
Cuando Ricardo Jaime visita los tribunales de Comodoro Py los integrantes del Servicio Penitenciario Federal lo llevan esposado, con casco y chaleco antibalas. Por una disposición de las autoridades judiciales del edificio de los tribunales federales, los periodistas acreditados allí no pueden tener contacto con los presos como Jaime, Lázaro Báez o José López.
Es por eso que se sabe de su estado de salud por lo que cuentan quienes se relacionan con él al momento de hacer los trámites en los juzgados. Los empleados judiciales que le tomaron declaración a Jaime esta semana lo vieron un poco mejor que hace un mes cuando le costaba caminar por Tribunales. Anteayer visitó Comodoro Py de nuevo porque le tocó declarar en indagatoria ante el juez Sergio Torres por el caso de LAFSA, la línea aérea creada durante el kirchnerismo que nunca voló. Lo vieron más animado que otras veces en las que le costaba caminar por los pasillos de los tribunales.
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Ese mismo día Jaime se presentó ante el juez federal Julián Ercolini, quien en abril pasado ordenó su detención. Luego de detenerlo le dictó el procesamiento por otro hecho de corrupción: la millonaria compra de trenes en desuso a España y Portugal.
El juez lo había convocado porque, según fuentes judiciales explicaron a Infobae, Jaime se había negado a hacerse un estudio cardíaco llamado "holter en tres canales" en el hospital de la cárcel de Ezeiza. Que Jaime no toma la medicación que tiene recetada, que se niega a asistir a los controles médicos y, por ejemplo, no se deja tomar la presión arterial. Y ante ese informe de las autoridades penitenciarias Ercolini quiso saber el porqué.
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Jaime insistió con su argumento acerca de que su detención forma parte de una persecución política. Incluye entre las perseguidas a Julieta, una de sus hijas que deberá ir a juicio oral y público como una de sus testaferros. También argumenta -para sostener la teoría de la persecución- que su hija que fue designada en la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC) durante el gobierno kirchnerista fue suspendida en su cargo por las nuevas autoridades, sin goce de haberes.
Jaime contó ante el juez que como medida de protesta ante esa situación se niega a comer la comida que sirven en el penal y que se abastece de lo que llevan sus familiares. No está en huelga de hambre, aclaró. Y sostuvo que no se va a realizar el estudio médico.
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Se quejó también de sus condiciones de detención. Está en un pabellón con otros 15 presos -uno de ellos López, el de los bolsos con dólares- donde no puede hacer actividades recreativas. Eso se debe, según explicó, a que el gimnasio o el salón de usos múltiples no están habilitados para realizar ninguna actividad. Protestó también por la falta de recreación física: tan solo tres días por semana hay un picado de fútbol en un baldío. Jaime dijo que no juega –a pesar de que en Córdoba integraba un equipo de veteranos- debido a que los otros presos que se suman a los partidos tienen diferencia de edad con él. En enero de este año Jaime cumplió 61 años, practicaba karate y jugaba al fútbol en la Unión Cordobesa de Fútbol Amateur (UCFA), una conocida liga de la capital provincial.
Está detenido porque existe posibilidad de fuga y de que entorpezca la investigación. Jaime sostuvo que desde que dejó su cargo de secretario de Transporte en 2009 no ha obstaculizado a la justicia y siempre acudió a declarar cuando fue citado. Jaime no cuenta dos episodios. El primero, de 2010, cuando intentó robar pruebas de un allanamiento en la causa por enriquecimiento ilícito. Por ese delito fue condenado. Y cuando en 2013, ante un pedido de detención del juez Claudio Bonadio por otro caso de corrupción, estuvo prófugo una semana: las fuerzas de seguridad del gobierno kirchnerista no pudieron hallarlo.
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Antes de terminar la exposición sobre su detención, pidió una detención domiciliaria. En Tribunales no descartan que la negativa a recibir atención médica tenga la intención de empeorar su estado de salud para obtener lo que reclama.
Pero al mismo tiempo que Jaime explicó el porqué de su resistencia a ser atendido, hizo otro pedido. Según pudo reconstruir Infobae a partir de fuentes de la defensa de Jaime, el ex funcionario se había inscripto para estudiar Derecho en la Universidad Blas Pascal de Córdoba. Iba a comenzar en abril pasado pero fue detenido. Entonces pidió estudiar a distancia desde la cárcel de Ezeiza. Siempre según la defensa, en la Universidad lo autorizaron a cursar la carrera de Derecho a distancia el 14 de noviembre pasado y por eso le pidió a Ercolini tener una netbook con acceso a internet en la cárcel. En su pedido le sugiere al juez que la computadora será dejada en la biblioteca del penal y será utilizada solo en ese lugar. Es decir que la usará tan solo para estudiar. Y para nada más.
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