una situación terrible, dolorosa, y que se hacen con tanta propaganda que los objetivos sabes que nunca se van a lograr, y en cuanto no se logran los objetivos se empieza a buscar un enemigo exterior y se empieza a tapar otro tipo de problemas. En un momento determinado tuvo una propuesta de ayudar a los más desfavorecidos que con gobiernos anteriores durante muchas décadas no había sucedido. Nada más eso se implanta, en vez de trabajar, se empieza a plantear una guerra ideológica. Y ahora mismo es un país que no se parece en nada a lo que pensamos que tenía que ser

— Es muy terrible lo que se está viviendo.

— Leí la noticia de que están regalando conejos. La gente los quiere porque los quiere cuidar como mascotas y tienen que decir: "No, que son dos kilos de carne". Eso está fuera de lugar. Además hay mucha corrupción, siempre hubo corrupción ahora mismo ya la corrupción es terrorífica. El mundo no debe vivir así.

— ¿Maduro qué te genera?

No sé por qué está ahí, no sé. Me parece una tragedia.

— Volviendo a la película, tiene unos insultos muy divertidos…

— Sí. Eso en España se nota mucho porque las puteadas argentinas nos parecen maravillosas. Las chicas se inspiran con las puteadas argentinas. Lo que no me había planteado yo nunca es el análisis en cada país de las puteadas de un lado o del otro, "me cago en la leche" es una cosa muy común, eso analizado aquí es una chocolatada muy fea (risas).

— Hay una escena muy simpática con tu práctica del acento argentino.

— Es una historia trágica en mi relación con Argentina, es un punto negro, mientras rodaba Camila yo practicaba y practicaba y practicaba y en un momento me dijo María Luisa Bemberg, que me quería mucho: "Imanol, no das argentino, o sea que te van a tener que doblar". Y a partir de ahí me quedé con esa frustración que solo me la calmó el hecho de que cada vez que volvía a rodar a Buenos Aires me decían "aquí lo que nos gusta es que hables con acento español". Nunca he rodado con acento argentino. Nunca he conseguido mostrar esa pericia. Cuando me encuentro con argentinos inmediatamente empiezo a chamuyar como ellos. Pero hay algo que me hace no ser natural porque tengo esa cosa como que no di argentino en el momento que debía haberlo dado.

— Si nos encontramos en cinco años y salió todo fantástico, ¿cómo te voy a encontrar?

— Espero que con algunos kilos más, y con la misma ilusión.

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