Cada vez que Marina Colasanti habla sobre el poder de la lectura, ocurre el hechizo. Sus palabras son un motor, una energía superior que conduce a los libros. No hay modo de escucharla hablar sobre el tema y no sentir la necesidad de ir en busca de historias para entretenernos, para aprender o para creer que todo es más fácil o, al menos, para sentir que la mirada y la palabra de los otros hasta pueden ayudarnos a salir de un tiempo difícil, al concentrarnos en todas esas otras vidas posibles.

Hace algunas semanas Marina Colasanti, nacida en Eritrea, África, de origen italiano pero radicada en Brasil hace muchísimos años, pasó por Buenos Aires y habló con Infobae. Durante la charla, la autora e ilustradora de tantos libros para niños y adultos, narradora y poeta, habló de la lectura en la infancia y de lo que llama la "lectura por contaminación amorosa", que radica en el amor de los adultos por la lectura y su efecto contagio en los más chicos.

-¿Por qué es importante lo que se llama promoción de la lectura?

-Cada vez que se dice "promoción de la lectura", parece que es una obligación más de la modernidad. Y no lo es: es un regalo que queremos darles a los chicos. ¿Por qué? Porque es tanto mas amplio que una pantalla de celular: es el retrato de la vida multiplicado al infinito. Cada libro es un espejo de la vida y así es como se multiplican las visiones porque son las miradas de distintos ojos, de distintos países, de distintas culturas…

-¿Es posible para alguien que no es lector enseñar a leer?

-No. Yo creo que la lectura se transmite por contaminación amorosa. Alguien que ama la lectura, que cree en la lectura y se enriqueció con ella, la transmite al otro. No creo en un docente, en un transmisor o un padre que no sea lector y que se siente al lado de un chico con un libro y lo enamore. Eso no pasa. Mi experiencia me dice que eso no ocurre.

-¿Son importantes los programas de compra de libros de los gobiernos? ¿Sirven?

-Los programas de gobierno en nuestros países se interrumpen porque cambia el gobierno y el que llega quiere borrar lo que hizo su antecesor, eso es la política de América Latina, por todas partes. Pero en cambio son siempre exitosos los proyectos de individuos enamorados que inventan un programa. Para hacerlo, sacan el dinero de la boca de las serpientes porque nunca hay plata en nuestros países, seamos honestos, no hay dinero, pero la sacan, implementan su proyecto y van con un microbus, con un barco, con un bolso lleno de libros, con un burro como en Colombia y llevan los libros a los niños. Pero claro, necesitamos contar con esos programas gubernamentales, son indispensables porque son los que alimentan las escuelas, las bibliotecas escolares, las bibliotecas populares, las salas de lectura. Se necesitan libros en nuestros países, donde no hay plata para comprarlos ni tampoco hay librerías por todas partes.

-¿Creés que los gobernantes de nuestra región realmente quieren tener pueblos ilustrados?

-Mira, el problema es que en verdad, por lo menos te digo en Brasil, en verdad no se cree hondamente, como lo creemos tú y yo, que la lectura sea una herramienta, posiblemente la principal, para el desarrollo de un país. O que la lectura debe ponerse frente al número de camas en hospitales y al cupo en las cárceles porque con lecturas disminuimos la necesidad de camas en hospitales y disminuimos el crimen, con lo cual se necesitan menos camas y menos cárceles también. En Brasil, al menos, es como si la lectura siempre fuera un lujo de las clases altas.

-¿Qué le decís a una mamá o a un papá que te pregunta cómo estimular a su hijo de 5 años en la lectura y te dicen "No soy lector, no me criaron lector, pero quiero iniciar a mi hijo en la lectura porque sé que es importante"?

-Es muy difícil porque no le puedo decir: mire, busque en internet los listados de libros de los organismos expertos; no le puedo decir que busque los libros premiados, porque es algo muy distante para esa mamá. Pero sí le puedo decir: siéntese en el borde de la cama de su hijo -si es que tiene una cama tan solo para él- y cuéntele las historias de horror y espanto que le contaba su mamá, las que conoce, las de su tradición local, la memoria del pasado. Cuéntele cómo comía cuando era niña, cómo se casaban las personas, cómo se cocinaba, dónde vivia, cómo era la casa. Cuéntele historias que sean reales porque la realidad es lo mismo que está en los libros pero escrito de otra manera. Si no tiene libros, cuéntele historias porque las historias van a conducir a su hijo hasta los libros.

-¿Pensás alguna vez en cómo te gustaría que te recuerden tus lectores?

-Me gustaría sentir que estuve próxima al afecto en la identidad de mis lectores, por lo menos de algunos. Tan cerca como una identificación. Me gustaría que pensaran de mis libros: "Esto lo escribió para mí".

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