Alberto Ure
Alberto Ure

Una muerte siempre conmociona, ya sea anunciada o existan pistas que la vuelvan inminente. Alberto Ure –uno de los grandes directores de teatro de vanguardia argentinos, aunque también autor y ensayista– falleció este jueves 18 de mayo. En los últimos tiempos su salud había empeorado, producto de un accidente cerebrovascular que tuvo en 1998 que lo había dejado en silla de ruedas. La noticia de su muerte –tenía 77 años de edad– inmediatamente se volvió un pesar no sólo entre quienes lo conocieron, sino también entre quienes lo leyeron y vieron sus obras sobre el escenario.

Dirigió decenas de piezas teatrales, entre las que se destacan Casa de muñecas, Hedda Gabler, Antígona, Diez minutos para enamorarse, Los invertidos y La familia argentina (esta última la escribió él mismo) y escribió también tres libros ensayísticos de teoría teatral: Sacate la careta, Rebeldes y exquisitos y Ponete el antifaz. Trabajó con grandes y emblemáticos actores y actrices como Cristina Banegas y formó a unos cuantos más que hoy lo consideran su maestro, como Luis Machín o José María Muscari.

Su vida y su forma de ver el teatro tuvieron obstáculos. Con el golpe de Estado de 1976 debió exiliarse en España, pero al volver, en 1981, se sumó a Teatro Abierto, un movimiento contracultural que tuvo un rol importantísimo a la hora de criticar el régimen militar que dominaba la Argentina. Esa experiencia es clave para comprender su manera de ver el arte, al igual que la censura que vivió en sus comienzos, a fines de la década del sesenta, cuando fue asistente en la obra Salvados de Edward Bond.

Alberto Ure
Alberto Ure

"Esa censura me enseñó que las escenas que más me atraían eran transgresoras y que la inteligencia teatral tenía concepciones ingenuamente liberales sobre el poder político y sobre el lugar que ocupaba el teatro en la cultura argentina, a la que no consideraban, en esos años, zona de conflicto", dijo en su libro Ponete el antifaz.

De marcada ideología política y con una responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, la de hacer del teatro un lugar de transformación, de sacudidas, de impacto, llegó a decir que "un tipo que a los 15 años no es socialista es un hijo de puta" y que "el teatro es una gran mentira, pero yo digo la verdad cuando hago teatro, que es una mentira". También: "Yo soy un artista. Lo que pasa es que es una palabra devaluada. Si vas a sacar un crédito y les decís que sos un artista, no te lo dan".

Se acaba de ir uno de los grandes directores de teatro de vanguardia argentinos, pero también un gran maestro de actores. Alguien que dejó una huella en movimiento sobre muchos artistas que hoy llevan el legado con orgullo y responsabilidad. Alguien con un sentido crítico de la vida y el arte que pocas veces se encuentra. Para muchos, un prócer de nuestro teatro moderno. Sus restos serán velados en la Casa de la Cultura.

 

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