Néstor Kirchner, de entrañable amigo a solitario enamorado del poder

Se cumplieron 6 años de la muerte del ex presidente, quien terminó sus días obsesionado con el dinero y la dominación de aliados y rivales

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Durante un largo tiempo fuimos amigos. Era común que me invitara a cenar mientras esperaba que Cristina volviera del Senado. Vivíamos cerca. Él no era todavía un personaje conocido a nivel nacional.

Solía pasar que algún otro comensal se acercara a saludar a su esposa sin siquiera reconocer en Néstor a su marido. Era gobernador pero pasaba muchos días en Capital acompañando a Cristina o buscando sus propias alianzas. Era pragmático, leía poco y no demostraba interés por una formación humanística. Los intelectuales le resultaban personajes raros, prefería dialogar con los del barrio, gente menos pretenciosa.

Uno podría pensar que tuvo etapas, que su concepción del poder evolucionó, pero lo cierto es que nunca soportó la crítica; recuerdo su bronca con Mariano Grondona, no le perdonó haberlo cuestionado. Como gobernador todavía aceptaba relaciones con pares, cuando llegó a Presidente eso fue desapareciendo, terminó rodeado sólo de sus obedientes (aunque en eso no fue el único, es una limitación que se reitera).

Perón estuvo rodeado de hombres importantes, desde Carrillo al Tuco Paz, Robledo y Taiana, desde Miranda a Gelbard; terminó limitado por López Rega pero eso fue solo en su final. Néstor se iba quedando con los obedientes, los que le ponían límites debían renunciar. Eso le pasó a Lavagna y a Rosatti, a Béliz y a varios otros. Era algo sobre lo que era consciente; un día lo confronté al respecto y me dijo "el ministro de Economía voy a ser yo, para eso leo y mucho sobre el tema". Yo le insistía en la necesidad de alguien experto, no lo aceptaba, quería solo alguien que obedeciera.

Pocas actitudes lo definieron -para mi mirada- como su conflicto con el cardenal Bergoglio en el que estuve en el medio. Me costó entender su negativa a entrevistarlo, tardé en asumir que no le interesaba nadie al que no pudiera dominar. Y únicamente esta es la razón de su guerra con el grupo Clarín. No tenía nada que ver con la izquierda ni con los Derechos Humanos, nada, absolutamente nada. Pero vio en ellos una manera de darle sentido a su Gobierno. Del abrazo de Perón con Balbín al "¿Qué te pasa Clarín?" hay un mundo de distancia. Concepciones antagónicas de la sociedad.

Fue un pragmático, un convencido de que el poder estaba más asentado en el dinero que en las ideas o en el mismo Gobierno. Lo vivía con pasión, no se le escapaba nada, amaba conocer hasta los más mínimos detalles.
Néstor concebía al poder como una construcción interminable, no le imaginaba límites, no se le ocurría que los necesitara.

Con los amigos, como en mi caso, prefería tenerlos lejos. Apenas asumió me ofreció la embajada en París, me mandó todo para firmar como si yo no necesitara que me lo ofrezcan. Sabía que la relación no iba a durar demasiado, tenía plena conciencia de cada persona que lo rodeaba. Era simple, el que no se sometía era expulsado. Terminó mandándome mensajes a través de Rudy Ulloa intentándome humillar.

Néstor no tenía nada que ver ni con el progresismo ni con el socialismo; no estaba en contra de los ricos, los intentaba sustituir por sus propios amigos. Era una concepción del poder sin ningún condimento ideológico.

Fui amigo de Néstor. Respeto su memoria, pero no invento sueños que él no albergaba, como tampoco lo hacía Cristina. Complejo de entender, tanto hablar de justicia distributiva para terminar abrazados a toda tentación de ocupar un espacio en el poder. En el fondo, lo que les pasó a algunos viejos militantes con Néstor explica lo que les sucedió con Perón y lo poco que habían aprendido: pusieron en el otro lo que no podían lograr por ellos mismos. El sueño del poder que culmina como una expresión de impotencia.

Néstor es una figura que se irá disolviendo en la historia, sus aportes no tienen vigencia para ser conservados. Lo mejor de su gobierno fue perdiendo sentido con Cristina. La ambición por el poder no implicaba cuestionar el capitalismo. Su multiplicación del juego es una muestra indiscutible de su concepción del hombre.

Raro final de las izquierdas o sus sucedáneos en el mundo, enamorados del poder por el poder mismo, no como un instrumento para imponer la justicia. Y así fueron cayendo en el continente. Le echan la culpa a la derecha, no asumen su propio conflicto con el pueblo.

No enfrentaron a los ricos sino que combatieron a los disidentes, nada los define más que eso. Y en eso, sí, Néstor fue uno de ellos.

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