José López
José López

Pese a las limitaciones del encierro, el jueves a la tarde José López vio y escuchó a Cristina Kirchner hablar sobre su caso. "Lo odié en ese momento como pocas cosas en mi vida", dijo la ex presidenta antes de lagrimear. Una frase fuerte que conmueve a cualquiera. Pero el hombre de los bolsos estaba pensando en otro tema. Cuando promediaba el reportaje en Infobae, el ex secretario fue hasta el teléfono del pabellón y llamó a uno de sus abogados: "¿Hay alguna novedad?". Se refería a la causa por el direccionamiento de la obra pública, donde está procesado junto a Cristina y otros ex funcionarios. La respuesta lo dejó muy preocupado: la Cámara Federal había confirmado todos los procesamientos por asociación ilícita. Fue la peor noticia de la semana. López tenía alguna esperanza de poder bajar esa calificación. Sobre la entrevista, por ahora guarda silencio. ¿Le dolió lo que dijo Cristina? ¿Está enojado? Si lo siente, no lo expresa. Así es López desde que está en prisión: reservado, desconfiado y calculador, hasta con sus propios abogados.

Según pudo saber Infobae, López vio algunos pasajes de la entrevista de Cristina en el televisor que comparte con el resto de los presos de su pabellón. El aparato está ubicado en un salón común, donde pasa la mayor parte del día. Ahí se cruza con su vecino más famoso, el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime.

Al día siguiente, el ex funcionario también se enteró de las repercusiones, ojeando los diarios, una práctica habitual desde que llegó a la cárcel de Ezeiza. "Le gusta leer y mantenerse informado", cuenta Fernando García, uno de sus abogados. Sin teléfono ni computadora, la televisión y los diarios son su puente con la realidad.

El viernes al mediodía, otra vez volvió a llamar a su abogado. Le pidió una opinión sobre los dichos de Cristina. Lo escuchó atentamente. Y luego cambió de tema.

López no se sorprendió con la reacción de la ex presidenta. Su vínculo siempre fue con Néstor Kirchner. Y siente que "le soltaron la mano" hace mucho tiempo. La confirmación final la tuvo en 2015, cuando la ex presidenta lo convocó para avisarle que iba a apoyar a Juan Manzur como candidato a gobernador de Tucumán. Como premio consuelo, lo mandó al Parlasur. "¿Qué es eso?", se sorprendió el entonces secretario de Obras Públicas cuando escuchó la propuesta de la boca del entonces secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. Era el final de su carrera política.

Desde que cayó preso, el kirchnerismo lo dejó aislado. Hoy López tiene problemas hasta para solventar su defensa. Y se pone furioso cada vez que se entera la falta de "respaldo" hacia su familia.

 

Por ahora acumula bronca. Una sola vez amagó con hablar. Fue cuando dijo que la plata de los bolsos venía de la política. La amenaza se diluyó con el tiempo. ¿Por qué? "Si habla se aleja de los 'amigos' que le quedaron del kirchnerismo y encima puede poner en aprietos a empresarios cercanos a este Gobierno", razona un allegado que conoce los entretelones de sus últimos meses.

López no parece una amenaza, pero alguna vez podría abrir la boca. "Son más de 20 años trabajando con ellos, sabe todo", dice la misma fuente. Los dichos de Cristina podrían desencadenar esa reacción. En ese caso, lo más probable es que hable frente a algún juez, en un expediente, no en los medios.

El 12 de octubre comenzará su primera juicio oral por el arma que tenía el día del convento. Durante el proceso, son apenas cinco jornadas, la defensa de López, integrada también por Diego Sánchez, intentará probar que era inimputable al momento de los hechos. No esa una tarea sencilla por el desprestigio social que acumula el ex funcionario. En el peor de los escenarios, la pena máxima que le podrían dar es de 2 años y medio de cárcel. Pero es un mal comienzo pensando en el resto de las causas que acumula por corrupción.

A 15 meses de su detención, López vive casi aislado. Desde diciembre, cuando tuvo un episodio de salud, únicamente lo visitan sus abogados. Con su esposa y sus hijas, apenas tiene contacto vía telefónica.

Su cabeza ahora está puesta en su defensa. Lee y analiza todos los expedientes, siempre con una mirada política. Nadie sabe si alguna vez hablará. Por ahora, espera su momento.