Diego Lagomarsino
Diego Lagomarsino

Cuando ingrese a Comodoro Py la pericia de la Gendarmería que prueba el asesinato de Alberto Nisman, al pretendido experto informático Diego Lagomarsino le caerá una minuciosa investigación nacional e internacional para determinar su rol en la conspiración que ejecutó al fiscal federal de la causa AMIA.

En la hipótesis del suicidio, Lagomarsino podía esquivar una eventual condena porque sólo aparece facilitando la Bersa 22 que causó la muerte de Nisman. Pero ahora la Gendarmería comprobó que fue asesinato, y el controvertido técnico en computación ya confesó que puso la Bersa 22 en el escenario del magnicidio.

El fiscal Eduardo Taiano está a cargo de la causa Nisman. Tiene bajo perfil, sufrió el secuestro de su hijo cuando investigaba el enriquecimiento ilícito de Néstor Kirchner y hace pocos días solicitó la declaración indagatoria de la procuradora Alejandro Gils Carbó. En términos simples: su jefa.

La Bersa 22 que Lagomarsino le entregó a Nisman
La Bersa 22 que Lagomarsino le entregó a Nisman

Lagomarsino será citado a declarar por Taiano, ya que su relato en el expediente tiene contradicciones internas y ciertas aseveraciones con escasa posibilidad de comprobación empírica. El técnico informático siempre se resistió a la pericia de la Gendarmería y ahora tiene que enfrentar sus resultados y su impacto en una causa que es monitoreada por Cristina Kirchner y sus ex agentes de inteligencia civil y militar.

La declaración testimonial de Lagomarsino y sus apariciones en los medios de comunicación giran sobre tres ejes básicos:
1. Nisman lo llamó y le pidió que trajera su Bersa 22.
2. La pistola sería usada por Nisman para defender a sus hijas.
3. Se fue del edificio Le Parc y el fiscal federal estaba vivo.

Taiano no le cree a Lagomarsino, ya que su largo testimonio judicial y mediático presenta contradicciones. El técnico jura que Nisman lo llamó el sábado 17 de 2015, cerca de las 16.30, y eso ha sido corroborado por la justicia. Sin embargo, hasta ahora no hay forma de ratificar los términos de la conversación entre Nisman y su empleado. Lagomarsino puede mentir a sabiendas, porque su versión de los hechos aún no tiene contraprueba.

El presunto experto en informática sostiene además que entregó su Bersa 22 al fiscal asesinado. No obstante, esta afirmación no tiene constancia posible. Los dos estaban solos en Le Parc, y no hay prueba firme que ratifique el guión defensivo de Lagomarsino. "¿Y si escondió el arma, para que los sicarios ejecuten su faena?", especuló un conocido miembro de la familia judicial que sigue las alternativas del caso Nisman.

Fiscal Alberto Nisman (Reuters)
Fiscal Alberto Nisman (Reuters)

Lagomarsino sabía que las hijas de Nisman estaban en Europa. Y sin embargo no puso objeciones al pedido del fiscal asesinado. El técnico llevó su pistola y presuntamente se la entregó en mano. Tiempo después, cuando asumió que su relato no cerraba, dijo en los medios que Nisman le había mentido. Una manera simple de cuidarse y de castigar la memoria del fiscal ejecutado.

No hay evidencia que pruebe que Lagomarsino abandonó a Nisman con vida. El técnico sostiene esta posibilidad, pero no aportó una sola prueba que avale su coartada. En cambio, los abogados de la familia Nisman consideran que fue asesinado el 17 de enero de 2015, justo cuando Lagomarsino presuntamente entregaba su Bersa 22 al fiscal de la AMIA.

Lagomarsino es la única pieza que, por ahora, cuenta Taiano para desentrañar la conspiración que preparó la muerte de Nisman. En este sentido, la pericia de la Gendarmería entierra la hipótesis del suicidio, abre la investigación federal del asesinato del fiscal y promueve la apertura de un canal secreto para acceder a información clave que manejan ciertos servicios de inteligencia de Occidente y Medio Oriente.

Esta información, pedida con criterio y usada con eficacia, podría encerrar a Lagomarsino en su peor pesadilla personal. Es sólo una cuestión de tiempo, ceñida a los resultados electorales de octubre y al peso específico de Cristina en la política nacional.

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