A Malena le avisan por teléfono que va a ser madre. Bueno, en realidad lo que le dicen es que en unas horas va a tener un hijo. Seamos precisos: lo que le informan a Malena es que la mujer embarazada con la que ella hizo un acuerdo está a punto de dar a luz en una provincia del norte de la Argentina, que allá la esperan para que se haga cargo de ese chico, lo que equivale a decir que la esperan para que se convierta en una mamá. ¿Qué es una madre? ¿Cuándo se es una madre? ¿Es posible superar todo límite ético para cumplir un deseo? Estas preguntas y muchas otras surgen durante y luego de la proyección de Una especie de familia, la nueva y conmovedora película de Diego Lerman -director de Tan de repente y La mirada invisible, entre otras películas-, que se estrena hoy en los cines y a la que le espera un intenso recorrido por varios festivales del mundo.

Malena es médica, porteña, clase media. Marcela no. Malena no parece feliz, hay faltas que duelen y traumas que no se olvidan. Marcela tampoco parece feliz, las carencias son otras. No tienen nada que ver entre ellas y, a la vez, tienen todo que ver: hay un bebé, un hijo que las une o que las separa o las enfrenta, según se vea. A ambas se las percibe ásperas, resecas. Una tiene un vientre fértil, la otra, un vientre yermo.

La escena de la salida del hospital es tensa y dramática.
La escena de la salida del hospital es tensa y dramática.

Cuando Malena -personaje protagonizado por Bárbara Lennie, una premiada actriz española, hija de argentinos- llega a Misiones, se encuentra con que las condiciones pactadas para convertir en familia al bebé recién nacido han cambiado. Un accidente inesperado es la excusa para que familiares de Marcela le pidan plata. Se trata de diez mil dólares, una cifra que aunque no es extravagante no sobra. Pero, sobre todo, no era el acuerdo al que habían arribado. Malena -un rostro hermoso y sombrío- solo quiere cumplir ciegamente con su deseo de ser madre, no quiere pagar por ese deseo, no le parece bien, no está en su horizonte. ¿Pero cómo resistirse ahora, cuando ya vio al chico, lo olió, lo tuvo en sus brazos y lo imagina propio?

La actuación de Daniel Aráoz como Costas es de altísimo nivel.
La actuación de Daniel Aráoz como Costas es de altísimo nivel.

La película arranca con imágenes de ruta, de lluvia hostil sobre los vidrios, de focos encendidos, de una mujer de camisa azul que entra y sale del auto a la manera en que seguramente entra y sale de sus ideas y sus decisiones, en la intensa conversación que mantiene consigo misma. Ya en Misiones, Malena es una extraña. Allí la mujer que busca a su bebé sigue viajando, subiendo y bajando del auto, empecinada en tener un hijo. Es una forastera de un mundo pobre que le resulta lejano. No parece ver lo que está a su alrededor, salvo a los chicos, solo ahí parece revivir.

Una escena de la filmación: las actrices y Diego Lerman, el director
Una escena de la filmación: las actrices y Diego Lerman, el director

Su contacto es Costas, el doctor Costas, encarnado por un Daniel Aráoz que recorre con el cuerpo y con la voz la paleta de matices que va desde la ferocidad a la ternura, pasando por el mayor de los cinismos. Costas es quien le avisó que en unas horas se cumpliría su sueño, el mismo que trata de convencerla de que no deje pasar ese sueño por el "capricho" de no querer pagar. Esa plata que es poco para ella lo es todo para la familia del chico que será su hijo, le dice. Estoy cansado de ver chicos que nacen con el futuro hipotecado, le dice de algún modo Costas, director del hospital y protagonista principal de la trama de compra y venta de bebés, un negocio ilegal e inescrupuloso del que participan funcionarios de la Salud y de la Justicia que, sin embargo, visto a la luz de ciertas razones prácticas, permite que en países como los nuestros muchos bebés sorteen un destino de fracaso y pobreza.

El rostro de Malena es el rostro de la desesperación.
El rostro de Malena es el rostro de la desesperación.

Si Malena es el rostro de la desesperación que bordea la locura, Marcela es el del pragmatismo de la miseria. El personaje no está representado por una actriz profesional. Yanina Ávila llegó al papel luego de una búsqueda intensa y de un casting riguroso que buscaba fundamentalmente a personas que quisieran actuar. Seis meses antes de la filmación, Ávila -que sorprende en varios momentos de la película pero fundamentalmente en la escena de la discusión de las dos mujeres en el hospital, poco antes de salir con el bebé del edificio- pasó en la vida real por una situación bastante similar a la que le tocó representar en Una especie de familia. Sus movimientos, sus gestos, su mirada de frustración resentida y doliente son profundamente conmovedores.

El actor y director teatral Claudio Tolcachir compone el personaje de Mariano, el esposo de Malena, un esposo que, en realidad, todo indica que ya dejó de ser. Una persona muy cercana, que la conoce como nadie y que busca ayudarla aunque se deja entrever que fue justamente el empecinamiento ciego de Malena por la maternidad lo que terminó de quebrar su vínculo como pareja. Mariano viaja al norte para darle apoyo moral y económico y se suma a la especial road movie dramática de la mujer, que en determinado momento vira al género policial.

¿El amor es instinto o construcción? ¿Cuánto tiene que ver la maternidad con la necesidad de cubrir un vacío personal? ¿Qué es amar a un hijo? Más preguntas que deja planteadas una película intensa y que da lugar a la discusión sobre las diferentes formas de la maternidad y sobre el negocio de las adopciones ilegales. Una película que seguramente levantará polvareda, en fina sintonía con esa tierra espesa y colorada que va quedando en el camino de la desesperación sin salida de su atribulada protagonista.

 

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