La particular costumbre de Jorge Rial que pronto se convertirá en un blog: "Arteclista"

Todas las mañanas el periodista recorre la ciudad en bicicleta. Lo que arrancó como un consejo saludable se transformó en una iniciativa creativa: fotografiar obras de arte o escenas callejeras y escribir sobre eso, “relacionándolo con la vida”, según explica

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Sucedió un par de meses atrás, en una mañana cualquiera. Pero no fue un primer paso sino una vuelta completa al pedal. Y después otra, y otra, y otra más. Y en eso levantó la vista hasta toparse -allí, en pleno paseo por Buenos Aires- con una obra de arte que lo inspiró. Le sacó entonces una foto, y acompañó con unas líneas su posteo en Instagram.

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Después vino otra, y otra, y otra más… Y fueron cada vez más obras, cada vez más fotos, más reflexiones, más palabras. Y ya son tantas que Jorge Rial -motivado por el buen recibimiento que su iniciativa tuvo entre sus seguidores- piensa abrir un blog basado en sus fotos y sus palabras. Lo llamará Arteclista.

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"Todo surgió cuando empecé a salir a andar en bici, porque necesitaba hacer algo para mi salud. También como una manera de distracción, una especie de terapia alternativa", explica el conductor de Intrusos en diálogo con Teleshow. "Un día descubrí un monumento, algo que no había visto, y le saqué una foto: me gustó. A partir de ahí cuando voy en la bicicleta miro con otro ojo, un ojo más cuidado: fachadas, lugares, monumentos… Y les voy sacando fotos".

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Pese a que su hija Morena Rial es aficionada a la fotografía, el periodista no usa más que su celular para capturar las imágenes. "Sin filtro, sin Photoshop: solo mi mirada", dice. Pero, ¿y los textos? "Un día subí uno refiriéndome al monumento y relacionándolo con algo de la vida, pero no la mía, precisamente: no todo lo que escribo tiene que ver conmigo", avisa Rial, quien con el correr de los posteos se fue permitiendo ir más allá en sus reflexiones, que podrían resultar en ciertos casos introspectivas (aunque él diga lo contrario).

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Faltaba romper una barrera, la misma que permitió ser derribada con facilidad en estos tiempos de smartphones y redes sociales: aparecer él también en la foto. Sacarse una selfie para, en definitiva, terminar de revelarse. Y lo hizo, por supuesto, aunque ya no en sus paseos en bicileta sino en la recorrida por dos museos de Miami.

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Y después sí, ya de regreso en Capital:

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"Tuvo mucha aceptación: a la gente le gusta mucho y a mí me gusta hacerlo. Así que voy a seguir", avisa Rial, quien en diciembre se había animado a pintar un cuadro. ¿En qué quedó esa iniciativa? "En nada: fue sólo un día. No tengo aptitud para pintar", reconoce. Y avisa: "Sí tengo aptitud para apreciar a los artistas".

Allí están sus fotos, sin filtro, sin retoques. Y su mirada, su ojo más cuidado. Y sus textos, aquellas reflexiones donde Rial deja al descubierto lo que piensa, lo que siente, lo que sueña, lo que lo motiva. "Me veo reflejado. Multiplicado. Fuerte. Así estoy", escribió, tomándose una selfie ante un juego de espejos (la imagen que abre esta crónica).

Porque al fin, a través del arte Jorge descubrió que había otro Rial. O varios. Bastaba con cambiar la mirada.

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