
Un revolucionario simpático. Mechai Viravaidya inició una campaña de "sexo seguro" de una manera muy peculiar, al punto de que su propuesta logró salvar a millones de tailandeses. Fue tal el furor causado, que su nombre está en el diccionario local cada vez que se busca la palabra preservativo.
El sentido del humor lo conectó con tailandeses de todas las edades. Logró que nadie más se avergüence al hablar de sexo, ya que es ese el inicio de cualquier programa de concientización que cuidará a las personas de sufrir múltiples enfermedades, como también de no engendrar a un bebé si no lo buscan.
Hace décadas fue entrevistado por un programa de televisión en Tailandia. Mechai dijo: "Hay muchos usos para el condón: puedes usarlos, como ves, para guardar monedas, o para poner gaseosa, o si quieres también como un globo para los niños". Sombreros de preservativos, concursos para inflarlos en los colegios y hasta un evento de belleza en donde se elegía a Miss Condón fueron algunos de los métodos bizarros con los que Mechai transformó la actitud social ante el uso de los preservativos.

"La gente suele sentirse avergonzada al hablar de sexo, en general, en todo el mundo. Pero si traés humor a la conversación, cuando se ríen se olvidan de la vergüenza", aseguró. En los años 60, el hombre entendió que el rápido crecimiento poblacional en Tailandia estaba empujando a miles de familias hacia la pobreza. Era necesario poner cartas en el asunto.
Desde allí, logró salvar casi 8 millones de personas. "El preservativo volvió a ser el foco de atención: pasó de ser una medida para controlar la natalidad a una para controlar la muerte", sostuvo Mechai.
Durante los años 70 su campaña se centró en los derechos reproductivos de la mujer, pero en los 80 llegó con furia a Tailandia una epidemia de infecciones por el virus del VIH/Sida. La situación afectó directamente al Turismo, esencial para la economía del país, y Mechai logró darle un giro de 180 grados.

"Partí de la idea de que para que funcionara la planificación familiar los preservativos tenían que ser tan accesibles como los vegetales para la gente de los pueblos. Así que hicimos el condón muy visible y les dijimos: "Miren, el preservativo es algo limpio si tu mente no es sucia", recordó.
Mechai también le está pasando el legado de su determinación a los jóvenes, como los que se gradúan en su fundación como asesores de salud reproductiva. "La gente no debería sentir vergüenza o miedo de los condones, porque cuando una persona los usa protege a los demás y se protege a sí mismo", concluyó.
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