(Shutterstock)
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Hace un tiempo se difundió una imagen de Zuckerberg donde se veía, de fondo, que su computadora tenía la cámara y el micrófonos tapados con una cinta adhesiva. Una medida de precaución para evitar ser oído y grabado por posibles hackers.

La técnica no es nueva, ni sofisticada, pero es efectiva. Al meno así lo aseguraron diferentes especialistas en seguridad informática cuando fueron consultados por aquella estrategia rudimentaria empleada por el creador de Facebook y la de otras personalidades. Incluso el Papa Francisco toma esta medida de precaución en su iPad.

Lo cierto es que es una práctica aconsejada y fácil de seguir. Algunos podrían decir que llegar a esto es caer en la paranoia total, sin embargo las estadísticas demuestran que los equipos son más vulnerables de lo que se cree.

Según un informe difundido por Europa Press, existen 73.000 webcams conectadas a internet que tienen contraseñas débiles y por ende hackeables.

¿Cómo protegerse? Para poder responder esta pregunta primero hay que entender un poco mejor a qué riesgos se exponen los usuarios, por ejemplo, al bajarse una aplicación.

Es frecuente ver que al descargar una app, se pidan ciertos permisos que varían según el tipo de servicio que ofrezca el programa.

La mayoría de las redes sociales más populares, por ejemplo, solicitan acceso al micrófono, la cámara y las fotos del dispositivo porque esto es necesario para poder publicar imágenes o crear videos dentro del sistema.

Habilitar estos permisos implica dejar abierta una ventana que bien puede ser vulnerada. ¿Entonces no hay que usar ninguna de esas apps? Eso quedará en el usuario. Como primera medida, antes de descargar un programa uno tiene que evaluar si es de una fuente fiable, qué evaluaciones tiene de los usuarios, etc.

Por otro lado, aún cuando se trate de aplicaciones populares y de creadores supuestamente fiables, es fundamental siempre tener la última versión del programa, ya que, por lo general, con cada actualización se suelen corregir fallas de seguridad y bugs del sistema.

Y por otro lado, además de todas estas precauciones, no está de más tapar la cámara y el micrófono del equipo con un adhesivo cuando no se los estén usando.

En el caso de las computadoras, la precaución tampoco está demás. Existen dos tipos de webcams: las que están conectadas a la web y las que están integradas al equipo.

En el primer caso, se trata de cámaras que se conectan a la web por medio de una dirección IP y, tal como se mencionó anteriormente, suelen tener contraseñas que no son muy seguras. Como primera medida, hay que acceder a la configuración y establecer una clave robusta.

En el caso de las cámaras integradas, el mayor riesgo es que sean hackeadas por medio de un malware que el usuario podría descargar sin querer al bajar un archivo o presionar en un link malicioso.

Y aún cuando no se haga nada de esto, es posible que el celular tenga instalado algún sistema de seguimiento.

La mejor precaución, como se mencionó en el caso de las aplicaciones, es tener instalada la última versión de los programas, evitar descargar archivos o hacer click en links sospechosos y tener un antivirus actualizado.

Y, por qué no, tapar la cámara y el micrófono con una cinta adhesiva. No es nada difícil de implementar y añade una capa de seguridad extra.

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