— ¿Usted cree que la pobreza va a bajar en la próxima medición (dentro de 6 meses)?

— Debería bajar porque va a crecer la economía. Acá están pasando dos cosas: está bajando la inflación, en gran medida por el parate de la actividad económica, y por otro está creciendo la economía. Seguramente va a bajar la pobreza. Otra cosa es que crezca el empleo. En Argentina se necesita un crecimiento de cuatro puntos para que suba un punto el empleo.

— ¿Ese "derrame" de la economía alcanzará para reducir la pobreza estructural?

— No.  Y estamos entrando en una fase complicada, porque estamos entrando en la tercera generación de pobreza; jóvenes que no vieron a sus padres ni abuelos trabajar. Ese joven o esa joven ya es papá o mamá, sus niños serían la cuarta generación de pobreza. Casi la mitad de los niños son pobres dijo el INDEC.

Hay que diferenciar tres tipos de empleo. Uno dónde somos muy competitivos es la industria del software. Hay que darle valor agregado a la producción primaria, el mundo del conocimiento. Son los argentinos que viven en el siglo XXI. Pero hay argentinos que viven en el siglo XX, que son los que trabajan en la industria textil, en la construcción. Y también hay argentinos que viven en el siglo XIX, pibes que no tienen el secundario completo. El gran desafío es pensar el mercado de trabajo para todos los argentinos.

— Tampoco es fácil capacitar a algunos jóvenes para incorporarse al mercado de trabajo. Recorrí barrios vulnerables del Conurbano y vi que hay oferta de empleo y capacitación en oficios generada por los municipios, pero hay timidez, incluso diría desinterés por ese tipo de programas. Hay núcleos difíciles de perforar. ¿Cómo se encara eso?

— Eso es efectivamente así. Hay que hacer dos cosas. Primero, permitir que aquel que tiene un plan social pueda trabajar, que pueda tener ambas cosas. El que tiene un plan entiende que tiene algo seguro y no se va a mover si cree que puede perderlo. Por otro lado, hay mucha gente que vivió fuera del mundo del trabajo. El hecho de que la mitad de los jóvenes no tengan escuela secundaria impacta en la cultura del trabajo. Porque el que tiene que ir a la escuela tiene que levantarse temprano, peinarse, lavarse los dientes, ponerse el guardapolvo, y arma un método de vida, que le sirve para tener pareja pero también para conseguir trabajo.

Además de empalmar planes sociales y trabajo, hay que armar una red de tutores, capacitar a curas, maestros y directores de clubes de barrios para que tengan a su cargo 10 casas, a donde entren, y controlen si van a la escuela, si no van. El Estado hasta ahora distribuyó dinero, pero ahora hay que entrar a las casas.

— Ahora va a distribuir todavía más. La ministro Carolina Stanley dijo que aumentará en 30 por ciento el presupuesto para planes sociales.

— Si uno quiere hacer una pequeña historia, ve que Raúl Alfonsín con sus cajas PAN llegó a 500.000 personas, Menem la extendió con sus políticas focalizadas, De la Rúa las tercerizó con las organizaciones sociales, Duhalde llegó a 2 millones de personas con el Plan Jefas y Jefes de Hogar, Kirchner la extendió, Cristina Kirchner con la AUH llegó a 8 millones de personas y el actual gobierno la llevó a 9 millones. Esto lo que quiere decir es que tenemos un problema con el empleo y el mercado laboral, porque si cada gobierno va ampliando la transferencia de dinero y siguen los problemas sociales, hay que pensar cosas nuevas. Tenemos más programas sociales y más dificultades. El Estado fue bueno transfiriendo dinero, pero no resolviendo el problema. Hay que armar una gran red de 20 mil tutores y entrar a las casas, no de punteros. Si no hacemos eso, no vamos a resolver el problema estructural. Brasil tiene un programa que a mí me gusta que es la Bolsa Familia, hace seguimiento, fija pautas.

— Se supone que la AUH se realizó en función de eso. Las madres tenían que garantizar que fueran a la escuela y las maestras tenían que confirmar si iban o no. Ahora ya no se hace ese control para que no haya más problemas.

— Sí, pero no se hizo así. Si yo fuera director de escuela no podía cortarle algo, la verdad. La única forma es entrar a las casas. Hay que armar una gran red de entrar a las casas, con el cura, con la maestra, con el técnico del club de barrio, capacitarlos, que tengan un sueldo, establecer criterios en base a un cuerpo a cuerpo.

— ¿Cuánto tiempo se necesitará para que se logren resultados frente a la pobreza estructural?

— Diría que del 32% de la pobreza actual, hay un 25% de pobreza extrema, que viene de varias generaciones. El resto tiene que ver con la caída de la economía. Ese resto en tres años, si hay reactivación de la economía, se vuelve al 25 por ciento. Ese es un núcleo duro que en una década puede cambiar mucho. Si somos consistentes, si articulamos con el empleo, si se toma una política de Estado en serio, se puede lograr.

— ¿Cree que si no se hubieran ocultado las estadísticas, el kirchnerismo podría haber logrado mejores resultados en materia de pobreza?

— Fue una locura lo que se hizo con el Indec. Y sin duda le hizo perder la brújula al gobierno. Las estadísticas sirven para orientar políticas. El actual Gobierno puede decir vamos a encarar acá, pongamos foco en jóvenes y mujeres, en esta región peor que en la otra. El gobierno anterior decidió romper la brújula y eso le hizo no ver la realidad. Mi impresión es que perdió noción de dónde estaba parado, y más allá de que nadie en el gobierno creía que la pobreza era del 5%, no daba cuenta de la dimensión.

Hoy tenemos un Indec que trabaja bien, y eso es importante para la democracia. Seguramente más adelante tomará otros datos para medir la pobreza, pero por lo menos tenemos elementos para hacer un diagnóstico y planificar.